¡Arde Francia!

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Viva la lucha de los trabajadores y jóvenes franceses

Fecha: Jueves 21 de octubre de 2010
Por: Juan Chingo / La Verdad Obrera

La lucha de los trabajadores y jóvenes franceses no ha hecho más que radicalizarse. Dos nuevas jornadas de manifestación masivas, la escasez de combustible como consecuencia de la paralización completa de las refinerías de petróleo y el bloqueo de innumerables depósitos de combustibles, la revuelta y movilización explosiva y en muchos casos violentas de los liceístas, como en las ciudades de Lyon o en la banlieue parisina, el surgimiento de centenares de activistas que apoyan a los distintos sectores en huelga, los comienzos de auto-organización aun débiles pero que empiezan a surgir así como el salto en la respuesta represiva del gobierno, lo testimonian. Los prolegómenos de una huelga general política que combina 1995, 2005 y 2006 y mucho más.

El actual movimiento en Francia testimonia, por un lado, la acumulación de experiencias de la clase obrera francesa desde el ciclo de la lucha de clases abierto con los acontecimientos de 1995, que marcaron un punto de inflexión expresando la resistencia a la ofensiva neoliberal en Francia como a nivel mundial. Pero señala, a su vez,una escalada superior en la recuperación de la clase obrera francesa y mundial.

El actual movimiento combina elementos de las luchas de 1995, 2005 y 2006 y sobre todo mucho más. De 1995, tiene el componente de paro y movilización de los sectores públicos, en especial de los ferroviarios que han votado en varios lugares la continuidad de la huelga. De 2006, tiene la irrupción violenta, masiva e impredecible de la juventud, en especial de la juventud secundaria que llevó a la derrota al gobierno de Villepin en la lucha contra el CPE. Lo más atrasado es el movimiento estudiantil universitario, que comenzó recientemente las clases y permanece aún golpeado por los efectos de la derrota de la aplicación de la Ley de Reforma Universitaria en la primera parte del gobierno de Sarkozy. Sin embargo, si la actual situación continúa, no está descartado que entre al combate, como algunos pequeños síntomas y asambleas en varias universidades del país comienzan a testimoniar. De 2005, están presentes las acciones de los secundarios en las banlieus, donde muchos bloqueos de los liceos por la inmediata y brutal represión policial se transforman en pequeños motines urbanos. Sin embargo, estas revueltas elementales, a diferencia de 2005 donde se generalizaron pero quedaron aisladas del resto de los sectores sociales, puede en muchos casos constituirse en el batallón más explosivo del conflicto social de conjunto. Pero lo que lo lleva más allá de estos grandes hitos de la lucha de clases y la subjetividad de la clase obrera y la juventud francesa del ciclo de la lucha de clases abierto con 1995, son los siguientes elementos ausentes de los anteriores jalones:

a) la entrada en la huelga de trabajadores del sector privado, los más golpeados por la ofensiva neoliberal que se aplicó desde el gobierno de Mitterrand a estos años, cosa que no se había dado incluso en 1995. La huelga de las refinerías es la muestra más elocuente. Pero este sector de avanzada es la punta del iceberg de un movimiento más amplio que ya se viene expresando en algunas fábricas paradas, algunas que hacen interrupción espontánea por algunas horas de tareas y sobre todo en miles de trabajadores privados de las grandes empresas, e incluso de las Pymes, que han participado en algunas de las distintas marchas que se han organizado. Esto no significa negar que hay una gran desigualdad entre los trabajadores de las refinerías o los portuarios como los de Marsella, cuya ubicación en sectores estratégicos de la producción nacional les otorga una mayor fortaleza y conciencia de su poder, y otros sectores del proletariado industrial, en especial el metalúrgico, automotriz y de otras ramas, en el cual todavía pesan más los efectos de las derrotas acumuladas por la clase obrera en estas últimas décadas y donde el control patronal es más firme. Esta desigual maduración del actual movimiento en la clase obrera industrial del sector privado, puede ser una traba para que la huelga general se extienda como fue el caso del Mayo de 1968. Sin embargo, como testimonian informes patronales, la actual agitación que asola al país podría llegar a las fábricas más temprano que tarde. Así, de acuerdo a una nota publicada recientemente por la Asociación Empresarial y Personal, que agrupa a más de 150 gerentes de recursos humanos de grandes grupos, las empresas no son inmunes. La misma afirma: “La reforma en sí misma seguro les va a impactar -la gestión de las carreras más largas, las negociaciones sobre el trabajo insalubre… así como el clima social nacional también es probable que influyan sobre las empresas. Globalmente, ‘el escenario más probable para 2011 es de un clima social pesado’…Un cóctel ‘rara vez visto…’con un riesgo de radicalización de los conflictos. ‘Este endurecimiento es consecuencia de lo que sucede a nivel nacional’, dice Pierre Basilien, director del proyecto Empresa y Personal. ‘Los activistas se sienten movilizados, reanimados. Con la ausencia de negociaciones en materia de pensiones, los equipos sindicales en el terreno están listos para la batalla”1.

