¿Instituciones políticas de los capitalistas o la Asamblea de consejos obreros?

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por Carlos Borrero

laseleccionesburguesasLa bancarrota política de todo el aparato gubernamental en la colonia se refleja más patentemente en la actual degeneración de los partidos oficiales. Este es el caso particular aunque de ninguna manera algo exclusivo del PPD. Tan serio es el problema de credibilidad para los lacayos políticos de la colonia que los principales partidos políticos coinciden en entregarle el manejo del presupuesto a una junta de control fiscal para así distanciarse de las consecuencias políticas de las medidas anti obreras que se están impulsando.

En el vacío político que se ha creado, intentan insertarse ahora varias agrupaciones nuevas. Los ejemplos de organizaciones autoproclamadas ‘progresistas’ como el Movimiento Unión Soberanista (MUS) y el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) se figuran como los más visibles en este sentido. Ambos plantean una estrategia basada en la ocupación del actual aparato estatal por nuevos líderes, más éticos e incluyentes, para impulsar reformas que atenúen la crisis por la que atraviesan las masas en Puerto Rico. En el caso del MUS, esta agrupación se ha sumado al llamado de otras formaciones políticas (ej. el PIP, el MINH, grupos disidentes dentro del PPD) para una Asamblea Constituyente de Estatus como nuevo mecanismo para atender lo que entienden como la raíz del problema social en la colonia, la actual relación política entre Puerto Rico y EEUU.

Lo que todos estos esfuerzos tienen en común es que están dirigidos por políticos liberales quienes no reconocen el verdadero carácter clasista del actual Estado. En otras palabras, estos liberales sólo conciben el Estado dentro de la sociedad capitalista como algo por encima del antagonismo irreconciliable entre clases sociales en vez de un órgano mediante el cual la clase dominante reprime a las demás clases. Como tal, no pueden ver más allá de las elecciones organizadas por la clase dominante o la ‘santidad’ de la propiedad capitalista. Demás está decir que no conciben nuestros políticos liberales cómo la inmensa red de relaciones entre el actual Estado capitalista colonial y la clase capitalista obstruye incluso el mínimo de reformas para las cuales abogan. Tampoco pueden comprender que es la misma naturaleza de las relaciones de propiedad capitalistas que está a la raíz del malestar social que aflige a las masas obreras en Puerto Rico.

La reciente experiencia de Syriza en Grecia nos proporciona amplia experiencia práctica de la cual aprender y evaluar la exactitud de nuestra evaluación. En el reciente caso de Grecia, Syriza montó una ola de protestas populares contra las medidas de austeridad impuestas por la oligarquía financiera europea mediante el Partido centro derecha de Nueva Democracia a una victoria electoral en enero de 2015. Sin embargo, después de sólo seis meses en el poder, esta coalición de la llamada ‘izquierda radical’, cuyo programa político se combina una amalgama de reformas sociales mínimas con una firme defensa de las relaciones de propiedad capitalista, terminó imponiendo medidas de austeridad aún más duras sobre las masas obreras griegas que las del anterior gobierno de derecha a la vez que contribuyó mediante sus ilusiones sembradas a la desorientación de amplios sectores de la clase obrera y la juventud griegas. Como tal, no nos estaríamos exagerando al decir que el sufrimiento que han experimentado las masas griegas se ha prolongado debido al nefasto papel que jugó Syriza.

De la misma manera, los homólogos de Syriza en Puerto Rico están tratando de vender la ilusión de que con sólo cambiar las personas que administran el Estado colonial, se pueden alcanzar cambios sustantivos en la vida de las masas obreras. Esta es una mentira muy común de los políticos liberales.

No obstante, ha surgido mientras tanto un importante cambio desde dentro del panorama político puertorriqueño que aún no se entiende completamente. Actuando en base a sus instintos básicos, la clase obrera ha comenzado a organizar nuevos instrumentos en sus esfuerzos para montar una respuesta a la última ofensiva de la clase dominante. En su esfuerzo por oponerse a las medidas de austeridad, que en realidad constituyen una nueva etapa en la lucha de clases librada por los capitalistas, los trabajadores sindicalizados han comenzado a organizar asambleas para discutir y desarrollar respuestas a la política pública impulsada por los representantes políticos de la clase dominante. Es cierto, estos esfuerzos sufren todavía de todos los síntomas del reformismo, es decir, la ilusión de que se puede ‘arreglar’ el orden capitalista actual. Sin embargo, la importancia de estas asambleas radica en dos aspectos muy importantes: en primer lugar, la forma espontánea, aunque todavía tentativa, en que los obreros están trascendiendo la estrecha concepción sindicalista de lucha, circunscrita a las necesidades económicas inmediatas de trabajadores en cada industria individual, hacia una lucha más abiertamente política en nombre de la clase obrera en su conjunto; y segundo, en la aparición de los embriones de nuevas instituciones estatales. En la medida en que estas asambleas adquieren un carácter permanente en el que los obreros mismos pueden elegir como representantes a sus mejores y más responsables elementos para llevar a cabo funciones legislativas y ejecutivas a su nombre, estos órganos no sólo representarán una fase superior de lucha de clases, sino también los componentes de un nuevo aparato estatal de la clase obrera misma.

La tarea de los comunistas es nutrir estas asambleas de trabajadores, además de los consejos obreros a nivel de cada centro de trabajo que les sirven de base, con una orientación estratégica guiada por el marxismo revolucionario.

En un sentido muy real, la existencia misma de estos cuerpos ha simplificado enormemente los criterios en los que los obreros deben basar todas sus valoraciones políticas actuales. Por un lado, están todos los que deseen dar nueva vida a las putrefactas instituciones políticas del orden capitalista en descomposición desde dentro. Estos incluyen los representantes de los viejos partidos políticos así como todos aquellos que promuevan nuevas formaciones políticas con el objetivo de ocupar su lugar. Por el otro lado, están los que luchan para fortalecer y acelerar el desarrollo de nuevos órganos compuestos por los obreros mismos y que constituyan el germen del futuro gobierno obrero, los consejos y asambleas de obreros. Las líneas divisorias se han trazadas: ¿Las instituciones políticas de los capitalistas o la Asamblea de consejos obreros? Así es como se plantea la cuestión en la actualidad.

¡Qué se pudran desde adentro todas las instituciones moribundas del orden capitalista! ¡El futuro pertenece a la Asamblea de Consejos Obreros!

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