Lecciones sobre la capitulación de «los seis»

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Los "seis" en tiempos mejores

Carlos Borrero

Especial para Abayarde Rojo Digital

La lucha de clases se libra también dentro de los sindicatos.  Hoy, somos testigos de este hecho con una mayor claridad.  Seis líderes sindicales de empleados públicos se quitaron las máscaras recientemente para revelarse como copartícipes con el gobierno colonial en la facilitación del saqueo llevado a cabo por el capital financiero.  Las concesiones al gobierno colonial acordadas bajo el pretexto del sacrificio compartido son una farsa que condena a cientos de miles a la miseria mientras que el parasitismo financiero sigue sin frenos.  El hecho de que el 90 por ciento de los trabajadores del gobierno central estén representados por estos sindicatos, en un país donde el estado colonial es el mayor empleador, significa que el resultado de estas negociaciones tiene enormes consecuencias para la clase obrera en su conjunto.

Los "seis" en tiempos mejores

La tentación será de catalogar el comportamiento de estos líderes como una traición; una carencia de principios o una deficiencia de algún otro atributo personal de los dirigentes sindicales.  La realidad sin embargo es que esta es una característica común de lo que se conoce como la política tradeunionista.  La política tradeunionista es una forma estrecha de lucha obrera enfocada exclusivamente en cosas como un los aumentos salariales, paquetes de beneficios, etc., sin atacar la explotación de trabajo en sus cimientos.  Como este tipo de lucha se contiene completamente dentro del marco de lo aceptable para los capitalistas, es para los defensores del sistema la forma preferible de toda lucha obrera.   En el mejor de los casos se logra un aumento salarial suficiente para seguir el ritmo de la inflación.  En el peor de los casos, como lo que acabamos de ver, la dirección sindical dirige la capitulación descarada de sus matrículas.  En ambos casos, la dirección sindical, limitada por la política tradeunionista, sirve como agentes de los intereses capitalistas; como un componente del misma aparato estatal que oprime a los trabajadores.  Tanto en términos de los salarios exagerados que ganan como en su tono conciliador hacia los capitalistas y sus representantes políticos, estos líderes sindicales se perciben como burgueses.  Son completamente corruptos y despreciables.[i]

Quedan dos cuestiones cuya resolución tiene implicaciones sumamente importantes para la educación política de la clase obrera.  Primero, dado el carácter reaccionario de su dirección, ¿son los sindicatos un campo de lucha que vale la pena para los socialistas?  Segundo, ¿cómo logramos los socialistas que los obreros trasciendan esta política tradeunionista?

Contestamos la primera cuestión en lo afirmativo.  A pesar del carácter reaccionario de la dirección sindical en muchos casos, los socialistas tenemos que distinguir entre los líderes y la militancia obrera.  Las organizaciones obreras como los sindicatos surgieron históricamente como instrumentos de autodefensa.  Mientras exista la explotación capitalista, los trabajadores necesitan organizaciones para defenderse contra los capitalistas y sus representante políticos.  La penetración de la influencia corruptora de elementos burgueses y pequeño burgueses es una realidad inevitable en cualquier ámbito de la lucha entre el capital y el trabajo.  Sólo una lucha consecuente y militante puede contrarrestar esta influencia.  Precisamente por eso sería un error grave concluir que los socialistas deberíamos simplemente abandonar este terreno a los agentes del capital.  En pos de que los obreros desarrollen una conciencia de clase revolucionaria los socialistas tenemos que ir adondequiera que estén con nuestra propaganda.  El carácter reformista y conciliadora de estas organizaciones sólo significa que nuestros cuadros socialistas tienen que despojarse de todas sus concepciones románticas sobre cómo los trabajadores los recibirán.  Deben de prepararse para librar una lucha intensa dentro de estas organizaciones y ganarse a los trabajadores con la claridad y la exactitud de su propaganda socialista, así como la firmeza de su comportamiento.  Sólo de esta manera podremos ganar más adeptos de dentro de la clase obrera organizada capaces de ejercer influencia en las organizaciones sindicales, tanto las viejas como las que quedan por formarse, y dirigir a los demás trabajadores sobre la base de las ideas socialistas.

Con respecto a la segunda cuestión, es precisamente el alcance, la eficiencia y la calidad de nuestra propaganda socialista que determinan cómo los trabajadores superen los estrechos límites de la política tradeunionista.  En la actualidad, el aparato mediático socialista en Puerto Rico está muy limitado a pesar de los mejores esfuerzos de los cuadros dedicados a esta labor.  Los periódicos socialistas se publican mensual o trimestralmente.  La presencia socialista en el internet es mejor, pero las actualizaciones siguen siendo irregulares y no hay información sobre el número de trabajadores que leen las publicaciones en línea.  La presencia socialista en la radio y la televisión es prácticamente inexistente.  Las revistas socialistas que tratan de cuestiones teóricas, la filosofía, la ciencia, etc. no existen en nuestro país, lo cual es otro factor que inhibe el desarrollo ideológico de nuestros cuadros más dedicados y compromete la calidad de nuestra producción teórica.

La historia de las luchas revolucionarias del proletariado nos enseña que sólo la agitación y propaganda socialistas pueden elevar la conciencia de clase de los trabajadores para trascender la política tradeunionista.  Por agitación entendemos las campañas sistemáticas de denuncias políticas que realizamos para llamarle la atención de los obreros a las injusticias, la corrupción o los numerosos casos de explotación y represión en el diario vivir.  Por propaganda entendemos la explicación más elaborada de la explotación capitalista y la represión del estado burgués además de la necesidad del socialismo.  Pero esta agitación y propaganda tienen que ser consistentes y extensas para que la ideología revolucionaria cale lo suficientemente hondo en la clase obrera.

Todos estos factores apuntan a la necesidad urgente de desarrollar el aparato mediático socialista en Puerto Rico.  La vil campaña llevada a cabo por la prensa burguesa colonial para demonizar a los trabajadores del sector público que se han opuesto a la capitulación ante los capitalistas sólo aumenta la urgencia de esta labor.  Este llamado es consistente con el aporte leninista al marxismo en que la prensa revolucionaria – en nuestros tiempos podemos decir todo el aparato mediático socialista revolucionario – sirve tanto para elevar la conciencia de los trabajadores como para organizar el partido revolucionario mismo.  (En su entrada más reciente, el 8 de junio, los editores del Abayarde Rojo han hecho un llamado similar.)

La crisis que le aqueja los trabajadores del sector público en particular y la clase obrera en general no puede resolverse más que con la intervención de los mejores elementos de la clase obrera organizados en un partido revolucionario.  Pero esta intervención tiene que ser de carácter revolucionario.  Para que esto se de, tenemos que construir una infraestructura mediática adecuada para hacerles llegar a amplios sectores de la clase obrera las ideas del socialismo.


[i] La dirección de la UAW, cuyos representantes también estuvieron en la mesa con el gobierno colonial, es un ejemplo muy aleccionador de la completa unión de intereses entre la dirección sindical y los capitalistas.  Anticomunista hasta el tuétano, después de purgar los elementos radicales durante los 50 y 60, la dirección de la UAW ha “negociado” numerosas concesiones a los capitalistas mientras que los dirigentes del sindicato ocupan puestos en las juntas ejecutivas de las compañías automovilísticas y sus suplidores.  Fue uno de los primeros sindicatos en acordar un sistema salarial de dos niveles para dividir los obreros y rebajar el salario promedio.

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