Continúan protestas de los ‘chalecos amarillos’ en Francia

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Foto: Twitter.

Por Carlos Borrero

Por tercera semana consecutiva París en particular y Francia en general fueron la escena de protestas populares.  Otra vez, el gobierno de Macron ha recurrido a la fuerza bruta en un esfuerzo para amedrentar a los manifestantes.  Otra vez las masas francesas demostraron su voluntad de lucha.

Como explicamos hace unos días, estas protestas surgieron como una respuesta espontánea al plan del gobierno para aumentar el impuesto sobre combustible y fueron organizadas principalmente a través de las redes sociales.  Durante las últimas tres semanas, sin embargo, dicha oposición popular al alza del impuesto sobre el combustible se ha transformado en una denuncia más general del gobierno del ex financiero, Macron, y toda la política derechista que éste promueve.   Por ejemplo, durante el año y medio de su presidencia Macron ha abolido el llamado ‘impuesto a la riqueza’, lo cual resultó en una transferencia de $4 mil millones a los más ricos, y llevado a cabo otras medidas fiscales significativas a favor de los capitalistas incluyendo un nuevo impuesto fijo que reduce dramáticamente los gravámenes sobre el capital.  Al mismo tiempo ha aumentado el impuesto sobre los ingresos de los pensionados, eliminado la vinculación de aumentos de pensión a la inflación, e impulsado la privatización de servicios básicos con todas sus implicaciones para la fuerza laboral pública.  El anuncio de un impuesto adicional sobre el consumo, en este caso para un producto del cual todos son altamente dependientes, el combustible, sólo representa la gota que colmó el vaso.

Mucho se ha comentado sobre el carácter espontáneo de las protestas y su falta de liderato reconocido.  Sin embargo, la verdad es que Francia, así como toda Europa, ha sido escena de un marcado aumento de las tensiones sociales que se manifiestan en protestas populares y huelgas durante los últimos años.  En el último año los trabajadores del sector ferroviario, de AirFrance, de sanitación y más recientemente de las refinerías petroleras han llevado a cabo acciones laborales significativas en Francia.  El estallido ‘espontáneo’ de camioneros y sectores amplios de la población dependientes de sus autos para trabajar, quienes han visto una erosión de su nivel de vida a causa de una reducción del poder adquisitivo de sus ingresos y otros beneficios garantizados, no puede entenderse plenamente fuera de este contexto general de descontento masivo y frustración con la política impuesta por la clase capitalista.  De hecho, aun con los intentos oficiales de desacreditar a los manifestantes mediante denuncias hipócritas de violencia, más de 70% de la población francesa apoya a las protestas.

Tanto la escala como la falta de liderato reconocido que caracterizan estas protestas sorprendieron al gobierno, así como las organizaciones laborales y de izquierda tradicionales con la guardia baja.  La reacción inicial de los burócratas sindicales a las protestas fue repetir como a papagayo las falsedades del gobierno sobre una supuesta agenda fascista de los manifestantes.  Sin embargo, ante la creciente presión popular, la alta burocracia sindical recientemente se vio en la obligación de cambiar su postura.  Por ejemplo, Philippe Martinez, líder de la CGT, declaró ante la prensa oficial esta semana que ve muchas reivindicaciones comunes entre chalecos amarillos y chalecos rojos.  No obstante, estas evocaciones de intereses comunes, la CGT organizó este fin de semana una demostración separada a favor del trabajo para los desempleados mientras los chalecos amarillos tomaron el área alrededor del Arco del Triunfo además de centenares de otros lugares a través de Francia y Bélgica.

No se puede negar que lo que hay detrás de la organización de estas protestas fuera de las organizaciones sindicales y de izquierda se debe a la creciente frustración de las masas trabajadoras con lo que solo se puede describir como las repetidas traiciones de los líderes tradicionales.  Por ejemplo, durante la masiva oposición al plan para privatizar la SNCF (Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses), eliminar protecciones laborales y desmantelar el sistema de pensiones, el liderato sindical de la la CGT, la CFDT, además de los otros sindicatos ferroviarios, cínicamente impuso la táctica de huelgas limitadas y rotativas (dos días de paro y tres de trabajo), la cual se probó completamente inefectiva, a pesar de los llamados desde las bases trabajadoras para una huelga general indefinida.  La derrota de los ferroviarios estuvo garantizada cuando pusieron su fe en los burócratas sindicales.  Lo mismo se puede decir de los trabajadores de las refinerías petroleras cuyo liderato sindical hace poco suspendió unilateralmente sus preparativos para una huelga.  En otras palabras, la falta de liderato organizado de las protestas de los chalecos amarillos se debe, en gran parte, al mismo fenómeno que vemos en Puerto Rico donde la alta burocracia sindical regularmente canaliza la ira de los trabajadores hacia caminos controlados por los políticos capitalistas.

