Diferencias ante los conflictos bélicos en Ucrania entre la burguesía imperialista de Estados Unidos

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Foto de: Ctruongngoc

Por: Mop

La incursión militar rusa en Ucrania plantea nuevamente el asunto de las luchas de clases en el interior de la burguesía imperialista de Estados Unidos.

La acción de Rusia no puede interpretarse de otro modo que no sea la de ser un reto abierto a la capacidad de Estados Unidos de sostener su predominio hegemónico sobre el sistema capitalista mundial.

En condiciones “normales”, un reto como ése hubiera suscitado una respuesta unitaria de todos los sectores de la clase dominante. En su lugar, se nos presenta un espectáculo inusitado en el cual los cabecillas y portavoces de la facción de ultraderecha de la burguesía imperialista —se le ha llamado la facción “autoritaria”—  cualifica la ofensiva rusa de “genial”, y simultáneamente se refiere a las medidas promulgadas por el Gobierno de Estados Unidos como patéticamente débiles, incapaces de ponerle freno a la arrolladora operación rusa.

Pero no vivimos en condiciones “normales”. Desde hace más de una década, la economía de Estados Unidos se encuentra herida, estancada en niveles insuficientes de acumulación que limitan su capacidad de proyectar influencia y poderío a través de todo el sistema.

La facción “constitucionalista” y la facción “insurgente”

La facción más adherida a las estructuras del poder es la que promueve la permanencia del orden constitucional y el apego a las tradiciones que protegen la transición pacífica del poder del Estado de una facción a la otra.

La facción “constitucionalista” ha sabido descartar sus propias reglas de juego cuando le conviene, como en la ocasión en que la camarilla de los Kennedy le robó en 1960 las elecciones a Richard Nixon y al Partido Republicano. Pero ha sido capaz de emplear exitosamente la mitología constitucionalista para prevalecer, con algunas interrupciones, como la fuerza política principal desde la época de Franklin Delano Roosevelt y su Nuevo Trato.

Se le opone, en este sentido político del antagonismo faccional el sector que puede considerarse “insurgente” en cuanto tiene en su agenda política el desmantelamiento del status quo “constitucionalista”, que favorece a la facción rival.

La facción “insurgente” favorece el uso de la fuerza, política o de cualquier índole, por sobre el ordenamiento constitucional. En ese sentido se trata de una facción de inclinación ultraderechista.

Las facciones de la burguesía imperialista ante el desgaste económico de Estados Unidos

Llegando al contexto del estancamiento económico que se experimenta en Estados Unidos, se le identifica a la facción “constitucionalista” con políticas y programas de carácter reformista, por así decirlo, con extesiones (raquíticas) programáticas de las políticas del Nuevo Trato. La facción “insurgente”, por su lado, impondría un orden social económico en el que se colocaría el interés corporativo sobre cualquier otra consideración, en especial, sobre las consideraciones laborales.

Se trata de una lucha que se extiende desde la Gran Depresión de hace ya casi un siglo. Roosevelt llegó a amasar una coalición electoral policlacista y ampliamente mayoritaria. Ese poder le permitió lanzar un proyecto de reestructuración económica que desactivó el impulso revolucionario de amplios sectores de la sociedad a cambio de concesiones reales a la clase trabajadora.

Puede entenderse, en aquel momento, de un triunfo de la facción “constitucionalista – reformista” de la burguesía imperialista que integró de lleno a la clase trabajadora a su gran coalición y arrinconó a las corporaciones a aceptar una reducción en sus tasas de ganancias para pagar por “la paz industrial”.

Los oligarcas corporativas contraatacaron con una conspiración insurreccional de un golpe de estado militar que no se materializó cuando un General de la Infantería de Marina, reclutado por los líderes corporativos que encabezaron la planificación (y los pasos iniciales) del golpe, hizo pública toda la conspiración, que tuvo que ser abortada.

La facción “Insurreccional” de la burguesía se lanzó una vez más a la confrontación “anti constitucionalista” cuando lanzó el 6 de enero de 2021 a sus cuadros fascistas a un asalto al Capitolio Federal con el fin de impedir la certficación como Presidente del “socialista” Joe Biden.

