“¿Qué será de mi Borinquen cuando llegue el temporal?”

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Por Ciba Amankaya, ella

El trasfondo

La plena afroboricua, como expresión cultural popular, fue muy eficiente capturando la ansiedad e incertidumbre producidas por un fenómeno natural tan común y persistente en el Caribe como son los huracanes. Esa ansiedad se exarcerba hoy cuando enfocamos la pregunta al actual contexto de las comunidades afectadas por los terremotos: ¿Qué será del suroeste cuando llegue el temporal? El gobierno colonial de Puerto Rico se aprovecha del Sistema de Salud (o —de manera más precisa— el Sistema de Enfermedad) en crisis, la cual es agudizada por la pandemia de COVID-19, para dejar a su suerte a las familias desplazadas por los terremotos ocurridos en el suroeste de la Isla. En tiempos de terremotos y pandemia, las administraciones marioneta de la Junta de Control Fiscal (aka Junta de Wall Street) impuesta por el imperio estadounidense, han demostrado nuevamente que no tienen la capacidad para manejar los recursos producidos por la clase trabajadora de manera dignificante para nosotras. Una vez más, nos roban cada aliento mientras la clase trabajadora nos vemos restringida de nuestros derechos sociales adquiridos para organizarnos y repudiar la negligencia y corrupción responsables de ya suficientes muertes. A esto se suma la invisibilidad y el olvido al que condenó la prensa clasista a las comunidades del sur. La negligencia total del gobierno colonial ante el paso del huracán María en el 2017, nos enseñó las virtudes y la necesidad de activarnos en solidaridad e interdependencia. Ante este reconocimiento, la segunda semana de mayo algunas personas de un grupo comunitario tomamos todas las medidas de precaución necesarias y sugeridas para visitar físicamente y llevar suministros a las comunidades del suroeste donde —en práctica de solidaridad y apoyo mutuo— nos invertimos durante los temblores a inicios del 2020.

El problema

En las montañas de Maricao quedan familias viviendo en carpas y casetas, campamentos más o menos improvisados en sus pedacitos de patio. Ahí pudimos reencontrarnos con cinco familias, quienes nos contaron cómo el alcalde, el deshonorable Gilberto Pérez Valentín, se ha hecho de la vista larga ante sus promesas, cómo ignora llamadas y mensajes, fabrica excusas y tapes sin remordimiento. Nos explicaron por qué entienden que se han desviado, malgastado o estancado los fondos públicos obtenidos por este municipio para apoyar la recuperación de las familias desplazadas de sus casas, ahora destruídas o estructuralmente comprometidas. La promesa fue materiales de construcción y mano de obra para reparar, reconstruir y construir las casas, según la necesidad de cada familia desplazada (supuestamente). La excusa ahora es la pandemia. Es indignante que el gobierno colonial decide abrir los centros comerciales, exponiéndonos a las trabajadoras para mantener a flote la empresa privada, pero mantienen cerradas las oficinas gubernamentales para hacer el trabajo de gestión pública que les toca. Por otro lado, entendimos cómo en Maricao también operan desde la conducta corrupta del panismo; el amiguismo que hace de las personas allegadas al alcalde quienes se beneficien de los recursos primero. Supimos de una familia que pasó más de dos años esperando por la palabra del alcalde para construirles una casa, luego de haber sido destruída por el huracán María. DOS AÑOS sin un lugar estable ni seguro. Esta es la condena a la que han sometido a otras miles de trabajadoras desplazadas por el huracán y ahora por los terremotos.

Reguero de bloques abandonados hace meses por el municipio de Maricao frente a parcela de una familia desplazada. Foto tomada el 12 de mayo de 2020 por Ciba Amankaya.

