Lucha de los chalecos amarillos entra nueva fase

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Foto: Twitter.

Por Carlos Borrero

Después de otro fin de semana de manifestaciones masivas a lo largo del país, y luego de que se unieran a las protestas populares este lunes miles de estudiantes de secundaria y choferes de ambulancias, el gobierno de Macron en Francia ha hecho una retirada táctica.  El anuncio hoy por el primer ministro, Edouard Philippe, de una suspensión temporera del plan para aumentar al impuesto sobre el combustible para los próximos seis meses, además del aplazamiento de un alza al costo de la electricidad y la gasolina además de nuevas regulaciones sobre las emisiones de vehículos, representa una movida cínica del gobierno cuyo objetivo es provocar divisiones y disipar el impulso del movimiento de masas.

La respuesta de las masas ante la nueva coyuntura será determinante.  Mientras una ofensiva precipitada bien podría darles rienda suelta a los provocateurs del gobierno infiltrados dentro del movimiento para desacreditarlo ante los sectores populares todavía vacilantes, el peligro representado por los elementos conservadores que buscan oportunistamente ponerse a la cabeza del mismo sólo canalizaría la energía masiva hacia el callejón sin salida de la subordinación a los partidos políticos tradicionales.  Hasta ahora, la respuesta de las masas ante el ‘moratorio’ ha sido una de desconfianza total en el gobierno.

No obstante, la lucha en Francia ha entrado una fase en que los mismos atributos que resultaron de una manera positiva en la capacidad de las masas para obligar al gobierno a una retirada temporera ahora se transforman en su opuesto ya que la necesidad de una dirección táctica se hace cada vez más clara.   Sobre la cuestión de una orientación táctica correcta, además de un análisis íntegro de la situación objetiva, lo que se requiere es la capacidad de evaluar precisamente el balance de fuerzas entre clases dentro de un momento determinado y seleccionar el eslabón clave de la cadena de alternativas tácticas.  Sólo sobre esta base se puede determinar si se lleva a cabo una ofensiva más fuerte o una retirada organizada para consolidar fuerzas.  En el caso francés, es imposible pasar por alto las crecientes tensiones en el resto de Europa, particularmente en Alemania, donde las demandas de las masas son iguales a las de los gilets jaunes.

En esta nueva fase de la lucha en Francia, es necesario prestar particular consideración a las consignas principales que surgen como extensión del llamado original para anular el alza al impuesto sobre el combustible.  Por ejemplo, la demanda de la dimisión inmediata de Macron, la cual está estrechamente vinculada a la de una disolución del Senado, encierra el riesgo dentro de la presente coyuntura de crear un vacío político en que la principal fuerza de oposición organizada, los sectores de la derecha agrupados en Les Républicains y la Agrupación Nacional (RN), fácilmente puede insertarse.  No en balde Le Pen de la RN se ha cuidado de hacerles eco a estos llamados con la reciente demanda para disolver la Asamblea Nacional.  El actual carácter disperso de las fuerzas populares, aunque útil para perturbar los esfuerzos del gobierno para suprimir las manifestaciones por la fuerza o la cooptación en la fase anterior de la lucha, no sería adecuado para presentar una alternativa política en caso de un desmoronamiento del gobierno a plazo más o menos inmediato.

Por otro lado, las consignas de una Asamblea Ciudadana y referendos frecuentes para la promulgación de leyes definen objetivos no solamente políticos sino también organizativos.  En este sentido, se estaría sentando las bases para la creación de órganos de poder paralelo mediante los cuales las masas podrían tomar mayor iniciativa propia en la vida política, es decir, imponer los componentes progresistas del ‘programa’ político que se va desarrollando colectivamente en forma de bosquejo.  Una retirada táctica organizada, digamos durante los próximos seis meses de ‘diálogo’ con el gobierno, con el objetivo de consolidar estructuras populares necesarias para la actividad autónoma de las masas requeriría un trabajo consistente y paciente de parte de una renovada dirección revolucionaria no sólo para explicar a la población todavía vacilante la necesidad de derrocar el gobierno actual sino también con qué reemplazarlo.

Los sucesos en Francia están teniendo lugar a un ritmo cada vez más acelerado.  Otra vez más, el país se ha convertido en un laboratorio repleto de potencial revolucionario.  La reorganización de una dirección revolucionaria se hace cada vez más urgente.

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