La pugna interna del PNP y nuestras tareas en la actual coyuntura

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Foto: Twitter @MarthaMariposa05

Por Carlos Borrero

La renuencia de Wanda Vázquez a asumir el papel de gobernadora, debido indudablemente a la ola de masivas protestas que provocaría, es otro reflejo de la crisis política que aflige a la colonia.  Los rumores acerca de las luchas internas dentro de la PNP abundan.  Ninguno de los principales contendientes, Thomas Rivera Schatz, Jenniffer González, Pedro Pierluisi o Ramón Luis Rivera Cruz puede ofrecer a las masas una alternativa progresista o incluso garantizar a la clase capitalista un mínimo de estabilidad política.  La ascensión de cualquiera de ellos a la gobernación, además de provocar el repudio de las masas, desenmascararía el abandono de incluso las pretensiones vacuas de la defensa de los principios democráticos de la clase capitalista en la colonia.

Al mismo tiempo, la actual crisis política se está utilizando para allanar el camino para la imposición de una dictadura desnuda.  Hasta ahora, la junta ha tenido que obtener el aval legislativo para las medidas reaccionarias que impulsa.  La delicada danza entre la junta y la administración colonial ha permitido a los politiqueros del patio cierta “cobertura política” con la que intentan hacerse pasar por oponentes de Jaresko y Carrión mientras cumplen con todos los dictados de Wall Street articulados a través de la misma junta.  Esta coincidencia de intereses fundamentales muy a menudo se ve ensombrecida por los conflictos entre todas las partes por el control del reparto del bizcocho, además de otras tensiones relacionadas a las consideraciones electorales de los políticos del patio y las tácticas que se usan para implementar el plan fiscal.  Tal fue el caso con la pugna entre Ricky y la junta sobre el recorte de las pensiones cuando el primero abogaba por otra línea de ataque contra los trabajadores.

Vale destacar que tanto González como Pierluisi son elementos profundamente comprometidos con el partido republicano en EEUU.  Ramón Luis Rivera Cruz y Rivera Schatz, también republicano, aunque no ostentan vínculos tan profundos con el establecimiento político en EEUU, sí son viejos baluartes de la maquinaria partidista en Puerto Rico.

Significativamente, en la tarde de ayer (lunes) varios medios en la colonia empezaron a destacar el probable nombramiento de Thomas Rivera Schatz para el puesto de secretario de Estado antes del 2 de agosto para que pueda sustituir a Rosselló una vez entre en vigor su dimisión.  Aparte de sus recientes maniobras de entre los alcaldes y legisladores del PNP, además de los esfuerzos exitosos para asegurarse el endoso de la policía, Schatz ha acumulado un alto grado de poder desde su silla presidencial en el Senado.  La elevación de Rivera Schatz a la gobernación resaltaría tal vez más que cualquier otro de los canallas en la contienda la preservación de todas las estructuras corroídas de la maquinaria partidista en la colonia.  Como ‘senador por acumulación’, Rivera Schatz es una creatura de ese aparato partidista que promueve el ‘voto íntegro’ y ciego que crecientes sectores de las masas han empezado a cuestionar. 

En el caso particular de Rivera Schatz, de lograr sustituir a Rosselló, éste no solamente contaría con el apoyo del fundamentalismo religioso y la policía, sectores cuyo respaldo ha cultivado durante años, sino también el de varios líderes sindicales.  Desde Abayarde Rojo hemos denunciado varias instancias en que burócratas sindicales como Aida Díaz, et al. se han reunido a puertas cerradas y a espaldas de sus matrículas con Rivera Schatz para llegar a acuerdos secretos.  La ascensión de Rivera Schatz a la gobernación en particular plantearía la necesidad de redoblar nuestros esfuerzos para desenmascarar ante los trabajadores el oportunismo de la alta burocracia sindical.

Si bien las negociaciones tras bastidores y maquinaciones de rivales dentro del mismo PNP resaltan su bancarrota política y moral, también es cierto que la llamada ‘oposición’ PPD no queda muy atrás.  Incapaz de movilizar a las masas en base a un llamado a defender los más elementales principios democráticos o la transparencia gubernamental, y mucho menos una agenda política progresista propiamente suya, el liderato del PPD ha permanecido callado, excepto unas sandeces del Aníbal José Torres.  Solo una pequeña sección disidente, encabezada por Carmen Yulín Cruz ha intentado proponer algunas reformas políticas (por ej. referéndums revocatorios, campañas financiadas enteramente con fondos públicos) con el claro objetivo de restaurar fe en las instituciones partidistas existentes. 

Los sectores más progresistas de la sociedad, particularmente los socialistas y comunistas, también planteamos una serie de reformas políticas necesarias ante la actual coyuntura.  A diferencia de los planteamientos de los liberales, nuestros planteamientos no tienen como objetivo restaurar la fe de las masas en las viejas instituciones políticas de la colonia para así reforzar el dominio de los capitalistas.  Al contrario, las reformas incluidas como parte de nuestras propuestas programáticas se distinguen por apuntar hacia una ruptura total con las estructuras partidistas existentes en la colonia además de un reto al Estado mediante la ampliación de la democracia más allá de los parámetros aceptables para los capitalistas y sus defensores políticos.

Ante la real amenaza de un marcado giro hacia la derecha que ofrecen todas las alternativas que proponen los capitalistas, entendemos que la tarea principal del momento es fomentar la auto organización de las masas trabajadoras en nuevas instancias de lucha.

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