¿Y las organizaciones de la izquierda tradicional?  Uno sólo tiene que mirar al oportunista Mélenchon, líder de Francia Insumisa, cuyo ‘Frente Izquierda’ o Front de Gauche, ahora incluye al PCF, los Verdes y varias otras formaciones socialdemócratas para entender la desconfianza de las bases hacia la izquierda tradicional.  Mélenchon ha sido abierto acerca de la influencia de PODEMOS, SYRIZA y Bernie Sanders en su política.  Empero, este ‘radicalismo’ ha demostrado ser una y otra vez brillo retórico; fraseología dirigida a canalizar la ira popular hacia el marco estrecho de la política capitalista y la inevitable traición.

Como respuesta a estas traiciones, las masas francesas mismas han comenzado a articular sus propias demandas y buscar nuevas formas de organización.  Por ejemplo, los chalecos amarillos recientemente nombraron a sus propios “comunicadores” y comenzaron a redactar un conjunto de demandas políticas y económicas mediante el uso de una encuesta en línea, la cual contó con los insumos de 30 mil personas.  Entre sus demandas se incluyen:

  • La abolición del Senado francés y la formación de una Asamblea Ciudadana;
  • La reducción de todos los impuestos;
  • Referendos nacionales y locales frecuentes y la promulgación de leyes por la ciudadanía misma;
  • Medidas de control de alquileres, así como salarios mínimos y máximos mensuales, y la reducción de salarios a los oficiales públicos;
  • Un sistema universal de Seguro Social;
  • Mayor acceso al trabajo digno, no precario;
  • Medidas para garantizar la paridad entre mujeres y hombres, atender el problema de la desigualdad social y el costo de vida;
  • Cese a la privatización de servicios y el cierre de correos y escuelas;
  • Prohibición al uso de glifosato y la anulación del proyecto de biocombustibles a base de aceite de palma y gas de esquisto.

¿Quién niega el contenido progresista de estas demandas?  ¿Quién intenta trivializar con epítetos tales como ‘revuelta de consumidores’ a este tipo de movimiento amplio en abierto desafío al canalla Macron y los capitalistas que éste defiende?  ¿Quién pasa por alto la creatividad organizativa de las masas trabajadoras que buscan evitar el callejón sin salida de los burócratas sindicales y otros oportunistas?

Los chalecos amarillos han dado un paso adelante muy importante.  Aun no han encontrado soluciones definitivas pero el valor de sus esfuerzos es innegable.  Aprendamos de ellos.

Los obreros conscientes del mundo unen sus voces en apoyo a sus hermanos franceses.  Nuestro grito reverbera desde el Caribe a las calles de París: ¡Proletarios del mundo, uníos!

2 Comentarios

  1. Estimados camaradas:
    Trivializa estos desarollos quien al correctamente reconocer el POTENCIAL de este movimiento espontáneo popular resultado de la crisis capitalista; acaba adorando y romantizando acríticamente el asunto; algo que no le toca a un Partido Comunista de vanguardia. Vemos un festín de represión, arrestos, heridos y muertes. No se si es un paso adelante cuando una mera moratoria no resuelve nada y apacigua a la gente siendo reprimida furiosamente en las calles.
    Trivializa, no quien diga que esto es una revuelta causada por el alza de los impuestos (pues lo es!). Se trivializa al no examinar bien serie de demandas (ya publicadas) y advierta el claro entrelazamiento con las típicas demandas clasemedieras, tales como la política tributaria progresiva. Acaso los comunistas estamos en las de que se reduzcan todos los impuestos? Incluidos los impuestos de los monopolios? Trivializa quien no mire en estos momentos el SALIENTE hecho de que no existe en las demandas un rechazo frontal al IMPERIALISMO, a la absoluta sujeción de Francia a la OTAN y a la UE que controla el presupuesto, a fin de cuentas, EL CAPITALISMO en su fase IMPERIALISTA y los MONOPOLIOS. Las demandas son una lista de deseos que son imposibles de concretar bajo el capitalismo (como lo hizo Syriza al principio). Vamos a dejarnos de cosas, los chalecos no son vanguardia, y si están por recibir algo, será acaso las migajas de los capitalistas (concesiones temporales) cuando lo que merecen para su verdadera emancipación es una dirección de lucha clasista orientada a comerse el baguette completo y tomar las panaderías!

    Tampoco se puede dejar a un lado rol crítico de los sindicatos franceses. Su potencial militante y combativo exige la total reorganización clasista para lograr un curso claro e independiente de los elementos anarquistas, pequeñoburgueses y oportunistas liberales de toda índole. Sobre todo, que rompan con los criminales intocables de la OTAN y la UE.

    Seamos comunistas, verdaderamente solidarios con el pueblo francés en lucha, la verdadera salida de los trabajadores deberá ser definitivamente frontal contra el imperialismo y los monopolios.
    Es necesario el Partido Comunista en cada país y su vanguardia de cuadros.

    Como bien indicó el camarada I.V. Stalin:
    “Las huelgas, el boicot, las manifestaciones y el parlamentarismo tienen importancia tan sólo en la medida que contribuyen a organizar al proletariado, a fortalecer y ampliar sus organizaciones para llevar a efecto la revolución socialista. (I.V. Stalin).