Estados Unidos y sus rivales en 2022

Su salida descompuesta y desorganizada del teatro de guerra en Afganistán fue una señal inequívoca, no tanto de la incompetencia personal de Biden, como de  la incapacidad de las facciones de la burguesía imperialista de actuar en concierto para atender, en primer lugar, la crisis económica persistente y en consecuencia, la erosión de la posición hegemónica de Estados Unidos en el sistema mundial.

La debacle en Afganistán que, en su momento, aceleró la desintegración de la Unión Soviética, irónicamente, le rebotó décadas más tarde a Estados Unidos. La manera desastroza en que Estados Unidos Unidos huyó de Afganistán fue el clarín con que Vladimir Putin convocó a asus generales para planificar la campaña en contra de Ucrania y la OTAN.

Las facciones de la burguesía imperialista de Estados Unidos ante su desgaste económico

De cualquier manera, cada una de las facciones se mantiene agrupada en torno al asunto medular de cómo salir del prolongado estancamiento económico.
A pesar que existe mucha fluidez en la cristalización final de las facciones que luchan entre sí por darle forma a un nuevo esquema de apropiación del plusvalor y de acumulación de capital, se perfilan ya algunas formaciones definidas.
La facción reformista entiende que la debilidad económica principal del sistema, la razón por la que no logra extraerse de su estancamiento, consiste en que ha generado y continúa generando abismales desigualdades en la distribución de riquezas, de ingresos y de oportunidades de progreso económico y social.
El resultado es que la sociedad se está estratificando en una clase ínfimamente minoritaria, descomunalmente rica y poderosa, en un extremo y en el otro extremo, una masa abultada en los niveles inferiores de la pirámide social, que vive para trabajar y producir para otros y reproducirse en más seres humanos, como él o ella, desprovistos de medios y oportunidades de progreso y desarrollo humano. Lo peor de todo es que se trata de un patrón de estratificación social cada vez más permanente y de condición hereditaria.
Un reducido apéndice de la estructura de clases lo constituye una pequeña formación integrada por sectores gerenciales, profesionales dedicados a funciones especializadas dentro del régimen de acumulación, así como pequeños empresarios, a quienes se les permite un mayor acceso a los ingresos que a la masa trabajadora, pero considerablemente menores a los que se apropian los que habitan las cumbres de la pirámide de apropiación del plusvalor y la acumulación capitalista.

Estas desigualdades, además de anular las lealtades de la inmensa mayoría postergada, ocasiona también la debilidad objetiva de reducir la capacidad social de consumir las mercancías lanzadas al mercado. En consecuencia, se reduce la velocidad de la realización del plusvalor producido, con el efecto destructivo de la desvalorización del capital en circulación.

La facción reformista propone un programa abarcador de distribución de riquezas, ingresos y oportunidades que “nivelen” las condiciones de vida en toda la sociedad (y aceleren los procesos de realización, en dinero, del plusvalor producido y la acumulación expandida del capital).

Los mecanismos propuestos reducirían parcialmente la apropiación del plusvalor por parte de la oligarquía capitalista y distribuiría en alguna medida las fabulosas acumulaciones de capital mediante la revocación de los estatutos tributarios de Donald Trump y la reinstalación de un sistema “progresivo” de tributos sobre los ingresos y sobre las acumulaciones.

«¡Socialismo!, gritan los defensores del dios de la propiedad privada, según se movilizan para derrotar la facción constitucional / reformista de la burguesía imperialista»

El asalto fascista al Capitolio Federal fue un anticipo a las confrontaciones que se avecinan.

Un resultado inevitable de estas luchas será el envalentonamiento de los rivales de Estados Unidos y las inevitables aventuras bélicas de Rusia en su frontera con Europa (y su militarización del Ártico) y de China en torno a Taiwán y sus mares vecinos, así como sus aventuras imperialistas en África, América Latina y (muy significativo para los puertorriqueños) en Centroamérica y el Caribe.

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