Las masas francesas a la delantera

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Foto: Twitter

Por Carlos Borrero

Por segunda semana consecutiva las protestas de los ‘chalecos amarillos’ han sacudido a Francia.  Estas manifestaciones masivas, en protesta contra el alza de los impuestos sobre el combustible, surgidas como fenómeno espontáneo, ya se han extendido a lo largo del país y, según algunas fuentes noticieras, hasta Bélgica.  Aunque el simbolismo detrás de las protestas apunta a los camioneros – a éstos se les requiere el uso del chaleco amarillo como medida de protección en las carreteras – el carácter popular de estas manifestaciones es innegable.

La respuesta del gobierno de Macron fue anticipada.  Primero intentó evocar su supuesto compromiso con la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles.  Las masas no se comieron el cuento ya que vieron en ese impuesto sobre el consumo otra carga impuesta sobre los hombros de las masas, mientras se le hacen concesiones fiscales a los súper ricos y se destinan mayores recursos sociales a la máquina de guerra francesa.  Entonces el gobierno tildó de fascistas a los primeros grupos opositores por la inevitable intromisión de elementos de derecha en una amplia manifestación social.  Tampoco ha funcionado ya que el contendido de clase de las demandas es obvia para todo ser humano capaz de pensar.  Éstas, identifican claramente la creciente conciencia de la podredumbre que caracteriza al sistema.  ¡No, al alza de impuestos”  ¡Abajo Macron y el gobierno de los ricos!  Entonces el gobierno prometió recurrir a la brutalidad desnuda, lo cual ha cumplido.  Sin embargo, las masas francesas, fieles a sus mejores tradiciones de lucha, no se amedrentan.  Según los últimos informes, a pesar del uso de cañones de agua, el gas lacrimógeno y otras medidas represivas para aplastarlos, los manifestantes siguen firmes.

Escuchemos en la voz de varios de los manifestantes el sentir de las masas francesas:

https://www.youtube.com/watch?v=S-7rRLrxnVQ

Organizadas principalmente mediante las redes sociales, estas protestas surgieron fuera de los sindicatos y las demás organizaciones políticas tradicionales de la izquierda, hecho significativo que en sí refleja la frustración masiva con los burócratas sindicales y otros elementos conservadores dentro de las organizaciones izquierdistas.

Este carácter refleja al mismo tiempo la fuerza y la debilidad del movimiento espontáneo. Si bien las protestas espontáneas son inevitables y necesarias (¡!) para la educación política de las masas, experiencias de las que surgen nuevos líderes, también albergan la debilidad de la improvisación táctica y la susceptibilidad a los oportunistas.  ¿Podrían las luchas sociales amplias ser algo más que contradictorias?

Hace unos meses en Abayarde Rojo apareció un artículo en que se planteó una huelga contributiva en Puerto Rico.  Dicho planteamiento fue el blanco de varias críticas.  Entre éstas, se intentó identificarlo como ‘economicista’ por lo que se quiere decir, un método de lucha muy limitado en sus horizontes en que los capitalistas y su gobierno, independientemente del desenlace de la propuesta campaña, saldrían fortalecidos.  Se rebatió este argumento sobre la base de que toda política fiscal es, al mismo tiempo, política pública.  Una huelga dirigida a los impuestos, en cualquier forma, constituye una huelga política contra el estado capitalista; una acción política de horizontes muy amplios. ¿No han demostrado en la práctica los llamados entre los trabajadores franceses para la dimisión de Macron y una transformación total del orden actual cuán corto es el salto de una disputa sobre impuestos a uno sobre el carácter mismo del gobierno?  En cualquier caso, si la política fiscal fuera tan poco importante, ¿por qué los capitalistas gastarían tanto dinero en cabilderos para asegurar la promulgación de medidas legislativas favorables al respecto?

Una segunda línea de crítica que se le lanzó a la propuesta de una huelga contributiva fue que no había manera para las masas trabajadoras materializarla.  Sin embargo, como lo han hecho tantas veces en la historia, los franceses han demostrado recientemente la infinita capacidad de las masas para ser creativas, para hacerle frente a los retos, y para seguir experimentando con posibles soluciones a los problemas que les aquejan.

Una última línea de crítica fue que el carácter necesariamente ‘popular’ de cualquier campaña de huelga contributiva automáticamente colocaría a los trabajadores a la cola de elementos oportunistas de las capas sociales más acomodadas, la llamada ‘pequeña burguesía’.  Siguiendo esta línea se argumentó que estas capas sólo usarían a los trabajadores para su propio beneficio.  ¿Es cierto?  Hasta ahora, tal parecería que los trabajadores franceses han demostrado firmeza no sólo en sus propias posiciones sino también en su capacidad de arrastrar consigo a las demás capas sociales ‘populares’ capaces de la acción política.

El tiempo dirá.  Pero por el momento, ¿no sería maravilloso si los boricuas fueran un poco más como los trabajadores franceses?

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Rosa

Estimados camaradas: Decir que el salto es “corto” es no tomar en debida cuenta que el movimiento tradeunionista francés falla crasamente en estos momentos al no imprimirle a estos acontecimientos de combatividad, insatisfacción y coraje colectivo un contenido claro de clase. Una revuelta de consumidores por impuestos como ésta y muchas otras se caracteriza por la ausencia de una estrategia ofensiva contra la clase burguesa y los monopolios. Es al Partido Comunista quien le toca impulsar y organizar la estrategia OFENSIVA. Si no la instrumenta el partido, quien? Por lo tanto, al Partido no le toca ser partícipe — sino… Leer más »