¡Por una defensa revolucionaria de la educación pública!

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Pondrán nuestras escuelas en venta para el lucro de los capitalistas.

por Ismael Castro

La noticia, conspicuamente ausente de los principales periódicos del territorio, de que ya ha comenzado la venta de planteles escolares programados para el cierre le da mayor urgencia a la necesidad de una reorganización de la lucha contra esta ofensiva capitalista.  La cuestión fundamental que queda es, ¿cómo podemos defender la educación pública contra los ataques de los políticos que representan los intereses de los capitalistas, tanto a nivel local como en el extranjero?

Es evidente que la actitud conciliadora de “destacados” dirigentes sindicales ha dejado a los maestros y las comunidades afectadas por los cierres hasta ahora indefensos frente al más reciente asalto de la administración territorial.  Aida Díaz se proclama ser «sorprendida» por el hecho de que no se hicieron anuncios públicos antes de que se les permitiera a intereses privados como el Colegio Nova y el Sistema Universitario Ana G. Méndez iniciar los procesos para adquirir planteles escolares en la lista para ser cerrados.  Pero nadie que tenga una idea básica de la verdadera naturaleza de la guerra de clases que se está llevando a cabo contra las masas obreras se sorprende por el carácter descarado o la velocidad de estos ataques por parte de los defensores políticos del capitalismo.  Contra la venalidad cruda del orden capitalista, todas las cuestiones morales y éticas se desvanecen como espuma.

Es precisamente por esa razón que los maestros y las comunidades afectadas por los cierres no pueden basar sus tácticas en súplicas a las concepciones morales o la ética de los políticos y los tribunales del territorio.  Los representantes políticos y legales del capitalismo no son influenciados por los sentimientos.

Al contario, los maestros y las comunidades tienen que buscar organizarse para una lucha ardua y difícil.  Tal organización debe basarse en la unidad militante de amplios sectores de la clase obrera, empezando por el magisterio y extendiéndose a todos los obreros, así como el reconocimiento del antagonismo irreconciliable entre las masas obreras y la administración territorial la cual sirve a la clase capitalista.  En ninguna situación en la que se encuentren bajo ataque pueden los obreros confiar en la buena voluntad de los capitalistas.  Más bien, la clase obrera – y los maestros por educación formal que ostenten son parte de la clase obrera – deben aprender a contar con sus propias fuerzas y capacidades.

Esto significa que la única defensa viable de la educación pública tiene que basarse en el control directo y la administración de las escuelas por los maestros y las comunidades escolares.  Esto requiere la organización de comités a nivel de escuela a través de todo el sistema escolar, integrados por maestros y otro personal de apoyo, familias y estudiantes, encargados de llevar a cabo todas las funciones administrativas dentro de la escuela además de participar en la planificación y coordinación de una política educativa a nivel nacional.

Los capitalistas ya no son capaces de proveer para el bien común.  Cuanto más pronto las masas obreras comprendan esto, cuanto más pronto comiencen a organizarse para asumir el papel de clase dirigente en la sociedad, cuanto antes se comprenderá que las soluciones exigidas por las masas a las cuestiones relacionadas con la educación, la atención médica, el empleo, la vivienda, etc. sólo pueden encontrarse con la superación del orden social correspondiente a las necesidades de esa minoría capitalista.  El único medio por el cual se puede montar una defensa exitosa de la educación pública contra los ataques que se están llevando a cabo es mediante la inmediata organización de la ocupación de escuelas por los maestros y las comunidades escolares.  ¡Por una defensa revolucionaria de la educación pública!  ¡No al traspaso de los planteles a manos privadas!  ¡Sí al control popular de las escuelas!