La lucha de clases en Estados Unidos – 2

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Por: Mop

El conflicto político para la burguesía imperialista de Estados Unidos se manifiesta principalmente en la contradicción antagónica entre sus intereses financieros y los intereses económicos, políticos y sociales, intermediarios y a largo plazo, del proletariado y todos los asalariados.

Durante los últimos cuarenta y pico de años, la burguesía imperialista de Estados Unidos ha buscado salir de su estancamiento económico asfixiante mediante la estructuración de un nuevo régimen de explotación que obligue a las burguesías subsidiarias de los países subordinados a subscribirse a la libre circulación transnacional de capitales (aunque no de fuerzas de trabajo) de modo que el capital financiero (principalmente establecido en Wall Street) pueda canalizar sus inversiones allí donde éstas puedan acceder a las tasas de plusvalor más elevadas.

Esta movilidad de las inversiones allí donde las tasas de explotación sean más favorables para la burguesía imperialista ha tenido efectos depresivos para un conjunto de clases en los países industrializados, efectos particularmente caóticos para las clases trabajadoras, que ahora tienen que competir por el «privilegio» de ser súper explotadas por el capital transnacional, con otros proletarios de diversos países, donde en muchos casos, el valor de la fuerza de trabajo se negocia a una minúscula fracción de la que se había establecido en Estados Unidos.

La clase trabajadora, sin embargo, no ha sido la única clase atropellada en esta ofensiva de la burguesía imperialista. Los bancos de Wall Street idearon un nuevo y más eficiente mecanismo para succionar el capital variable que los trabajadores reciben en forma de salarios: las enormes megatiendas donde la clase trabajadora gasta esos salarios para adquirir las mercancías que le sirvan de sustento familiar, mercancías que, en cantidades crecientes, ahora se fabrican en el «exterior».

Hasta hace unas décadas, ese capital variable sostenía una economía local de negocios de la pequeña burguesía que brindaban viabilidad económica a las comunidades pequeñas y medianas de «Middle América». Los mega emporios y las enormes cadenas como Starbucks, también conectadas directamente a Wall Street, le han succionado la vitalidad de esas comunidades, que ahora se desintegran en arrabales dilapidados de los pequeños y medianos centros urbanos.

Esta circulación del capital variable ahora se canaliza directamente de los depósitos de los mega emporios hacia el capital financiero establecido en nódulos del sistema de valores como Wall Street.

Algunos sectores de las burguesías locales como, por ejemplo, las empresas agrícolas, granjeras y ganaderas, también amenazadas por la competencia de importaciones de bajo costo, mercancías agroindustriales que, en este régimen de eliminación de barreras al «libre movimiento de los capitales» —en sus formas de capital en dinero; capital en mercancías; etc., penetran torrencialmente por las fronteras nacionales. Ahora, estos sectores de las burguesías ven sus mercados inundados de mercancías producidas a costos inferiores por competidores establecidos en China, México, o en Bangladesh (y etc., etc.).

En este nuevo régimen, las ganancias realizadas en las megatiendas (algunas de las cuales tienen sus propias fábricas en países «extranjeros» de bajo costo) fluyen hacia los bancos de Wall Street, los depósitos finales de la circulación transnacional de los ciclos del capital en el nuevo régimen de la burguesía imperialista.

Además de la contradicción antagónica entre el capital imperialista y el proletariado de Estados Unidos, la pequeña burguesía y los pequeños propietarios en general, así como sectores considerables de la burguesía local y sus empresas «nacionales» se encuentran en contradicción, crecientemente antagónica, con la dictadura de la burguesía imperialista. Sólo los mantiene inestablemente unidos en su sometimiento al orden establecido por la burguesía imperialista, su profundo pánico al espectro que se cierne sobre Estados Unidos y sobre todo el sistema mundial capitalista —el espectro de la revolución comunista.

Ése es el motivo por el cual las luchas subterráneas entre los diferentes sectores de la burguesía comienzan a salir a flote. El «nuevo orden» impuesto por la burguesía imperialista pone en peligro todo el orden anterior de acumulación que había «funcionado» tan bien por décadas.

Un sector de la burguesía persigue un nuevo equilibrio balanceando los intereses de acumulación de todos los sectores de la burguesía, reformando el estado actual de las cosas y presentándole concesiones a todas las clases sometidas a su dictadura de clase, incluyendo a la clase trabajadora.

Otro sector de la burguesía prefiere poner la casa en orden mediante la imposición por la fuerza, policiaca o militar, bajo las órdenes de un Comandante en Jefe que no se deje acorralar por los que buscan, más tímidamente, una solución de reformas económicas, políticas y sociales.

En medio de estos titánicos antagonismos históricos, los comunistas en Puerto Rico, una vez logremos equiparnos del legado revolucionario y científico de quienes sembraron el socialismo científico, estamos obligados a comenzar la compleja y difícil tarea de organizar y consolidar un brazo de lucha, militante y disciplinado, de la clase trabajadora.

Tenemos por delante la urgente e impostergable tarea de la formación de cuadros comunistas, procedentes, principalmente, de las filas de las clases trabajadoras, además de los desprendimientos de otras clases, seriamente amenazadas, que vayan abrazándose a la lucha, necesaria e inevitable, por derrotar la dictadura de la burguesía imperialista.

Todos los/las comunistas debemos enlistarnos en ese ejército de liberación internacionalista, consecuente y disciplinado, de objetivos, a mediano plazo, de promover proyectos no utópicos que vayan abriendo el terreno para la organización de hombres y mujeres apoderadas en común, de los medios sociales de producción y circulación.

Es un sendero que, parafraseando a Marx, tiene que vencer los obstáculos de un camino escarpado, pero que la perseverancia se ve premiada al alcanzar las cumbres luminosas del comunismo.

Aquí se trata, como instruía Federico Engels, de guerrear hasta disparar el último cartucho.

Es eso o la destrucción del planeta y la extinción de la especie humana.

Recordando a Rosa Luxemburgo:

Comunismo o barbarie…

 

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