Hace unos meses el municipio les dejó tirados como basura una montaña de bloques, aleatoriamente, en la entrada de la parcela a una de las familias desplazadas. El municipio opera sin fecha de seguimiento, sin un listado de materiales, sin un plan de construcción, sin brindar a las familias refugio temporero seguro para enfrentar la temporada de huracanes. Los gobiernos burro-cráticos dejan a la merced del desespero y la necesidad a nuestras familias. A las adultas, envejecientes, madres y sus crías, nos empujan a recurrir a construcciones improvisadas o permanecer en carpas y estructuras inseguras, en la imposibilidad de acceder a recursos humanos y materiales adecuados para construir nuevas estructuras. Al sol de hoy, el alcalde de Maricao sigue negando la responsabilidad de responder eficazmente ante sus contribuyentes. Entendimos que el alcalde tiene su prioridad donde tiene sus intereses personales, los cuales no corresponden con las verdaderas necesidades de las comunidades. Recientemente, el periodista León Fiscalizador publicó un vídeo del contenido de unos vagones abandonados en un parque municipal de Maricao (https://www.facebook.com/watch/?v=492162324828130). A partir del minuto 31 del vídeo se observa cómo el deshonorable Pérez Valentín niega ser el alcalde y se hace pasar por un empleado municipal. Quien no debe, no teme. El alcalde sabe que le debe mucho a las familias de Maricao. Al sol de hoy, dos de las cinco familias que visitamos están bajo carpas, mientras que las otras tres permanecen alojadas en sus estructuras comprometidas.

Dos familias se refugian en esta parcela luego de haber cerrado el espacio de la iglesia que servía como refugio comunal en Maricao. Foto tomada el 12 de mayo de 2020 por Mel Ortiz Nazario.

También visitamos los espacios que llegaron a funcionar como campamentos en Guánica, abarrotados de personas desplazadas luego de los terremotos. Oasis, La Luna, Santa Juanita, son solo algunos. Todos estos espacios se encuentran ahora desolados. ¿Dónde están las cientos de familias desplazadas a casetas y carpas durante los últimos meses? Aprendimos que regresaron a vivir a estructuras vulnerables, recurrieron a montar campamentos en los patios de sus casas destruídas, o huyeron del país, exiliadas. Observamos gente residiendo en estructuras de hormigón, balanceándose sobre lo que les queda de columna y viga. Al sol de hoy, el municipio de Guánica, bajo el comando negligente de Santos “Papichy” Seda, ha desintegrado todos los refugios comunales que habíamos visitado en el pasado excepto el de La Luna. Ahí nos recibieron las personas que valientemente se resisten a desalojar el parque de pelota. Nos contaron sobre la persecusión que sufren por parte de la administración de Papichy para sacarlos del parque (espacio público), sin ofrecer ninguna alternativa viable de vivienda a las guaniqueñas desplazadas. Ante este panorama, le pregunté a las refugiadas en La Luna cómo se sostienen en estos tiempos de pandemia. Contestó: “gracias a grupos comunitarios como ustedes; el alcalde no ha venido ni a dejar una botella de agua”. La gente sigue viviendo en las mismas condiciones de desastre que vivían en los refugios comunales y municipales que acapararon el lente mediático a inicios de año. Solo que ahora están escondidas, fuera del ojo público, están desplazadas en sus propios hogares.

Casa de hormigón sobre columnas sostenida por refuerzos metálicos para retardar su colapso en Guánica. Foto tomada el 13 de mayo de 2020 por Mel Ortiz Nazario.

Las personas desplazadas quieren regresar a sus casas. Algunas ya llevan cinco meses viviendo en carpas. Muchas tienen necesidad de atención médica y medicamentos. Ante la actual crisis de salud pública, la mayor parte de estas familias no han tenido acceso al derecho a desempleo, cupones o seguro médico. Además, están desprovistas de materiales de prevención de contagio para la pandemia. Retamos a los alcaldes de Maricao y Guánica a que cedan el espacio en sus hogares para las familias afectadas. Que se muden a los campamentos improvisados a los que han obligado a decenas de familias a vivir durante cinco tediosos meses. Sino, mínimamemente deben obligar a los propietarios ausentistas de esas comunidades, que mantienen propiedad privada en perfecto estado estructural, a cederlas como refugio temporero para estas familias. Que activen los recursos existentes y necesarios para atender el desplazamiento, proporcionando opciones seguras y dignas de vivienda. Exigimos que usen nuestro dinero apropiadamente, proveyendo personal capacitado para diseñar y supervisar la construcción y reparación de estructuras. Que provean los materiales adecuados para este trabajo. Que les brinden a las desplazadas acceso inmediato a servicios de salud y apoyo emocional para manejar los traumas que llevan acumulando a causa de la negligencia gubernamental. Ante la temporada de huracanes que se avecina, “¿qué será de mi Borinquen cuando llegue el temporal?”

