Edición impresa — mayo de 2011 — Editorial

0
1276

El texto que aparece en portada debajo del titular ¡Rompamos las cadenas! es una cita directa de las últimas líneas del Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Carlos Marx y Federico Engels en el invierno de 1847 – 1848. Unas semanas después de publicado por la Liga Comunista como su declaración política, se levantaron las barricadas en París, un preámbulo de la ola revolucionaria que recorrería Europa durante el resto del año.

La revolución europea de 1848 no fue el resultado de la publicación del Manifiesto Comunista, como se llama hoy al histórico documento. Más bien, tanto la publicación del Manifiesto, como las insurrecciones populares que arroparon a Europa ese año, fueron ambas productos convergentes de la misma crisis económica y política que se creaba al momento de zafarse el sistema capitalista de la camisa de fuerza del Antiguo Régimen que le impedía su expansión ininterrumpida.

Años después, tras sus estudios económicos, Marx pudo reflexionar que en 1848, lo que ocurrió fue una convulsión en el parto del sistema capitalista. El germen de lo que ocurría en Inglaterra, donde estallaba la más asombrosa expansión industrial, contagiaba todas las sociedades en su ámbito europeo, y chocaba contra las antiguas estructuras de dominio y explotación del viejo régimen. Se desataba una época de reajustes revolucionarios. Lo que Marx y Engels descubrieron es que la clase capitalista, que quiere abrirse paso, y abrirle paso al mercado mundial, no puede ejercer su dominio sin crear una clase radicalmente revolucionaria; la clase que al emanciparse del capital, emancipará a todas las sociedades de la explotación de las mayorías laboriosas por unas minorías parasitarias.

Las conquistas de la clase capitalista estaban condenadas a su propia negación por la clase que se formaba en torno a sus fábricas y sus máquinas.

Esa clase, que sirvió de motor revolucionario en 1848, empujando a los burgueses timoratos a confrontar en las calles, con las armas en la mano, a las fuerzas absolutistas reaccionarias, fue traicionada por esa misma burguesía. Las fuerzas liberales de la clase burguesa terminaron aliándose con las aristocracias reaccionarias para frenar a las demandas republicanas y de democracia radical de los trabajadores.

Ésa fue una de las grandes lecciones de las revoluciones de 1848: los trabajadores tenían que organizar sus propios partidos, y no convertirse en el ala izquierdista de los partidos burgueses, ni de la pequeña burguesía patriótica.

Alianzas, sí, con todas las fuerzas que promuevan el avance democrático de las sociedades, y medidas económicas y políticas que beneficien al proletariado como clase, comenzando por una educación pública, gratuita y de calidad para los hijos de todos los trabajadores. La salud de los trabajadores es un derecho fundamental, y no una fuente de acumulación más para el capital financiero. Un sistema de salud pública, gratuita y universal es una reivindicación inmediata alrededor de la cual podemos luchar unidos con otros sectores de la sociedad. Así hay muchos más: amplios derechos democráticos para toda la sociedad; las causas ambientalistas; los derechos de género y orientación sexual; los derechos de las comunidades a desarrollarse económica y socialmente, con un sentido comunal y solidario; en fin, dondequiera que surja una causa reivindicativa, los comunistas estarán luchando, hombro con hombro, contra un mismo opresor: el sistema de propiedad privada.

Según se profundiza la crisis de la colonia, los puertorriqueños encaramos la urgencia de ejercer nuestro derecho a la autodeterminación y a la independencia. Los comunistas estaremos impulsando nuestras propias posiciones internacionalistas, trabajando con el pueblo hacia una confederación revolucionaria, primero con nuestros hermanos caribeños, pero de igual manera con nuestra gran familia proletaria de América Latina y Norteamérica.

Ésa es la lección principal del Primero de Mayo, cuando los trabajadores de Estados Unidos le lanzaron un reto a la clase capitalista justamente en vísperas de su gran aventura imperialista. Esa aventura desembocó en el dominio colonial y neocolonial de Cuba y Puerto Rico, que luego se expandió por todo el hemisferio. El Primero de Mayo fue el choque frontal entre esa burguesía imperialista y sus sepultureros, los trabajadores de sus fábricas, que con su sacrificio le identificaron a todos los proletarios del mundo que nuestra lucha es una, y que unidos no tenemos nada que perder, como no sean nuestras cadenas. Tenemos, en cambio, un mundo entero que ganar.

Las revoluciones de 1848 estallaron en la infancia del capital. El Primero de Mayo fue un choque monumental entre el proletariado y una clase capitalista que llegaba a su vigorosa madurez. Los trabajadores de la segunda década del siglo 21 confrontamos un sistema capitalista en crisis irreversible. Las revoluciones del siglo 21 adquieren una dimensión internacional. Las luchas callejeras en El Cairo rebotan en Madison, Wisconsin. La revolución puertorriqueña —nadie se llame a engaño, la crisis colonial se va a tornar en un conflicto revolucionario— será un eslabón débil de la cadena imperialista. Las fuerzas que se van a desatar en Puerto Rico van a iniciar convulsiones más poderosas en Estados Unidos. Esa crisis imperialista no la vamos a crear los comunistas. Será el resultado de las contradicciones de la propia gestión de un sistema que ya no tiene nada que ofrecerle a la humanidad, que no sea explotación económica, degradación ambiental y guerras.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

What is 12 + 10 ?
Please leave these two fields as-is:
¡Importante! Para comentar en este blog tendrá que resolver la ecuación matemática. De esa manera la administración de este blog entenderá que usted es un humano y no un proceso computadorizado.