…lo que enajena es la sociedad

El siguiente escrito es la opinión de un trabajador en la sociedad puertorriqueña relacionado con el tema  de las drogas en relación a las tareas del movimiento socialista revolucionario marxista-leninista en Puerto Rico.

Un camarada una vez dijo –lo que enajena es la sociedad. Esta máxima puede parecer simple o más bien lógica, pero será materia  para analizar una postura política que atañe al movimiento socialista en nuestro país. Empezaremos señalando que nos referimos al movimiento socialista revolucionario marxista-leninista, no al “socialismo” sindical o reformista. Cuando señalamos el término sociedad debemos entenderlo como la estructura con todos sus componentes: infraestructura económica, en este caso, el modelo de producción capitalista, y la superestructura, es decir, el estado jurídico-político y las percepciones políticas, culturales, religiosas, etc. Esto último desarrollándose dialécticamente con lo primero, esto es, que dependiendo de nuestra realidad material (producción) se van desarrollando las percepciones y relaciones de los individuos y las percepciones van empujando a su vez las relaciones de producción, en fin, infraestructura y superestructura determinando nuestra vida en sociedad, que bajo el régimen capitalista de producción, enajena a la humanidad.

Partiendo de la siguiente premisa: “la materia existe y se manifiesta independiente de la conciencia humana y existe independiente de la voluntad de los humanos” (consideraciones objetivas), podemos generar una serie de conclusiones. Veamos, los modelos económicos de producción, incluyendo sus relaciones, se utilizan para manipular la materia (naturaleza). Esto hace que se desarrolle una conciencia colectiva “subyugada” a dicho modelo. Para esto se utilizan los medios de comunicación, iglesias, escuelas, etc. Si el sistema económico tiene como motor la explotación de la mayoría en beneficio de la minoría, y esa mayoría aun padeciendo penurias y tribulaciones no entiende la raíz de su problema se puede entender que la sociedad  enajena. Ahora bien, el socialismo revolucionario debe en primera instancia educar a esa mayoría, la clase trabajadora, con el objetivo de que adquiera conciencia de clase, que esto se traduce entre otras consideraciones a lo siguiente: tener conciencia plena de que el modelo de producción capitalista necesita de la explotación. Que se le extrae sudor y sangre al trabajador con el propósito de que una minoría acumule capital, por tanto, la motivación de producir no es para satisfacer las necesidades de la humanidad, sino, el beneficio de unos pocos y su prole.  Entonces, ¿dónde queda la prole del trabajador?

Luego de  entender una de las tareas  inmediatas del movimiento socialista revolucionario marxista-leninista (educar a los trabajadores sobre una base material), estamos en posición de tomar una postura respecto a las drogas. Bajo este modelo, capitalista, los comunistas  no podemos hablar de legalización ni de prohibición de las drogas. Se puede explicar con la siguiente premisa: para llegar a la revolución proletaria hace falta un buen partido de vanguardia que se guie por la filosofía materialista (histórico y dialéctica), el centralismo democrático, la democracia participativa y con un alto grado de conocimiento marxista-leninista; y personas con conciencia de clase, aplicando esto a toda persona aun si consume drogas. Lo expreso así de claro la conciencia de clases actúa independiente del consumo de drogas.

Vamos a despejar posibles dudas de ante mano. Los humanos manipulamos la materia (naturaleza) para satisfacer  necesidades fisiológicas. De acuerdo a como sean esas relaciones de manipulación (producción) se generan los códigos de conductas y todo tipo de percepciones morales. Por lo tanto consumir mariguana, cocaína y otras drogas no es lo que  enajena… es la sociedad. Si en la sociedad puertorriqueña se experimenta una degradación en las relaciones interpersonales el único elemento determinante es el capitalismo. En todo caso lo que tenemos que condenar es la forma en que se produce y se comercializa las drogas, las relaciones de producción. Definiendo lo anterior se puede establecer que el comercio de las drogas es una empresa privada que maximiza la producción de su producto con veneno y lo mercadea utilizando TODOS los medios posibles (al igual que otros productos de consumo en este sistema). Y en términos de moral revolucionaria condenamos todos los vicios, definiendo vicios como todo aquello que atente contra el bien común, contra la revolución.

Se puede entender que algún compañero entienda que las drogas afecten negativamente las tareas o la capacidad educativa, ya sea en el educador o en el educado, esto desde una perspectiva de lucha por el sistema de producción socialista. Lo aclaramos con un ejemplo simple, pero atinado. Aquel que come orégano por gusto, pero le hace daño por su estructura molecular, no puede comerlo si va a realizar una tarea, pues el dolor abdominal se lo impediría o limitaría. Pero no tenemos que prohibir el consumo de orégano a todos. Las drogas que alteran el sistema nervioso, claro está, pero no es lo que cambia la conciencia. No entiendan que esto es una defensa del consumo de drogas.

Para el enemigo de clase o algún compañero que pueda tener una percepción rectilínea relacionada al tema de las drogas y elucubre  que la convicción elaborada más arriba obedece a una defensa del consumo de drogas por interés personal, lo invito a entrar en un análisis profundo sin prejuicios construidos por el modelo de producción capitalista. Esto es lo que hace un  revolucionario proletario.

