Obreros de maquiladoras en Matamoros siguen en huelga

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Foto: Twitter.

Por Carlos Borrero

Durante la semana pasada alrededor de 70 mil obreros en 45 empresas maquiladoras ubicadas en el área de la ciudad fronteriza mejicana de Matamoros se declararon en huelga.  Los acontecimientos están ocurriendo en medio de una virtual censura mediática ya que, con la excepción de periódicos regionales y aquellos de la izquierda internacionalista, la prensa mexicana nacional e internacional se ha negado cubrirlos.  Ese hecho en sí pone de manifiesto el miedo que tiene la clase capitalista de una extensión de esta militancia laboral.  La huelga en las maquiladoras de Matamoros está teniendo lugar dentro del contexto inmediato de la creciente militancia de los más de 30 mil maestros en lugares como Los Ángeles y Oakland en EEUU así como el creciente descontento de casi un millón de trabajadores federales con el cierre parcial del gobierno estadounidense.

La acción militante de los obreros en Matamoros encierra varias lecciones indispensables para la clase obrera internacional.  Además de revelar nuevos métodos de auto organización para superar los esfuerzos de las burocracias sindicales para limitar su lucha, demuestra cómo la militancia de un sector de la clase obrera internacional puede impactar la producción dentro de una economía globalizada.

Los obreros de las maquiladoras están exigiendo un aumento salarial de 20% además de un bono anual de 32 mil pesos (aproximadamente $1750 al año).  A través de las redes sociales y dentro de reuniones convocadas por ellos mismos, los obreros lograron elaborar estas demandas independientemente de las estructuras sindicales tradicionales.  Además de estas demandas salariales, los obreros de base están exigiendo una reducción de las cuotas que pagan al sindicato, de 4 a un por ciento.  Este último punto resalta las tensiones que existen entre los obreros de base y sus propias burocracias sindicales; en este caso, la del sindicato de jornaleros obreros industriales de la industria maquiladora (SJOIIM) aunque lo mismo ha empezado a ocurrir con el sindicato industrial de trabajadores en plantas maquiladoras y ensambladoras (SIPTME).  En ambos casos, la jerarquía sindical no sólo se ha apresurado para hacer la paz con los patronos – desde que se declaró la huelga los burócratas sindicales han impuesto presión para que los obreros de base regresaran al trabajo – sino también ha hecho todo lo posible por evitar una extensión de la acción laboral, como mínimo a todo el estado de Tamaulipas, y mucho menos a nivel internacional como se requiere.

La conducta de esta burocracia sindical, que desvergonzadamente ha acudido a las líneas de piquete acompañada de policías locales y militares del gobierno federal y hecho eco de las amenazas de despidos de los patronos, revela su carácter reaccionario y explica porqué tantos se refieren a los sindicatos que éstos dirigen como ‘charros’.  Como parte de su colaboración con los patronos y las fuerzas de represión estatal capitalistas los burócratas sindicales asumen el papel de tenientes laborales quienes trabajan para asegurar la paz industrial, léase la sumisión obrera total, bajo condiciones de continuas ganancias para las empresas capitalistas.

Sin embargo, los obreros de base se están despertando cada vez más a esta realidad y tomando acciones en desafío directo no sólo a los patronos sino también a su propia dirección sindical.  En el caso de la huelga actual, hay indicios de que los obreros en Reynosa, otra ciudad fronteriza con 140 empresas maquiladoras, se estén “contaminando” con la misma militancia obrera de sus camaradas matamorenses.  Ya los casi seis mil obreros de Kemet, Aptiv Uno y Dos han rechazado las migajas iniciales ofrecidos por los patronos.

La industria maquiladora en México constituye un eslabón clave en las cadenas de producción mundial de las empresas capitalistas, principalmente estadounidenses, dentro de industrias como la automovilística, la aeronáutica, la fabricación de dispositivos médicos y la electrónica.  Mientras las fábricas mejicanas importan capital y materias primas libres de impuestos, los industriales emplean cientos de miles de obreros a bajo costo para suministrar al mercado estadounidense con productos elaborados y semi elaborados.  Es precisamente este sistema de producción mundial que constituye la base objetiva para el internacionalismo proletario.

Según los pocos informes que han salido de las fábricas automotrices en EEUU y Canadá desde que comenzó la huelga, los acontecimientos en México ya están teniendo impacto.  Se está reportando la escasez de componentes de suministro críticos en las fábricos del norte.  Esto ocurre en momentos de incertidumbre en la industria automovilística en EEUU.  Aun así, los obreros en el norte, que también han sufrido en carne y hueso la misma traición de los burócratas sindicales, han resistido hasta ahora cualquier esfuerzo para volverlos en contra de sus camaradas en México.

La huelga de los obreros de Matamoros sólo puede entenderse como parte de un fenómeno mundial en que la intensificación de la lucha de clases se está manifestando en un aumento de acciones laborales así como las protestas políticas en escala masiva.  Este fenómeno bien puede verse en la ola de huelgas magisteriales en EEUU, Argentina y Europa del este; la creciente militancia de obreros en diferentes países unidos por la explotación de un solo empleador, como en el caso de los trabajadores de Amazon en Europa; la resistencia de trabajadores públicos a la privatización y los ataques contra los sistemas de retiro a través del mundo; así como el despertar político de las masas populares en contra de la austeridad y los regímenes de derecha en un sinnúmeros de países, siendo los casos actuales de Francia, Hungría, Grecia, Sudán y Zimbabue sólo algunos de los más destacados en la actualidad.

En muchos de estos casos, tal como ocurrió en Matamoros, ha sido la iniciativa de las masas obreras mismas, particularmente mediante el uso de las plataformas de las redes sociales, la que ha llevado a la organización de la resistencia a los patronos. Falta la expansión de esta práctica a nivel internacional para fomentar el desarrollo de nuevas formas de organización obrera de carácter revolucionario e internacional, con tal de reflejar la nueva realidad material que vivimos.

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