Parte del campamento en La Luna, donde aún se alojan temporeramente 12 personas. Guánica el 13 de mayo 2020. Foto por L’orangelis Thomas Negrón.

La explicación

Corroboramos que la precariedad viene desde antes de María, que se exacerba a medida que todas las capas oportunistas de este gobierno colonial sacan partido de cada crisis que provocan. El sistema capitalista proporciona el ambiente social para que la corrupción ocurra en todas las capas de gobierno. El imperio estadounidense con su Junta, la administración colonial al mando de Wanda y la gerencia municipal a cargo de alcaldes de palito como Gilberto y Papichy, son maestras y diseñadores de la corrupción. ¿Dónde está el dinero para reconstruir y proveer vivienda digna a las comunidades del suroeste? Ciertamente, está en los bolsillos sin fondo de la Junta de Wall Street, de los bonistas, de Wanda, los alcaldes y sus panas, que están guisando mientras nosotras vivimos una realidad repleta de incertidumbres e inseguridad. Nos someten un gobierno y un sistema (i)legal de explotación y coloniaje, que acoge la inacción y promueve el sabotaje a las necesidades apremiantes de la clase trabajadora. Nos someten a la desnutrición, a la enfermedad, al desempleo, a falta de educación de calidad, a la falta de techos seguros… Para estos mequetrefes no hay solidaridad ni dignididad que valga, sus prioridades no son las nuestras. NO representan los intereses de la mayor parte de la población, que somos la clase trabajadora.

¿Quiénes somos las trabajadoras? Somos las personas que vendemos nuestras cuerpas, conocimientos y tiempo en forma servicios o productos a cambio de un salario o una compensación económica. Esta compensación es injusta, y no representa el valor de nuestro trabajo, sino migajas de las riquezas que producimos con nuestra mano de obra y nuestros servicios. Nuestros ingresos son apenas suficiente para reproducir la vida cotidiana, ya que hemos sido despojadas de los recursos para planificar y sostenernos en el futuro. Esto se debe a que las riquezas son producidas socialmente, mientras que son apropiadas por un puñado de parásitos que monopolizan los medios de producción. En este contexto, los parásitos son parte del gobierno colonial, que responde a los intereses de la clase capitalista, la minoría que acapara las riquezas a costa de austeridad y miseria para la mayoría. Este sistema de ultraje y de impunidad no nos funciona. Esta pseudo-democracia incapaz no nos funciona.

La solución

Es importante reconocer que la sociedad la movemos y la sostenemos todos los sectores de la clase trabajadora. Ante la postura de apatía y austeridad del gobierno y sus líderes ausentes, la clase obrera debemos organizarnos para obligar al Estado a dirigir nuestros recursos hacia la provisión de viviendas seguras en el suroeste. Obligarles a cumplir o a renunciar. Una y otra vez dejan ver que son incapaces de manejar nuestros recursos. Es por eso que debemos organizarnos políticamente en todos los centros de trabajo y agrupaciones de base comunitaria. Estructurar y dirigir nuestra fuerza masiva a través del Partido de la Clase Obrera. Ante la tiranía colonial y capitalista, extendemos un llamado a la clase obrera en Borinquen a  planificar y autogestionar la reconstrucción de nuestras comunidades. Asimismo, debemos tomar control de los espacios abandonados que sirvan de refugio, como una gesta de redistribución de los recursos que se nos han robado, y de los bienes sociales de los cuales se nos ha excluido. El derecho a la vivienda, al igual que el acceso a la educación, alimentos sanos, salud y trabajo dignos, es fundamental. Necesitamos estructuras organizativas solidarias dirigidas por la clase obrera. Participación y acción reales. Una vez más, la vida nos presenta una oportunidad de inflexión, donde la clase trabajadora reconoce su poder y lo toma.

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