    • Debe ser motivo de júbilo entre los comunistas de Puerto Rico que un artículo del camarada Borrero haya motivado una respuesta crítica de la camarada Rosa.

      El camarada Borrero, si lo interpreto correctamente, señala que los sucesos en Francia merecen la atención de los comunistas aquí. Esta explosión espontánea de sectores explotados en Francia pone en la agenda de los comunistas un repaso de la historia. La cosecha de lecciones que este repaso ofrece a los revolucionarios en Puerto Rico ayuda a fortalecer nuestras preparaciones estratégicas y tácticas para las luchas que se anticipan en esta colonia.

      Un evento histórico que me evocan los sucesos insurreccionales en Francia en 2018 es la erupción espontánea de las masas francesas en París de hace casi siglo y medio. La Comuna de París es uno de los eventos más importantes en la historia de la clase trabajadora, evento que ha inspirado a los comunistas a través de los ciento cuarenta y siete años de su fundación en 1871.

      En una explosión espontánea de energía revolucionaria los trabajadores de París se apoderaron del poder y procedieron a establecer un gobierno radicalmente democrático de las masas parisinas. En un presagio de los soviets que las masas de San Petersburgo y otras ciudades del Imperio Ruso constituyeron treinta y cuatro años después, los comuneros de París formaron un Comité Central armado de Guardias Nacionales y trabajadores, que se convirtió en la base de la Comuna de París, cuyos funcionarios fueron electos por todos los ciudadanos de la ciudad.

      Bajo la Comuna se ocuparon los talleres abandonados por sus propietarios y los propios trabajadores se organizaron para dirigirlos; se limitó el trabajo nocturno a las actividades absolutamente necesarias; se garantizó un ingreso mínimo a todos, incluso a los incapacitados por edad o enfermedad; se congelaron las rentas; se abolieron todos los privilegios de los funcionarios de gobierno. Se eliminó el mercado laboral capitalista que imponía a los trabajadores la competencia entre ellos mismos para el beneficio de los patronos. Se instituyó la educación popular pública y la promoción de las ideas socialistas. Las artes se convirtieron en expresiones públicas de la creatividad popular y los museos y teatros pasaron a ser de instituciones de la civilización burguesa a edificaciones en apoyo a la cultura del trabajo y las ideas socialistas. Se abolió el ejército profesional y se instituyó la Guardia Nacional como el pueblo en armas, dirigido por una oficialidad electa y revocable. Se estableció la separación total entre la Iglesia y la Comuna. Se inició un programa de viviendas públicas para los deambulantes de la ciudad. Se borró la diferencia entre nacionales y extranjeros en las filas de la clase trabajadora, considerándose todos como obreros militantes de la clase trabajadora internacional. Se celebraban reuniones a todas horas del día y de la noche en los que talleres, vecindarios y comunidades, unidades de la Guardia Nacional e iniciativas sociales de todo tipo debatían y decidían todas las cuestiones de una sociedad gobernada por los trabajadores, y no por expertos ni burócratas.

      Sin duda la contribución histórica de aquellos trabajadores de París, que se armaron del fuego revolucionario de un futuro comunista, sellaron con su sangre unas lecciones imborrables para todos los trabajadores de todas las épocas. Más que conmemorarlos ritualmente, es necesario conocerlos y debatirlos en el contexto de todas las oportunidades revolucionarias.

      La Comuna no fue una revolución proletaria pura. ¡No existen revoluciones puras! Fue una revolución real que albergó en sus filas a elementos pequeño burgueses que se unieron al llamado de la guerra de clases en contra de las capas superiores de Francia y del Mundo. Claro que se cometieron errores. Claro que se quedaron cosas por hacer. Pero aquellos trabajadores encendieron una llama —los trabajadores podemos tomar el poder y forjar nuestras propios organismos democráticos de un gobierno armado de nuestra clase— que ningún estado burgués, ninguna red financiera transnacional, ninguna religión organizada, ha podido sofocar.

      Hay que tener cuidado en elevar prematuramente a las acciones de rebeldía en Francia a la categoría de una Comuna de París. Pero hay que tener mayor cuidado en no despachar esta incipiente sublevación de las masas francesas enfocando en sus limitaciones y contradicciones y no buscar como captar las lecciones que nos brindan estas mujeres y hombres que están ocupando las calles de París y de otras ciudades de Francia. Eso lo lograremos mediante el debate político y la lucha ideológica, montadas sobre los principios del socialismo científico.

      Puede que todo se disuelva según se encendió, pero antes de desaparecer, ya habría dejado su huella sobre las luchas futuras del siglo veintiuno.

      Y siempre existe el potencial —todavía hay que ver— de que la insurrección se extienda y se fortalezca y que inspire otras confrontaciones en contra de la clase capitalista dentro de la Unión Europea. Así se cumpliría el aforismo del camarada Marx de que la revolución europea despierta con el canto del gallo francés.

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