Notas previas sobre la Lucha de clases en Estados Unidos

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Foto muestra bandera americana junto a bandera asociada a movimientos libertarios durante el ataque al capitolio el 6 de Junio.
Foto de: TTFA

Notas previas sobre la Lucha de clases en Estados Unidos

Por: MOP

En este breve escrito se trata de analizar las luchas de clases dentro de dos sectores de la burguesía imperialista, una lucha intraclasista por el poder en un momento de erosión de la hegemonía de Estados Unidos sobre el sistema capitalista mundial y el agravamiento de una crisis persistente de ese sistema. Por el momento, se ponen a un lado las múltiples y complejas luchas que la burguesía imperialista de Estados Unidos sostiene con otras clases en esa sociedad, que inevitablemente se manifestarán con fuerza según se agraven las contradicciones sistémicas.

Ambos sectores de la burguesía contienen elementos plutocráticos. Tanto en 1929, como en 2009, la burguesía imperialista persigue una de dos salidas a la crisis persistente, con uno de dos programas de acción política: el que adopta el método reformista, que intenta preservar el modo «constitucional» de imponer su dictadura de clase y el método autoritario, de corte fascista, que integraría a las fuerzas armadas en un programa de reordenamiento económico, político y social antes de que la crisis se agrave.

La lucha de clases en USA

Diferentes facciones de la burguesía en Estados Unidos se regatean el poder económico y político.

Aquí vale la pena repetir lo que ya se señaló en el Dieciocho Brumerio, al efecto de que la Historia se repite, aunque se alternen las formas, primero de la Tragedia y luego de la Comedia.

En 1929, doce años después del triunfo de la Revolución Soviética, se le desplomó el piso al capitalismo. Para 1936, las diferencias fundamentales sobre cómo sostener la dictadura de clase de la burguesía sobre toda la sociedad, dividió esa clase en dos campos claramente demarcados y contradictorios.

Cuando Roosevelt decretó e 1933 una moratoria de las exportaciones de oro, el, sector plutocrático de la burguesía lo tomó como un paso hacia la ampliación y consolidación de los programas reformistas del Nuevo Trato. Este sector ya tildaba esas reformas de «socialistas», en el mejor de los casos y de «comunistas» y de «bolcheviques», cuando le atacaba el pánico.

Todos los dólares impresos por el Gobierno de Roosevelt podrían financiar la transformación económica, política y social de Estados Unidos sin necesitar el oro de los caudales de la plutocracia.

El sector plutocrático inmediatamente comenzó a fraguar un plan de implantar un frente anticomunista, anti reformista, que preservara, sin compartirlo, todo el poder económico y político de la plutocracia corporativa sobre la sociedad. Fraguó un complot para eliminar a Roosevelt y su camarilla reformista e instalar en Estados Unidos un poder central de corte fascista, respaldado por casi medio millón de veteranos de la Gran Guerra Imperialista, que resolvería, de una vez y por todas, la ascendencia de un movimiento obrero radical.

El complot fracasó, y aunque los Ford, los DuPont, los Rockefeller y los Pew y todos los plutócratas que suscribieron y financiaron la fundación del American Liberty League, nunca pagaron las consecuencias, el sector reformista de la burguesía manejó el poder hasta casi treinta años más tarde. La muerte a tiros de muchos de sus líderes cambió el escenario político hasta que, finalmente, se logró arrinconar el sector reformista comenzando con la elección de Richard Millhouse Nixon a la presidencia.

Nixon, dicho sea de paso, destrozó electoralmente al candidato del sector reformista en las elecciones para sy segundo término. Vale la pena recordar también que el sector reformista de la burguesía logró reagruparse y acorralar a Nixon en unos procesos de residenciamiento que lo llevaron a renunciar, habiendo negociado un perdón presidencial de su sucesor.

Realmente la lucha de clases entre esos dos sectores antagónicos no se ha resuelto definitivamente. El asalto al Capitolio en Washington, D.C. es sólo una muestra de que esa contradicción fundamental no se ha resuelto. Realmente, continúa profundizándose y agudizándose, en ocasiones exhibiendo claros atributos fascistas, al integrar masas populares a las fuerzas anti reformistas.

Estos desarrollos deben conducirnos a los comunistas en Puerto Rico y en la diáspora a estudiar y debatir los sucesos actuales en Puerto Rico, Estados Unidos y el mundo entero… antes de que se nos escape el momento.

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