La jornada del Primero de Mayo y la cuestión de violencia en las manifestaciones populares

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por Ismael Castro

La administración de Rosselló intenta suprimir futuras manifestaciones de oposición masiva al levantar el espectro de acciones legales contra algunos manifestantes. Rosselló ha hecho un gran esfuerzo para exagerar lo que fue en realidad – dados los atropellos sufridos por las masas en Puerto Rico – un mínimo de violencia dirigida principalmente a propiedades de algunas instituciones bancarias.

 

Aquellos discursos hipócritas, llenos de moral hueca, que pronuncian los políticos capitalistas y sus aliados liberales nunca deben molestar a los obreros con conciencia de clase.  Oír a los politiqueros del territorio “repudiar” la violencia ocurrida en una manifestación en contra de la brutal campaña anti obrera es el colmo de la hipocresía.

 

Las sucesivas administraciones territoriales tienen las manos ensangrentadas después de ofrecer durante años a los jóvenes puertorriqueños a sus amos imperialistas para servir en sus guerras depredadoras desde la segunda Guerra Mundial a Corea, de Vietnam a las aparentemente interminables guerras actuales que han destruido a sociedades enteras en el Medio Oriente.  De la misma manera siguen silenciosamente cómplices de la violencia asesina que se está llevando a cabo a través de la campaña del imperialismo estadounidense de ataques aéreos contra áreas civiles en lugares como Irak, Afganistán y Siria.  Esta complicidad silenciosa se extiende a la violencia asociada con la desviación de recursos sociales a la máquina de guerra del Pentágono mientras se recortan o eliminan por completo programas sociales y dejan a cada vez más personas a la pobreza.  Los lacayos políticos del imperialismo son iguales de cómplices en la violencia cuando juran lealtad a un régimen que apoya abiertamente a dictadores brutales, tanto del pasado como del presente, como ahora es el caso de los elogios de Trump a Al-Sisi en Egipto y Duterte en las Filipinas.  La administración Rosselló no repudia ninguna de estas manifestaciones de violencia.  Y como dice el refrán: quien calla, otorga.

 

De la misma manera, las sucesivas administraciones territoriales, al defender el sistema capitalista, son cómplices de la violencia que surge de la miseria a que están sumergidos muchos barrios en Puerto Rico donde la desesperación y la falta de oportunidades atrapan a tantos de nuestros jóvenes en la delincuencia y el narcotráfico.  Estos hipócritas no repudian un sistema social que engendra la violencia que asedia a las comunidades obreras.  Tampoco repudian un sistema social en el que se despliegan helicópteros y la fuerza de choque contra trabajadores en protestan contra políticas que amenazan el sustento de sus familias.  Estos hipócritas no repudian la violencia implícita en nombrar a una ex oficial militar para dirigir la Policía o la promoción de una figura infame como Héctor Pesquera, quien proclama orgullosamente que no vacilará en utilizar los instrumentos de la violencia estatal contra el pueblo, para dirigir el mal-llamado Departamento de Seguridad Pública.  Estos hipócritas no repudian un sistema social en el que se impone la violencia mediante la destrucción ambiental, la negación al pobre de la educación, el cuidado médico, la vivienda, etc.

 

Resalta toda la magnanimidad de los obreros, bastantes pacíficos y disciplinados en comparación y ninguno de los cuales implicado en los actos de vandalismo del Primero de Mayo, ante este cuadro de barbarie capitalista.  Ni Ricky Rosselló ni ninguno de los defensores del capitalismo en el territorio tiene la autoridad moral para levantar críticas sobre los actos de violencia engendrados por la muy legítima ira popular que tuvieron lugar durante la jornada del Primero de Mayo.

 

No obstante, los eventos del Primero de Mayo han traído a la luz la cuestión de la violencia en las protestas de masas.

 

De todas las mentiras y calumnias lanzadas contra los comunistas, una de las más viles es la asociación de los comunistas con la violencia gratuita.  Nada mas lejos de la verdad.  De hecho, los comunistas rechazamos las tácticas basadas en actos de violencia desorganizada o fortuita así como en el terrorismo individual.  Las tácticas comunistas parten de nuestra comprensión de la lucha de clases como la fuerza motriz de la historia y el papel revolucionario de la clase obrera, cuya posición objetiva en la sociedad la convierte en la única fuerza social capaz de llevar a cabo las tareas de la transformación socialista.  Como tal, nuestra táctica puede resumirse como la extensión de la lucha de clases de los obreros mediante la introducción de la conciencia política a su lucha de acuerdo con la necesidad histórica del socialismo.  Los actos individuales de violencia nada tienen que ver con una extensión de la lucha de clases de los obreros y mucho menos la preparación organizativa necesaria para la toma de poder.  Y es a base de esta falta de vinculación entre la lucha de clases de los obreros y la violencia gratuita o individual que hacemos nuestra crítica.

 

Sin embargo, aun cuando rechazamos la violencia individual o gratuita, los comunistas entendemos que las manifestaciones espontáneas de violencia son inevitables, especialmente en momentos de una profundización de las tensiones entre clases antagónicas.  En el mejor de los casos, estas manifestaciones de violencia espontánea son signos de una conciencia política rezagada, y, en el peor de los casos, son provocaciones llevadas a cabo por elementos sociales degenerados típicamente a instancias de la clase dominante.  En los casos de los últimos, los comunistas tenemos la clara responsabilidad de denunciar los actos.  Sin embargo, en los casos de los primeros, incluso cuando levantamos nuestras críticas, los comunistas nunca caemos en la trampa del pacifismo hipócrita con la que los capitalistas y sus seguidores intentan desorientar a los obreros.  De hecho, la evocación hipócrita del pacifismo es una vieja herramienta que los capitalistas usan para desarmar política e ideológicamente a los obreros.

 

Al contrario, los comunistas les decimos honestamente a los obreros que las confrontaciones físicas con los aparatos de represión estatal de los capitalista de por sí solas no lograrán el objetivo de la transformación social.  Estas confrontaciones son inevitables, pues en la mayoría de los casos a los obreros no les queda más alternativa que defenderse de las agresiones de la policía o la Guardia Nacional en las líneas de piquete, etc.  Como tal, los obreros deben tomar medidas para prepararse y organizar sus fuerzas para enfrentarse, fuego con fuego, fuerza con fuerza, con los aparatos de represión estatal.  Sin embargo, la inevitable escalada de confrontaciones físicas entre clases sociales como parte de la lucha entre éstas debe ir acompañada de nuevas formas de organización política basadas en el papel dirigente de la clase obrera en la lucha social más amplia.  Esto requiere, sobre todo, una dirección política e ideológica.  Es precisamente la tarea del Partido Comunista introducir esta perspectiva a las masas obreras para que aprendan a luchar más eficazmente.

 

En el análisis final, el grado de violencia que caracteriza a la lucha de clases depende ante todo del nivel de resistencia de los capitalistas en la defensa de su sistema moribundo.  Los obreros con conciencia de clase siempre preferirían una muerte rápida del viejo sistema para que el nuevo, más justo y pacífico, pueda por fin nacer.