b) la entrada de sectores más amplios de la juventud es un elemento distintivo del actual conflicto. Hasta ahora sólo la juventud entre 16 y 23 años, esto es la juventud secundaria y universitaria, se habían manifestado en varias ocasiones en el ciclo previo de la lucha de clases en Francia. Pero en muchos sectores en huelga se comienza a ver a los otros dos componentes de la juventud, la que recién ha entrado al mercado de trabajo de entre 23 y 28 años que ocupa en muchos casos los trabajos más precarios y el más temeroso de entrar en huelga y la última capa, muchos de los cuales son parte de los trabajadores más radicalizados, podríamos decir una tercera juventud, de 28 a 35 años, que mayoritariamente dependen económicamente de sus familiares, hoy sostienen el conflicto en ramas como la de los refineros, donde algunos de ellos son delegados. Las encuestas que, a su vez muestran que los sectores más dispuestos a ir hasta el final están entre los más jóvenes, en especial entre empleados y obreros.

c) la combinación de huelga indefinida entre trabajadores públicos y privados -incorporándose recientemente los camineros con acciones escargot (“caracol”) que entorpecen el tránsito y los bloqueos a refinerías, depósitos de petróleo y empresas- con la entrada explosiva de la juventud secundaria (más lentamente los universitarios), pone al conflicto en un nivel superior que mezcla manifestaciones de masas, paros indefinidos en sectores y agitación juvenil con brotes de violencia, transformándolo en un conflicto eminentemente político que compromete a las direcciones sindicales que no saben cómo salir del mismo y que han visto con malos ojos la entrada de la juventud secundaria. Es evidente que la lucha contra la reforma de las jubilaciones ha actuado como catalizador de todas los padecimientos y sufrimientos de las masas, exacerbados por las crisis, en el marco de un profundo odio anti sarkozysta; esa derecha desacomplejada que quería transformar el país y terminar con el síndrome del ‘68 y, por el contrario, lo está avivando como nunca desde que la clase obrera sufriera un norme retroceso en su organización y su conciencia, durante los años de la ofensiva neoliberal que se impuso sin grandes derrotas después del fracaso del Gran Sueño.

d) La tendencia al desborde de las direcciones sindicales, que se han visto obligadas a acelerar el ritmo de las jornadas de acción y han dejado correr las huelgas indefinidas de distintos sectores, pero cuidándose de brindar una perspectiva de conjunto y sin llamar una huelga general indefinida a nivel nacional. Esta situación, ha dejado con el pie cambiado a la CGT, las más importante de las grandes centrales sindicales y la última que pegó un salto hacia el colaboracionismo durante el sarkozysmo, que no alienta la radicalización pero teme separarse de los sectores más radicalizados y más duros, tanto de su central (sectores de ferroviarios, los mismos refineros, opositores a su actual conducción) como fuera de ella, como la central sindical minoritaria, SUD.

