Una historia de dos ciudades

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por Moro de la Costa

Mientras que en Estados Unidos la industria del gas natural confronta una crisis de grandes proporciones, sus jerarcas se reúnen en Puerto Rico para celebrar una victoria fácil. Allá, la tragedia de San Bruno ha disparado la consciencia colectiva sobre los terribles peligros que ofrecen las líneas de transmisión de gas natural, y se está levantando una recia oposición comunal a las pretensiones de construir de estas líneas cerca de áreas pobladas. En Puerto Rico todavía las mentiras publicitarias llevan la voz cantante. Los bolsillos extrangulados de la clase trabajadora le dan la bienvenida a cualquier alivio. Muchos trabajadores puertorriqueños todavía toman de buena fe que el gas natural les va a reducir la factura de energía eléctrica, pero eso está cambiando. Más y más puertorriqueños están descubriendo el engaño. Van comprendiendo que el Gasoducto de la Muerte, que le están vendiendo como la fraudulenta Vía Verde, le presenta a miles de familias puertorriqueñas un peligro de destrucción y muerte. Para la inmensa mayoría de los puertorriqueños eso sería inaceptable.

Vega Borges
Todo sonrisas, Vega Borges recibe casi $20 millones para sus traqueteos políticos.

En New Jersey, el alcalde de Jersey City se ha unido a los ciudadanos para exigir que se detengan los planes de construir un gasoducto cerca de esa ciudad. La oposición es tan amplia, y la movilización ciudadana tan efectiva, que la prensa comercial local, siempre ávida de mantener su circulación, no le ha quedado más remedio que decir la verdad, y publicar los cientos y cientos de incidentes explosivos que ocurren regularmente a lo largo de estas líneas de transmisión. Cuando ocurren, como es la gran mayoría de los casos, en áreas despobladas, el efecto de la explosión y el fuego es impresionante, pero no cobra vidas. Cuando ocurre en áreas pobladas, como San Bruno, los efectos son catastróficos. Pero, eso es el Alcalde de Jersey City. Acá, en Toa Baja, donde se calcula que cerca de 5,000 viviendas de ese municipio estarían expuestas al peligro de una catástrofe como la de San Bruno, su alcalde Aníbal Vega Borges es un incansable defensor del Gasoducto de la Muerte. Los que creíamos que don Aníbal era de lo mejorcito dentro del PNP de los guaynabitos se nos ha caído la venda de los ojos. Es un Judas de su propio pueblo, capaz de condenarlo a una tragedia de grandes proporciones por unas cuantas monedas de plata.

La pregunta es, ¿podrá dormir de noche?

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