Rosselló amplía la militarización de la policía

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Por: Carlos Borrero

Rosselló amplía la militarización de la policía

Aunque los medios se han enfocado en su carácter de primera mujer seleccionada para el puesto, no ha pasado desapercibido por los obreros conscientes el trasfondo militar de Michelle Hernández de Fraley, nominada para la superintendencia de la policía.  Con este nombramiento la administración entrante está enviando un claro mensaje de que se aceleran sus preparativos para aplastar la inevitable resistencia popular a los ataques contra las masas obreras llevados a cabo bajo las directrices de la Junta de Wall Street.

Entre sus responsabilidades dentro de las filas del ejército, Hernández de Fraley dirigió NETCOM, el comando encargado del espionaje cibernético, y desempeñó como oficial de la Agencia de Comunicaciones de la Casa Blanca.  Tras retirarse del ejército fue nombrada por el ex superintendente James Tuller para dirigir la reorganización de la Policía y su programa de capacitación.  En este último puesto asistió a programas de adiestramiento en el Departamento de la Policía de la ciudad de Nueva York, uno de las más militarizados en EEUU.

El nombramiento de una ex militar para dirigir la policía forma parte de una tendencia más amplia a través del mundo hacia la militarización de las fuerzas policiacas.  En Estado Unidos en particular, el pretexto de la “guerra contra el terrorismo” ha sido utilizado para la asignación de fondos federales a departamentos de policía en un creciente número de comunidades urbanas y suburbanas a través del país para la compra de equipo de grado militar, incluyendo vehículos blindados, armas pesadas, y naves aéreas.  Con este nuevo equipo no sólo se han hecho más frecuentes los simulacros estilo militar llevados a cabo por unidades especiales dentro de los centros urbanos, sino también se han desplegado cada vez más unidades policiacas especializadas armadas con equipo pesado para aplastar las manifestaciones de oposición popular (ej. Ferguson, Misuri) y desempeñar como una fuerza de ocupación dentro de las comunidades en protesta.  Quizás el aspecto más insidioso del fenómeno lo encontramos con la mayor presencia de efectivos militares además de unidades policiacas especiales armadas con armas largas que patrullan los espacios civiles bajo el pretexto de guardar contra el terrorismo.  Por ejemplo, en ciudades como Nueva York y Los Ángeles se ha normalizado esta presencia militar en los centros de transportación pública por donde pasan centenas de miles de personas a diario.

Las tendencias militaristas de las administraciones anteriores, como la de Romero Barceló y Rosselló, padre, están bien documentadas.  Rosselló, hijo, ampliará estas prácticas.  Dentro del contexto actual, los ataques a las conquistas históricas de las masas obreras se intensificarán para satisfacer las demandas de la oligarquía financiera.  Mayores impuestos sobre el consumo, los despidos en masa, la derogación de los convenios colectivos además de lo que queda de las protecciones laborales y la eliminación de toda regulación para proteger a los recursos públicos y naturales ya son la orden del día.  La resolución de las masas obreras para luchar contra estas medidas se encontrará con los métodos represivos más feroces del Estado territorial.  Es aquí donde los antecedentes militares de una figura como Hernández de Fraley pasarán a primer plano.

La vergonzosa capitulación ante esta militarización de la policía de las dos organizaciones que representan a los guardias, FUPO y COPS, no debe sorprender a nadie.  Es testimonio de su bancarrota política.  La prensa y las organizaciones liberales obsesionadas con la identidad permanecerán cegadas por el género de la nueva superintendente.  Sin embargo, sea mujer u hombre, los obreros conscientes saben que cualquier persona con una larga carrera militar a cargo de la policía es una clara señal de los preparativos del Estado para llevar a cabo medidas cada vez más represivas.  Hernández de Fraley no será una amiga de la clase obrera, la cual está siendo empujada cada vez más hacia la desesperación.

Los obreros conscientes nos oponemos no sólo a la militarización de la policía, sino también a la organización de cualquier fuerza represiva enajenada de la sociedad civil.  Los obreros conscientes luchamos por la transformación de la policía de una fuerza represiva enajenada de las masas obreras y utilizadas para reprimirlas a una milicia compuesta por los obreros mismos encargados de la defensa común.