Ha sido esta política de las direcciones de no chocar abiertamente con la presión de la base ni con las acciones de los sectores más radicalizados, lo que ha retrasado el desarrollo de organismos de auto-organización. Esta es la principal debilidad del movimiento, que carece por ahora de la más mínima dirección alternativa que pueda sostener un enfrentamiento global con el gobierno. Ni siquiera cuenta con una dirección embrionaria como la que tuvo el movimiento anti-CPE, a través de la Coordinación Nacional, que reunía a los delegados de todas las asambleas y que sostuvo la pelea por el retiro de la ley. El desarrollo de la auto-organización obrera, de asambleas que abarquen cada vez más y más a todos los trabajadores en huelga, a la vez que la búsqueda de la convergencia y la coordinación de los distintos sectores profesionales, se torna decisiva así como el embrete a las direcciones sindicales para obligarlas a ir más allá de donde quisieran ir, o en caso contrario, ir desenmascarando el rol de estas direcciones que todavía gozan de mucho prestigio como muestra el ascenso espectacular de la popularidad de los sindicatos en el conjunto de la población. La otra pata de esta política es luchar en todos los sectores movilizados por un programa avanzado que, partiendo del grito unificador de abajo la reforma, pueda incorporar todas las demandas de la población y de los trabajadores y los jóvenes contra el desempleo, los bajos salarios, los cierres, la precarización, es decir, un programa para que la crisis la paguen los capitalistas y que haga de articulador de la lucha actual de carácter defensivo, a una de carácter ofensivo, si la huelga general indefinida se desarrolla hasta el final poniendo en cuestión al gobierno de Sarkozy. Por último, la organización de piquetes de autodefensa está cada vez más puesta a la orden del día frente a la creciente represión policial al conflicto y la intervención de la gendarmería, no sólo en la juventud secundaria, sino crecientemente a los trabajadores que paralizan sectores estratégicos de la producción, como los trabajadores de las refinerías.

Si Sarkozy no cede, arriesga a quemar el país o a quemar al “soldado Thibault”

El salto en la radicalización de los últimos días impide un cierre fácil del conflicto, como esperaban Sarkozy y las direcciones sindicales. Al primero, no le queda otra que el endurecimiento si no quiere que esta lucha se lo lleve puesto, apostando a romper el frente sindical, entre la dirección de la CGT y los sectores más duros y entre los mismos sindicatos. Lograr que en los próximos días vuelva a haber gasolina en las estaciones de servicio, después de que el gobierno fue tomado por sorpresa con la actual escasez frente al discurso de tranquilidad de los pasados días ante la huelga en las refinerías, va a ser un test difícil que pone en juego no sólo lo poco que le queda de credibilidad sino, y más importante, del control de la situación.

Frente a esta apuesta difícil y arriesgada, que puede exacerbar el enfrentamiento y la radicalización, una gran parte del régimen -representados en el periodismo, Dominique de Villepin en la derecha, los popes del Partido Socialista o en líder reformista de la CFDT, François Chérèque, exigen que el Senado suspenda la votación de la ley y que se embarque en una política de negociación y concertación, un “Grenelle de las jubilaciones” (en alusión a los acuerdos que desviaron el Mayo Francés) para evitar que la situación empeore y abortar las tendencias a la huelga general. Al cierre de este periódico, ésta no es aún la variante más probable debido a la intransigencia del gobierno. Sarkozy arriesga a quemar el país, obligando a las direcciones sindicales a ir más allá de lo que quisieran por miedo a ser sobrepasadas por sectores de la base, o en caso contrario, si estas deciden poner fin al movimiento o votando una pausa en la lucha, quemar a la dirección reformista de la CGT, el “soldado Thibault”, el principal factor de contención del régimen en todo el ciclo de lucha de clases post 1995.

Las direcciones sindicales, en especial la CGT han sido empujadas por la fuerza del movimiento a un lugar que no querían y del cual no saben cómo salir: la CGT no logra elegir entre los reformistas y los radicales. “Las organizaciones sindicales no van a decir alto de un día para otro, no es concebible”, ha afirmado Bernard Thibault el sábado. El jefe de la Central de Montreuil2 quiere dar promesas a su base contestataria, en la vanguardia de las huelgas renovables que lo criticaron por no convocar a una huelga general. Pero también debe evitar hacer estallar su dúo con François Chérèque3 que, según un experto, juzga peligroso continuar, pero no saben cómo salir sin ser considerado un traidor. Al igual que en 2003…”4. En conclusión: Sea cual sea su decisión, la disputa sobre las pensiones dejará rastros. ‘Las centrales reformistas saldrán desacreditadas después de su fracaso para influir en la elección del gobierno, analiza un experto. Y los más radicales saldrán fortalecidos en su estrategia de golpear más fuerte”5. La de Sarkozy podría ser, en el mejor de los casos, una victoria pírrica, que debilitaría enormemente a los lugartenientes del capital en el seno del movimiento obrero francés, unos aliados inestimables frente a los próximos combates que se vienen al calor del rigor y la persistencia de la crisis económica, aumentando el riego de radicalización y de nuevos métodos y programas desde el vamos frente a los mismos.

Lo que está claro es que el octubre de 2010 francés dejará lecciones y trazos indudables para los trabajadores en el próximo período.

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