Relato de una mujer trabajadora

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Por Elizabeth Padrón Alfonso

Elizabeth la tercera de cuatro hij@s, reside en un campo de algún pueblo en el Oeste. Desde los ocho años y para cumplir con una de las tareas asignadas dentro de la organización a la que pertenecía en la Iglesia Católica, escogió ayudar a viejitos necesitados. Su tío Juny, entonces funcionario de gobierno identificaba hogares de viejit@s que vivieran sol@s con algunas carencias básicas. El abuelo de Elizabeth, Catalino, quien era dueño de un colmado, preparaba una “compra” antes de cada visita. Cada sábado Juny llevaba a  Elizabeth y a Noe su prima de dieciséis años, a una casa distinta en Añasco o Mayagüez. A las ocho de la mañana el tío hacía entrega de “la comprita” al viejit@ y se iba. Mientras Noe cocinaba, Elizabeth limpiaba la casa  y ambas lavaban la ropa sucia que hubiera.

Elizabeth creció y entró a estudiar a la Universidad. Ella quería estudiar en la IUPI pero su papá no se lo permitió porque una jovencita de dieciséis años “se perdería” si se iba a vivir a San Juan. Debía estudiar en el “alma máter” de papá y educación como él.  Surgió la lucha de Vieques contra La Marina y Elizabeth quiso ir a Vieques pero su papá no se lo permitió porque era peligroso y la arrestarían.  Además, ¿por qué sacar a La Marina de Vieques si ella estudió gracias al sueldo militar de su papá? “Déjale eso a los independentistas”, dijo.

Con 30 años, casada y con un bebé, Elizabeth asiste a una asamblea comunitaria convocada por el Programa de Comunidades Especiales. A pesar que siempre vivió en esa comunidad no conocía a nadie de l@s presentes, nunca se había vinculado con nadie de “ese sector”. Para su sorpresa y de manera unánime la escogieron como presidenta para la organización que se proponía.

La inquietud que tenía de niña y que aún no reconocía, aumentó. Fundó una corporación comunitaria. Junto con importantes líderes comunitari@s, en su mayoría mujeres, desarrollaron programas educativos, culturales, el mejoramiento físico de la comunidad, mejoras permanentes al sistema de agua potable (el 50% de la comunidad carecía del servicio), se desarrollaron nuev@s líderes, en más de una ocasión acudieron con éxito a la prensa para que sus reclamos fueran atendidos, etc. Junto a otros líderes que comenzaban a desarrollarse en el país,  recibió capacitación, adiestramientos y una gama de experiencias para y con líderes comunitarios.

Con la inquietud de poder “ayudar” a más comunidades, aceptó la propuesta para ser Organizadora de Desarrollo Comunitario para la Oficina de Comunidades Especiales. Pero, “éste era un trabajo para hombres porque había que estar hasta altas horas de la noche en “la calle”, viajando por toda la isla y reuniéndose con hombres a distintas horas, una mujer no hace eso”. La experiencia fue única y enriquecedora por demás.

Elizabeth, en cambio, opinaba de manera generalizada  que “las uniones eran para criar vag@s”. Su conciencia respecto a la clase obrera era casi ninguna y muy prejuiciada.  Los y las trabajador@s en la Oficina de Comunidades Especiales, donde trabajaba entonces, decidieron organizarse sindicalmente. Elizabeth, fue escogida por sus compañer@s como delegada de su región no por su conocimiento sindical sino por sus luchas comunitarias. Ell@s pensaron que podría hacer un buen trabajo y ella aceptó sin saber por qué. Sin dejar atrás el apoyo a las luchas comunitarias fue poco a poco interesándose por las luchas de la clase obrera.  Recibiendo capacitación relacionada fue reconociendo el vínculo entre ambas luchas. Fueron muchas las luchas desde este “nuevo” frente. Unas se ganaron otras no pero igual se dieron. Como sindicalista ayudó a conformar el Consejo Regional del Oeste del Frente Amplio de Solidaridad y Lucha (FASyL).

Hoy Elizabeth, cesanteada por la Ley 7 y madre soltera continúa haciendo trabajo voluntario para PROSOL UTIER, para el FASyL Oeste y para algunas estructuras comunitarias.

“Hace unos meses atrás en una actividad con importantes líderes sindicales fuera del país pregunté: ¿Ha habido alguna mujer presidenta de este organismo? R: No pero está comenzando a haber dirigentes mujeres en los organismos regionales, P: ¿A qué usted cree que se deba el que una mujer no ha llegado a ocupar tan importante cargo dentro de esta organización? Para mi sorpresa y la de l@s presentes… R: Puede deberse a distintos factores pero debemos recordar que – chiste- “El hombre trabaja y la mujer es quien gasta el cheque”…

“El rol de la mujer en las distintas luchas es vital y la defensa de nuestros derechos igual. Muchas veces somos prejuiciadas, por nuestra edad, por el lugar en donde vivimos, porque “no hablamos bonito” (que no es lo mismo que nivel de instrucción no de educación) o simplemente por nuestra condición de ser mujer. Este discrimen, lamentablemente lo encontramos soslayado aun dentro de las organizaciones que se dicen ser progresistas o de avanzada. La tarea es bien difícil por la cantidad de responsabilidades diarias con las que debemos cumplir y por los estereotipos que debemos combatir. “Son muchos los sombreros” a la vez pero no podemos permanecer inertes ante la injusticia al pueblo trabajador, a nuestras comunidades y a nosotras mismas. Si queremos lograr cambios en las estructuras sociales tenemos la responsabilidad formar parte de ellos, tenemos que impulsarlos y en muchos casos provocarlos.”

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