Se «conmemora» otro aniversario de infamia colonial

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Cada año, durante estas fechas la clase trabajadora  aprovechamos estos días para compartir con nuestros seres queridos, descansar, recuperar fuerzas para continuar la lucha contra la demagogia, el oportunismo, el liberalismo y por supuesto, contra las políticas neoliberales de los guaynabitos de turno. Nos desconectamos  durante este «fin de semana largo» sin tener conciencia de a qué se debe que la burguesía colonial nos «conceda» estos días descontándolos de lo que acumulamos de vacaciones (por supuesto, acumuladas por aquellos que cada vez son menos  tienen plaza permanente).

Sabemos que es el día del Estado Libre Asociado (ELA) pero no reflexionamos sobre las profundas implicaciones negativas que tiene el actual  «estado de derecho», es decir, la colonia capitalista. Régimen establecido en 1898 con la invasión militar estadounidense y maquillado en 1952 con la fundación del ELA  luego de la represión feroz contra comunistas y nacionalistas.

Escuchamos consantemente a los corifeos apologetas de la colonia argumentar demagógicamente sobre la conformidad que tenemos con el ELA, «¡busquen la mayoría!» nos dicen a la clase obrera revolucionaria cuando hacemos planteamientos de cambio. Inundan la radio con estos «expertos» con voz de locutor, exponiendo de forma pausada y racional sobre «las virtudes y del potencial inagotable de crecimiento del ELA».

Desde luego estos burguesitos, que llevan enriqueciéndose por décadas de la colonia, viven enajenados de la dramática realidad que vivimos. La crisis social, ambiental, económica y política que padecemos las y los trabajadores es consecuencia directa del sistema capitalista colonial. Esta es una condición indigna porque nos niega las posibilidades de desarrollarnos de la forma que querramos y relacionarnos con los pueblos que entendamos mejorarán nuestras posibilidades de mejorar el nivel de vida actual.

Las y los comunistas estamos de acuerdo con los sectores independentistas y nacionalistas en que este sistema indigno hay que ponerle fin inmediatamente. Sin embargo, nuestra posición es que no podemos impulsar una «independencia» mediatizada que se traduzca en condiciones de mayor explotación y represión para la clase trabajadora en beneficio del capital financiero y los amos de la nueva república. El objetivo no debe ser la «independencia» a toda costa.

Sería beneficioso para la Revolución que la clase trabajadora tuviésemos una ideología nacionalista de corte antiimperialista para poder adelantar tareas importantes en los terrenos ideológicos y organizativos que nos colocasen en posición de avanzar hacia posiciones revolucionarias de clase.

El debate debe girar en torno a cómo la clase trabajadora nos posicionaremos para asegurar nuestros intereses en cualquiera que sean las circunstancias políticas que parecen avecinarse de forma inexorable. Para eso debemos continuar trabajando en elevar nuestro nivel de conciencia y en mejorar nuestras formas organizativas de lucha para colocarnos en posición de fuerza en caso de un escenario adverso a nuestros intereses, ya sea en la colonia, en la estadidad o en la república mediática.

Para eso contamos con la única herramienta que cada día  demuestra más en la práctica que tiene el potencial de  agrupar y organizar diversos sectores de nuestra clase, el  Frente Amplio de Solidaridad y Lucha , el FASyL. Esta  herramienta fue fundada por más de 50 organizaciones en  2009 y que poco a poco la fueron abandonando por  diversas razones. Esas mismas organizaciones llevan  tiempo tratando de organizar otros «frentes» que impulsan  propósitos ajenos a las necesidades y aspiraciones de  nuestro pueblo. Estos frentes se plantean desde las  «grandes personalidades» mediáticas de la llamada izquierda independentista y no atacan los problemas fundamentales necesarios para adelantar cualquier proceso verdadero de descolonización: conciencia y organización de las bases.

Los sectores pequeñoburgueses que impulsan la independencia y/o la sobreanía (lo que sea que eso signifique a la luz de su relación con el capital financiero) deben comprender que cualquier proyecto de liberación nacional, es decir, de romper las ataduras del capital, será consecuencia de nuestra liberación política y económica como clase trabajadora.

¡No habrá verdadera independencia si no rompemos con el capitalismo!

¡Comunismo o barbarie!

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