El Plan Tennessee de Ricky: entre el revisionismo histórico y la mayor sumisión al imperialismo

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Ricardo Roselló no falla en la demagogia

por Ismael Castro

La delegación del PNP dentro de la Cámara territorial aprobó la semana pasada un proyecto de ley para implementar el llamado Plan Tennessee.  Al igual que la consulta de estatus pautada para el 11 de junio, el Plan Tennessee es una medida reaccionaria.  El objetivo de la administración de Rosselló es aprovecharse de la crisis actual para profundizar la subordinación ideológica de las masas puertorriqueñas a los intereses del imperialismo estadounidense.  Dicha subordinación no se limita al ámbito estrictamente «cultural», aunque es evidente que el auto-desprecio resultante de la patología de la enajenación colonial entre algunos líderes estadistas contribuye al celo con que defienden la causa de la asimilación.  El verdadero objetivo de estas medidas es, sin embargo, fomentar una actitud de aquiescencia de parte de los sujetos territoriales hacia los capitalistas de la metrópoli así como toda la máquina bélica estadounidense.  En momentos de una intensificación de la competencia económica entre potencias capitalistas y la consecuente amenaza de guerra a nivel mundial, los sectores de la élite territorial más estrechamente integrados al nexo de intereses del capitalismo estadounidense invariablemente adopta la misma retórica nacionalista de sus socios principales en la metrópoli.

Cabe señalar que la evocación del llamado Plan Tennessee por Rosselló se basa en el revisionismo histórico descarado.  Lo que no se atreve decir Rosselló es que los colonos que ocupaban el entonces territorio de Tennessee provenían principalmente de las colonias de Virginia y Carolina del Norte y eran la vanguardia de la ‘expansión hacia el oeste’, a partir del Tratado de París de 1763.  El objetivo de esta expansión territorial era obtener tierras para la producción del algodón, materia prima esencial para la naciente industria textil.  Los colonos en lugares como Tennessee iniciaron el proceso de expulsar a los indígenas, principalmente de las naciones Cherokee y Choctaw, del territorio del valle de Ohio, lo cual culminaría tres generaciones después en la infame Senda de Lágrimas orquestada bajo el canalla Andrew Jackson.  La ‘atrevida’ petición ante el Congreso para la estadidad que realizaron los colonos de Tennessee en 1796 tuvo como razón económica el deseo de obtener más recursos del gobierno federal para acelerar el asentamiento de colonos blancos dentro de un ambiente conflictivo.  Vale destacar que además de la guerra contra la población indígena, este proceso también alimentó la esclavitud negra en el sur de Estados Unidos.  Está claro que nada de este contexto histórico le importa a Rosselló cuando hace referencia al Plan Tennessee.

En nuestros tiempos, las crisis sociales y económicas ejercen sobre las masas la misma presión que la fuerza bruta que se usó para desplazar a los indígenas de su tierra durante el asentamiento de los territorios en el oeste de EEUU.  Junto con las políticas acomodaticias hacia los capitalistas internacionales de la administración territorial, el éxodo masivo de puertorriqueños sólo puede entenderse como una campaña deliberada para debilitar la resistencia al imperialismo, si no vaciar por completo a Puerto Rico de los puertorriqueños, para así servir los intereses del capitalismo estadounidense.

Tampoco parece importarle a Rosselló la realidad actual en que la clase dominante en Estados Unidos desata una brutal campaña en contra de las masas obreras.  Dicha campaña incluye ataques a las conquistas históricas de las masas obreras como son las pensiones y muchas protecciones laborales, además del debilitamiento, si no la eliminación completa, de programas sociales para la salud, la vivienda y la educación.  Coincide con una de las olas antiinmigrantes más fuertes que se ha visto en la historia reciente, particularmente dirigida a la población de origen latinoamericano, así como un esfuerzo de parte de la administración actual de derogar muchos derechos democráticos.  El resultado de esta prolongada campaña, llevada a cabo tanto por administraciones republicanas como demócratas, ha sido una erosión marcada en el nivel de vida de las masas en EEUU y una intensificación de las tensiones sociales.  En este sentido, el trío de Rosselló, González y Rivera Schatz, quienes se encuentran esta semana en Washington como parte de sus rondas habituales de prosternarse ante sus amos, son apologistas de una de las administraciones estadounidenses más reaccionarias de la historia reciente.

El movimiento anexionista en Puerto Rico es reaccionario precisamente porque su verdadero objetivo es subordinar aún más a las masas obreras en la colonia a la clase capitalista de un país imperialista.  La mentira de que la anexión traerá consigo, como por milagro, la modernidad, prosperidad e iluminación se hace añicos ante la realidad de la vida de millones de familias obreras en Estados Unidos, sobrecargadas de deudas, empleo inestable, bajos salarios, atención médica y vivienda inadecuadas además de un sistema político que no ofrece alternativas reales.  Sin embargo, los obreros en Puerto Rico no pueden dejarse engañar por la tentación de creer que la independencia de por sí traerá alguna solución a sus problemas cotidianos.  Un proyecto de independencia basado en un modelo de «capitalismo nacional» en un país como Puerto Rico es un proyecto tan reaccionario como la anexión.  La única alternativa que nos queda es una lucha por el socialismo en estrecha colaboración con los demás obreros del continente.

Nosotros los comunistas no nos oponemos a “Estados Unidos” como tal.  De hecho, y muy al contrario del trío de Ricky, Jenny y Tommy, promovemos la unidad de los obreros puertorriqueños y los de Estados Unidos, así como aquellos del resto del continente americano.  Somos internacionalistas y, como tal, aspiramos a construir una federación socialista a través de todo el continente en la que todos los obreros, independientemente de su país de origen, raza, idioma, etc., puedan vivir en paz disfrutando de los frutos de su trabajo.  Como tal, luchamos por la unidad de la clase obrera de todas las naciones.  Les decimos a los obreros que no tienen nada que ganar apoyando a sus propias clases dominantes a base del nacionalismo falso que éstas promueven.  Sin embargo, en la época del imperialismo, cuando la clase dominante de naciones muy poderosas como EEUU controla y subordina a otros países enteramente a su voluntad, luchamos por el derecho de los colonizados a su independencia.  Este derecho es una precondición indispensable para la unidad internacional de los obreros.  De la misma manera en que la clase obrera en EEUU jamás puede emanciparse si los obreros blancos marginan a negros o los nativos a los inmigrantes, los obreros de una nación imperialista poseedora de colonias no pueden adelantar su lucha sin que apoyen la lucha por la independencia en las colonias.

La diferencia entre el llamado comunista para la independencia y el de los partidos pequeños burgueses como el PIP o el MINH es que mientras estos grupos comparten un interés común en preservar el marco de relaciones capitalistas en que los obreros son explotados por sus “propios capitalistas” nacionales, nosotros los comunistas apoyamos el llamado para la independencia como medio para construir una federación continental de repúblicas obreras basada en la igualdad y la fraternidad entre los obreros de todas las naciones.  Esto es algo completamente ajeno a los sinvergüenzas como Ricky y los demás de su calaña.

Hacemos un llamado a los obreros puertorriqueños a rechazar la consulta de estatus organizada por la administración de Rosselló así como el Plan Tennessee.  Ninguno de estos proyectos puede resolver los problemas que enfrentan las masas obreras en el territorio.  Por el contrario, instamos a la clase obrera en Puerto Rico a que redoble sus esfuerzos para desarrollar nuevas formas de organización necesarias para tomar el poder político y poner en práctica un programa basado en el internacionalismo socialista.