3 comentarios para “…lo que enajena es la sociedad”

  • moro:

    Al camarada que escribió estas líneas, lo felicito por tirarse al ruedo con sus posiciones de clase en relación al asunto de las drogas. Los comunistas no podemos caer en la pasividad ideológica. La lucha de las ideas es una manifestación de la lucha de clases, y es más incorrecto para un comunista quedarse sentado en las gradas y dejarle este campo de confrontación a otros, que lanzarse al terreno y cometer errores. De los errores uno siempre puede aprender, y la rectificación es una señal de crecimiento. Donde no hay crecimiento es en las gradas.

    De todas maneras, aquí van mis cuatro chavos de mortadella:

    Comencemos por otro ángulo: droga es una substancia que se ingiere, de algún modo, y que causa algún tipo de efecto —sea medicinal, recreativo, alucinogénico— en fin, un efecto que altera el funcionamiento normal de quien la ingiere. En ese sentido, el azúcar es una droga, como lo es la cafeína, la nicotina y el alcohol.

    Éstas son drogas con diferentes grados de adicción, pero no todas las drogas tienen que ser adictivas. La aspirina, por ejemplo, es una droga, pero no se conoce una adicción a la aspirina.

    Una cosa muy cierta que usted señala es que, como todo artículo que llega a ser objeto de necesidad o deseo en el régimen capitalista, la droga tiende a convertirse en una mercancía, lo que quiere decir que (a) alguien va a estar explotado produciéndola; (b) cuando se realice en el mercado, alguien se va a embolsicar la plusvalía que le extrajeron al trabajador explotado; y (c) esa plusvalía acumulada, al menos una parte de ella que no consuma el que se la embolsicó, muy probablemente entre en circulación como capital.

    Todavía no hemos tocado el tema de la legalidad burguesa, en la que se pueda criminalizar el uso de unas drogas y no de otras, y ya estamos insertados en los circuitos del capital mundial. Esto es porque, como usted bien señala, la legalidad o ilegalidad del consumo de una substancia es un fenómeno de la superestructura de la sociedad —en este caso de la sociedad burguesa— mientras que el factor económico está inmerso en la base material de la sociedad, en los circuitos de [Dinero] —> [Producción] —> [Mercancía] —> [Dinero +].

    Por esa razón, producir ron Bacardí, que le deja unas fortunas a esa corporación de raíces excubanas, es una droga perfectamente legal, pero producir ron caña, que le deja unos pesitos a don Tello, del Barrio Retranca, es un delito federal.

    Uno es un producto legítimo del régimen capitalista, el otro es una droga que tiene que ser criminalizada y extinguida, porque es una competencia intolerable con las ganancias de la Bacardí. Lo del sellito de rentas internas es una excusa para perseguir a don Tello, porque aunque él quisiera comprar ese sellito, el gobierno federal sólo se lo vende a corporaciones como Bacardí.

    Por ahora, me quedo aquí, aunque les voy a contar el final de esta película: entiendo que en la república antillana y comunista a la que tenemos que llegar, el asunto de la droga no será un problema de justicia criminal, sino de medicina social.

    La pregunta clave es: ¿cuál es la posición de los comunistas en relación a la criminalización de algunas drogas en la colonia del imperialismo de Wall Street?

  • Cimarron:

    Estoy de acuerdo con algunas premisas.Primero, el mayor enajenante es el sistema de produccion capitalista y todas las aberraciones sociales que producen el modo de organizacion del estado capitalista. Pero me pregunto yo, ? que tan nesesaria realmente es tal o cual droga?,o es que acaso el que drogas como el alcohol, la heroina y la cocaina, por mencionar algunas, no causan dano al humano.Y si se conoce que el sitema capitalista crea “necesidades”, como evaluar si algunas de estas drogas se necesitan realmente para funcionar en la sociedad. Ademas, los cambios quimicos que producen en el cerebro, y la dependecia fisica y emocional son factores esclavisantes. Que probablemente no enajenan la conciencia de clase pero comprometen severamente su capacidad de accionar y luchar. Lo cierto es que esto es un problema que los socialistas tenemos que buscarles soluciones porque esto sera un problema con el que la revolucion tendra que lidiar.

    • moro:

      Definitivamente, en el camino hacia el socialismo se confrontarán muchos problemas, primero económicos, pero también sociales y culturales, heredados de una sociedad colonial explotadora, opresiva y enajenante. Uno de esos problemas será el uso —realmente el abuso— de drogas que alteran el estado de conciencia que llamamos “normal’, y que además son adictivas. No podemos quitarle el ojo, ni ahora ni cuando estemos construyendo el socialismo, al hecho de que el abuso de substancias adictivas no es un problema moral, sino social, y que así debe ser tratado. La solución a ese problema social —ahora y eventualmente en la construcción del socialismo— no se ha elaborado, y es lo que se está debatiendo. El debate está activo, y denota que en el Sur —y se debe reconocer que también en el Oeste— existe una propensidad hacia el debate que no parece prosperar según nos acercamos a la Capital.

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