Nuestras diferencias

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Por Carlos Borrero

Las primarias del Partido Demócrata en EEUU han desatado todo un fenómeno en la persona de Bernie Sanders.  Para muchos de la izquierda, la candidatura del senador Sanders, quien promete una «revolución política», representa un giro radical en el estado de ánimo de las masas estadounidense, particularmente entre la juventud.   Sin duda, es un testimonio de la desilusión que sienten los tantos que Sanders ha ganado en popularidad.  Debido a la “revolución” que él promete además de que gran parte de la política colonial gira en torno a lo que sucede en la metrópoli, vale la pena examinar más de cerca la candidatura de Sanders.

La primera característica que sobresale de la candidatura Sanders es su pretensión de abrazar las ideas «socialistas» a pesar de que él mismo se ha definido recientemente como un socialdemócrata y señala a los países escandinavos como ejemplos a seguir.  A pesar de evocar el cuco del socialismo, es evidente que las ideas de Sanders no representan ninguna amenaza para la clase dominante en Estados Unidos.  Esto se desprende más claramente de la caracterización de Sanders que hizo el ex gobernador de Vermont y presidente del Comité Nacional del Partido Demócrata, Howard Dean, cuando éste dijo durante una entrevista en el programa Meet the Press en 2005:

“Bernie puede llamarse lo que quiera.  Él es básicamente un demócrata liberal, y es un demócrata que – hace campaña como candidato independiente porque no le gustan la estructura y el dinero que están envueltos.  Y de hecho tiene, creo yo, algunos puntos buenos sobre la reforma financiera electoral.  El punto básico es que Bernie Sanders vota con los demócratas el 98 por ciento de las veces . . .” 

Esta caracterización desmiente la imagen, cuidadosamente cultivada en los medios, de un candidato de oposición al establecimiento.  De hecho, sería difícil imaginarse que una persona con 25 años combinados en el congreso y el senado de EEUU pudiera representar una amenaza para el mismo sistema del cual ha formado parte durante un cuarto de siglo.  Como señaló Howard Dean, no se puede encontrar ninguna divergencia importante entre los representantes políticos oficiales de la clase capitalista estadounidense y el “socialista” Sanders.  Una investigación de su record de votos mientras estuvo en el Congreso o su política como alcalde de Burlington, Vermont tampoco revelará una denuncia radical de la explotación capitalista o la agresión imperialista llevadas a cabo durante las últimos tres décadas.   Es que el llamado socialismo de personas como Sanders no tiene nada que ver con la auto organización de la clase obrera necesaria para llevar a cabo una política independiente ni mucho menos la profundización y extensión de la lucha de clases de los obreros para la toma revolucionaria del poder.

Más bien, lo que representa Sanders es un ejemplo clásico de la «oposición leal» que sirve tanto para dar la apariencia de una democracia expansiva como reavivar la legitimidad de las instituciones políticas de la clase dominante ante los ojos de las masas explotadas cada vez más desilusionadas.[1]  Ya sea en el ámbito de la negociación política con el establecimiento Demócrata, el uso de la demagogia populista para promover el nacionalismo económico o la defensa abierta del imperialismo estadounidense – demás está decir que sobre la cuestión de la dominación colonial que ejerce EEUU sobre Puerto Rico no ha dicho nada – lo que sí es cierto es que la «revolución política» de la cual habla Sanders no tiene nada que ver con los obreros conscientes tomando las riendas del poder.  En todo caso, se trata del intento de atenuar sólo los peores efectos del capitalismo norteamericano (por ej., niveles extremos de desigualdad social) en anticipación de la necesidad de unificar la población en torno a la intensificación de amenazas globales a la posición de la clase dominante estadounidense.  En términos simples, el proyecto político de Sanders tiene como objetivo la estabilización de la profunda crisis social en EEUU para colocar a la clase dominante en una mejor posición para alcanzar sus objetivos imperialistas.

De hecho, la candidatura de Sanders representa una variante particularmente norteamericana de la misma tendencia internacional que hemos visto recientemente en países como Grecia, donde los llamados radicales como Syriza han cabalgado al poder político para probarse tan dispuestos ejecutores de los dictados del capital que sus correligionarios de derecha.  Es de esta misma manera que el gran peligro de una figura como Sanders radica, como toda expresión del oportunismo, en el efecto desorientador que puede tener precisamente en momentos en que se intensifican las contradicciones del sistema capitalista a nivel mundial.  ¿No fue el muy liberal Wilson, figura clave en el movimiento progresista, quien encabezó la entrada de EEUU en la primera conflagración imperialista a nivel mundial a principios del siglo 20?

Es bien conocido de que en tiempos de una profundización de una crisis económica y social, algunos segmentos de la clase dominante se desprenden de sus orígenes de clase y adoptan un discurso político revolucionario.  Sin un polo ideológico fuerte y disciplinado, sin embargo, estos elementos constituyen un factor desorientador para las masas obreras el cual fortalece tendencias reformistas entre las organizaciones obreras.  Los obreros más conscientes deben estar siempre en guardia contra estos elementos desorientadores y señalar a las masas obreras las diferencias entre las tendencias oportunistas, que tienen como objetivo estabilizar las relaciones sociales dentro del capitalismo, y el socialismo revolucionario el cual persigue el derrocamiento de la propiedad capitalista y sus correspondientes relaciones de explotación.  Es precisamente en esto en que consisten nuestras diferencias con Sanders y sus acólitos.

[1] http://www.counterpunch.org/2006/11/15/a-socialist-in-the-senate/

 

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