Editorial —La Universidad no será de Wall Street

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El estudiantado en lucha vuelve a escribir una nueva página gloriosa en la historia del movimiento estudiantil del país. Sin embargo, la situación de nuestra universidad dramatiza la crisis social, económica y, sobre todo, política que vive Puerto Rico. Vamos, literalmente, en caída libre.

El régimen colonial agoniza. La burguesía titubea sobre qué camino tomar pero, mientras decide, aplica la teoría de sálvese quien pueda, e intenta imponernos un modelo económico que destruiría nuestro patrimonio natural y social. Los guaynabitos están desesperados por cumplir con los designios de Wall Street porque, por supuesto, también les tocaría su tajada, no sólo proveniente de los despojos de la Universidad, sino también del resto de las APP, de las cuales se convertirán en bonistas. Se enriquecieron robándole al pueblo y ahora pretenden prestarnos nuestro dinero, pero con altísimos intereses.

Como parte de esa desesperación, se han saltado su propia legalidad. Hablan de democracia, ley y orden, pero eliminan derechos contenidos en sus propias leyes. Los administradores de la Universidad ignoran sus procedimientos internos y ceden sus funciones a elementos disociadores como el asesino Figueroa Sancha, quien expulsa estudiantes a capricho y militariza los recintos. Los guaynabitos coquetean con el fascismo.

Aunque los regímenes fascistas tienen otras características sociales y a nivel productivo, no cabe duda que podríamos estar encaminándonos a una modalidad de “fascismo endógeno”. Después de todo, en esta colonia se han ensayado experimentos sociales que han mutado a través de las décadas; éste podría ser otro más.

Estas actuaciones deben ser demostrativas a los trabajadores, a los marginados y oprimidos de esta sociedad, de que la democracia de la burguesía es una falacia. Que todos esos derechos que le encanta cacarear sobre nuestra sociedad —“amante de la democracia y, sobre todo, de la ley el orden”—pueden ser eliminados de un plumazo por sus tribunales.

No cabe duda de que el estudiantado ha estado a la altura de las dramáticas circunstancias mostrando valor, creatividad y compromiso. Ese valor demostrado durante la huelga en curso, en contra de todas las provocaciones y agresiones de la policía y otros funcionarios de gobierno, ha puesto en evidencia la cobardía de la cúpula de fascistas que gobierna el país. Los guaynabitos han tenido que reconocer el daño político que les ocasionó la intervención de la Capitol de Chiky Starr, los actos de sabotaje dentro del campus y la represión de la expresión a través de la violencia, y se han sentado a dialogar. Aunque no debemos albergar muchas esperanzas sobre esas conversaciones, sí se hace evidente que ante la valentía y la tenacidad del estudiantado en lucha se han acobardado y exploran nuevas formas de dividir al movimiento estudiantil.

Pero la lucha por la Universidad no es sólo de los estudiantes, y no se limita a la institución. Tiene que ver además con el bien social que hemos construido los trabajadores con décadas de sacrificio para que nuestros hijos hagan valer su derecho a tener acceso a una educación pública de excelencia y al menor costo posible. Se relaciona, también, con todas las luchas sociales que está dando el pueblo y las que nos preparamos para dar en el futuro inmediato.

Para detener los nefastos planes de los guaynabitos y sus amos de Wall Street, debemos continuar los esfuerzos por integrar organizadamente a la lucha universitaria a todos los sectores que luchan contra el capital desde sus trincheras. Después de todo, nos une un denominador común: o derrotamos la voracidad insaciable del capital… o desaparecemos.

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