Algunas consideraciones sobre los métodos capitalistas para descarrilar un movimiento de masas

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Luego del masivo despliegue de repudio al gobierno de Ricky Rosselló en la autopista Expreso Las Américas este lunes, los ojos del mundo están fijos en Puerto Rico.  Además del mar de 500.000 personas que ocupaba los dos lados del tramo que atraviesa el sector capitalino de Hato Rey hubo decenas de miles de personas que manifestaron en otros pueblos de Puerto Rico.  A estas marchas les siguieron horas de intensos combates callejeros la noche del lunes entre grupos de manifestantes que se habían desplazado al Viejo San Juan.  Estos manifestantes, en su mayoría jóvenes de extracción proletaria, desafiaron las granadas de balines y gas lacrimógeno de la policía para exigir la inmediata destitución del gobernador frente a su residencia oficial.  Como demuestran las redes, se han pautado más manifestaciones de todos los sectores de la sociedad y en todas partes de Puerto Rico durante el resto de la semana.

La clase capitalista y sus estrategas comprenden muy bien el significado de estas manifestaciones.  Siendo Puerto Rico una colonia de EEUU, lo ocurrido no sólo ha sacudido los cimientos del aparato estatal colonial en el archipiélago sino también ha tenido fuertes repercusiones en la metrópolis y todos los demás centros del capitalismo a través del mundo. 

Lo que temen los defensores del capitalismo no es solamente que se organicen manifestaciones políticas similares sino que este tipo de despliegue de ira popular se convierta en un movimiento organizado y sostenido en abierta oposición al capitalismo mismo.

Precisamente por eso los estrategas capitalistas, además de sus métodos tradicionales de desatar la represión física, están llevando a cabo una campaña multifacética de desorientación con el objetivo de domesticar el descontento popular masivo. 

Entre los métodos que se están usando se destaca la movilización de los medios oficiales para resaltar el aspecto de corrupción y la mala gobernanza enfocando la atención en Rosselló como individuo.  Sin embargo, la abrumadora mayoría de la población ya ha llegado a la evaluación correcta de que la corrupción rampante e impune que ha caracterizado el gobierno colonial no se limita ni a los individuos ni a uno u otro de los partidos oficiales defensores del capitalismo. 

Los sectores más políticamente conscientes de las masas reconocen cada vez más que el capitalismo y la corrupción gubernamental son dos caras de una misma moneda.  En el caso particular de Puerto Rico, muy bien se sabe que la llamada oposición PPD tiene una historia de corrupción aun más larga que el gobernante PNP. 

Otro método desorientador que se está empleando es el definir el movimiento de descontento masivo en términos de una renuncia “ordenada” o el llamado residenciamiento.  Ambos procesos confiarían al establecimiento político colonial la solución de la actual crisis política para así desmovilizar a las masas.  Como hemos señalado, una renuncia “ordenada” equivaldría el intento de solucionar la crisis mediante mecanismos ‘partidistas’ dentro del PNP mientras el residenciamiento significaría usar la legislatura no sólo para tratar de restaurar la fe en las actuales instituciones gubernamentales sino también enterrar los crímenes cometidos con una fraudulenta “investigación” supervisada por otros corruptos. 

Por las mismas líneas hemos visto la proyección de varias figuras públicas identificadas con las consignas de “renuncia” y “residenciamiento” sembrando ilusiones en las elecciones de 2020 para emitir el llamado ‘voto de castigo’.

En oposición a estos intentos de encauzar el descontento masivo por canales institucionales completamente controlados por los políticos capitalistas, muchos sectores políticamente conscientes de entre las masas en protesta les han advertido a los legisladores y alcaldes, quienes son engranajes en aquella maquinaria partidista podrida, que luego de ajustar cuentas con Ricky y su Gabinete se dispondrán a limpiar los establos de Augías de la legislatura de todos los corruptos.

Otro método que se perfila es el intento de definir la ebullición de ira popular en términos generacionales.  Muchos comentaristas han señalado la participación masiva de los millenials como factor definitorio de las manifestaciones.  Aunque es cierto que muchos jóvenes desde los años de la adolescencia hasta la edad adulta han protagonizado la organización de las manifestaciones, esto en gran parte refleja sus instintos proletarios correctos además del rechazo a los burócratas sindicales y “líderes” izquierdistas oportunistas quienes, después de años en contubernio con los politiqueros de siempre, han perdido credibilidad entre las masas. 

Los jóvenes de extracción proletaria que han protagonizado estas manifestaciones y los combates callejeros no tienen intereses independientes del resto de la clase obrera.  Al contrario, luchan por la seguridad del empleo y salarios dignos, la expansión de todas las conquistas históricas de la clase obrera, y una política pública que prioriza la satisfacción de las necesidades racionales de la mayoría trabajadora sobre el lucro de los pocos. 

Como parte de esta campaña para definir el fenómeno de manifestaciones populares en términos generacionales, hemos visto otra variante en la cínica estrategia de elevar a la categoría de virtud la “no organización”.  Aunque puede parecerse contradictorio, la falta de una convocatoria institucional centralizada se ha interpretado como una ausencia total de organización en vez de nuevas y emergentes formas organizativas basadas en los vínculos informales y las redes sociales fuera de las estructuras tradicionales.  

Aunque lo que se ha visto en estos días es una masa de individuos y organizaciones de base aparentemente pasar por encima de las tradicionales burocracias sindicales y ‘figuras’ de la izquierda que durante años se han distanciado de las realidades de la calle espontáneamente,tal interpretación obviaría los años de agitación y educación entre la población realizadas por cuadros socialistas y comunistas, muchas veces jóvenes, dentro y fuera de las estructuras organizativas tradicionales.  Dentro de cada movimiento aparentemente espontáneo siempre hay elementos “conscientes” que trabajan pacientemente para elevar la conciencia política en general.

No obstante, el surgimiento de un nuevo liderato fuera de las estructuras tradicionales de las organizaciones de izquierda desgastadas representa un importante paso adelante en la medida en que este fenómeno se nutre de una apreciación crítica de la experiencia revolucionaria pasada y un programa político correcto.

Si bien, todos los métodos desorientadores señalados pueden categorizarse bajo la rúbrica general de oportunismo de derecha – la cooptación de un movimiento opositor por el sistema – existen otros, aun más nefastos, a los que recurren los estrategas capitalistas para descarrilar un movimiento con gran potencial opositor.  A saber: la promoción deliberada del aventurismo revolucionario ultra izquierdista caracterizado por la improvisación de ‘operaciones ofensivas’ sin una orientación estratégica coherente y viable.  En más de una ocasión se han perdido elementos radicales honestos y bien intencionados porque se dejaron llevar por la retórica seudo revolucionaria.

El movimiento que hoy ha tomado las calles y las plazas públicas augura una reorganización de la todas las tendencias de izquierda.  La fortaleza de esta reorganización será determinada, por un lado, por la capacidad de las masas para seguir transformando las manifestaciones masivas en nuevos órganos de poder democrático suyos con el potencial de servir como instancias de poder dual.  Por el otro, estas nuevas instancias de auto organización de las masas sólo cumplirán con su misión histórica en la medida en que los más avanzados sectores de la clase obrera, organizados en su propio Partido, logren infundirles un programa revolucionario socialista e internacionalista.  

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