Comentario sobre el boicot electoral

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Por Rogelio Acevedo

Hoy el candidato a la gobernación del territorio no incorporado de Puerto Rico, Rafael Bernabe, publicó en el periódico El Nuevo Día una columna tratando de convencer al pueblo de que la táctica electoral es la más adecuada para luchar contra la Junta de Wall Street.

http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/lajuntaylaselecciones-columna-2231785/

Sus argumentos no solo reflejan una tergiversación ideológica de la utilización de las elecciones para avanzar en procesos de lucha concretos, sino también desviar a las masas obreras de las tareas revolucionarias que impone la coyuntura actual. Veamos.

«diferimos de la idea de boicotear las elecciones como respuesta a la creación de la Junta. Al contrario, creo que hay que inscribirse y votar. Algunos amigos preguntan, ¿qué sentido tiene aspirar a la gobernación o votar, si el poder real estará en manos de la Junta? Esta posición parte de dos ideas equivocadas: una sobre la condición política de Puerto Rico y la otra sobre la participación electoral y las razones que la justifican.»

Desde la perspectivas del marxismo revolucionario, concebimos la participación electoral como táctica, es decir, que debe ser utilizada en momentos específicos y para lograr objetivos concretos que adelanten los intereses y aspiraciones de las masas obreras en la lucha contra las clases explotadoras. En la coyuntura actual, donde el sistema colonial se desmorona acelaradamente, plantear que una forma de combatir la junta es participando de las estructuras putrefactas del ELA raya en el oportunismo más craso, además que solamente sirve a las oligarquías criollas e imperiales. ¿Por qué la clase obrera y el pueblo debemos legitimar con nuestro voto un sistema que fue creado para colocar sobre nuestras espaldas el sostenimiento de nuestra propia esclavitud?

«Rechazamos la Junta ya que agrava la relación colonial, pero la situación colonial (que nos priva de los poderes que necesitamos) existe independientemente de la Junta. Si el disfrute y reconocimiento de los poderes necesarios fuese el criterio para participar en las elecciones, entonces no se debe participar en elección alguna, con o sin Junta, mientras subsista la relación colonial.»

Todo este juego de palabras encierra otra peligrosa desviación sobre las tareas del momento, y a la vez una gran verdad. Plantear que la situación colonial existe independientemente de la junta es sencillamente mentirle abiertamente al pueblo, ya que precisamente la junta es la transformación del modelo colonial clásico en una nueva forma de extraer riquezas del territorio. Es decir, la junta de Wall Street es la transfiguración del ELA. Precisamente, la participación electoral en la colonia ha sido una de las formas que ha utilizado la oligarquía financiera para imponer las más abusivas medidas a las masas trabajadoras «democráticamente» con el consentimiento de los habitantes del territorio. El candidato lo plantea correctamente, no puede haber espacio para reformar la colonia, debemos trabajar activamente para abolirla.

«Tampoco es cierto que la Legislatura no decida nada: si constantemente nos movilizamos para detener medidas legislativas de todo tipo (contra el proyecto de privatización de la Parguera, o de la reforma educativa, por dar ejemplos recientes) es porque algún impacto tiene lo que allí se decide. ¿No sería mejor tener adentro los representantes de esas luchas, para potenciarlas en las comunidades, las escuelas y los centros de trabajo?»

Aquí se va dibujando el verdadero carácter reformista, cuando el candidato coloca su fe en el sistema representativo burgués. ¿Desde cuándo los administradores coloniales han respetado las leyes dirigidas a proteger nuestros intereses o a salvaguradar el patrimonio público? La respuesta es nunca. Ha sido todo lo contrario. Cuando no se obvia todo proceso legal, simplemente se aprueban leyes en la oscuridad de la noche que permiten que continúe el saqueo a manos llenas: en los sistemas de retiro, contra el medioambiente, en el sistema de educación pública, en la legislación laboral. En fin, que  en esta etapa de «salvese quien pueda» los enemigos de las masas trabajadoras utilizarán la legalidad vigente, hecha a la medida de los intereses de Wall Street,  para imponernos las más severas condiciones de trabajo y de calidad de vida. Podemos tener a «todos los representantes de esas luchas» que querramos, el capital impondrá su voluntad a sangre y fuego.

«Participar en las elecciones, aspirar a puestos públicos no es endosar ni aceptar las estructuras políticas existentes, ni la presente relación colonial, mucho menos la Junta de Control, no es poner al partido por encima del país, es impulsar la lucha por los cambios que necesitamos en todos los terrenos: en la urna y en la calle, como dice la consigna del PPT.»

Nada más con el testigo. En fin, que plantearle a las masas trabajadoras la participación electoral, no solo como táctica para luchar contra la junta de Wall Street, sino también como método para resolver la crisis, es un acto contrarrevolucionario, que atenta contra sus necesidades y sus aspiraciones. Las circunstancias demandan que la clase obrera construyamos organismos independientes que poco a poco arrebaten el poder a la oligarquía financiera y a sus alcahuetes coloniales.

¡Asamblea popular!

¡Democracia radical!