Pentágono esboza plan para reorganizar base manufacturera en preparación para la guerra

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Se recuerda que Bolton fue una figura clave en la campaña desorientadora para llevar ante el público el fraudulento pretexto de armas de destrucción masiva que se usó para justificar la invasión de Iraq en 2003.

Por Carlos Borrero

Un documento que se ha circulado ampliamente a través de las redes sociales en días recientes detalla los esfuerzos de los estrategas del imperialismo estadounidense para atender el problema de la capacidad industrial necesaria para llevar a cabo una guerra a gran escala contra otra potencia militar mundial.  Bajo el título, Assessing and Strengthening the Manufacturing and Defense Industrial Base and Supply Chain Resiliency of the United Statesel informe representa un cuadro claro de los preparativos que se están dando para una guerra entre los principales rivales capitalistas.

De hecho, la verdadera preocupación de los estrategas del imperialismo salta a la vista desde la Introducción misma del documento donde sus autores citan lo siguiente de la estrategia de defensa nacional de 2017:

El reto central a la prosperidad y seguridad de EEUU es el resurgimiento de la competencia a largo plazo y estratégico de aquellos que la Estrategia de Seguridad Nacional clasifica como potencias revisionistas.  Es cada vez más claro que China y Rusia quieren formar el mundo según su modelo autoritario – obteniendo poder de veto sobre las decisiones económicas, diplomáticas y de seguridad de otras naciones.

 Según los analistas que prepararon el documento, hay cinco factores que se combinan para amenazar la base industrial de EEUU y su capacidad para librar una guerra contra otra potencia mundial.  Estos incluyen: las llamadas restricciones presupuestarias (budget sequester) sobre los ya descomunales gastos militares desde 2011; las ineficiencias en los procesos de contratación de suplidores; la reducción relativa en la infraestructura industrial y la fuerza laboral dedicada a la manufactura pesada; la inherente vulnerabilidad de industrias claves debido a la extensión de cadenas de producción y suministro globales; y la falta de fuerza laboral diestra en áreas críticas de “STEM” (ciencias, tecnología, ingeniería, y matemáticas) además de otras destrezas claves.  El informe también enumera una serie de otras amenazas a la base industrial de EEUU las cuales emanan de estos factores.

En la sección del documento que analiza los gastos estatales (Cap. V, Sec. 1) se destaca la preocupación que existe por estabilidad económica de los contratistas de defensa privadas, particularmente en casos de proveedores de componentes especiales, y los centros de Investigación y Desarrollo vinculados al sector militar.  Esta cuestión no se limita al ya conocido papel de los subsidios estatales para apuntalar el sector armamentista.  La lógica detrás de los recientes cambios en la política comercial de EEUU, particularmente relacionados al subsector de metales primarios como el acero y el aluminio, tiene entenderse sobre todo como una consideración política de primer orden para el imperialismo estadounidense.  Por ejemplo, el informe cita el caso de las placas de aluminio forjado laminadas en frío como un flanco débil para la industria armamentista.  El aluminio forjado es esencial para blindar vehículos de combate terrestre, la construcción de buques de guerra y aviones militares.  Por lo tanto, la amenaza de quiebra para los productores domésticos debido a la competencia internacional tiene implicaciones para toda la maquina de guerra estadounidense.  En otro ejemplo, el informe resalta el caso de la quiebra hace un par de años de la única fuente doméstica para las cajas de engranaje para las alas giratorias de los helicópteros Apache AH-64E, Osprey V22 y Heavy Lift CH-53K la cual puso en peligro estos programas.

A los estrategas del imperialismo estadounidense les preocupa en particular la relativa erosión de la base manufacturera interna en EEUU.  El informe señala explícitamente las preocupaciones sobre la capacidad de aumentar rápidamente (surge) la producción de armamentos debido al actual estado de la infraestructura industrial, la dependencia de cadenas de suministros globales susceptibles a interrupciones, y la inseguridad alrededor de una fuerza laboral diestra.

Relacionado a esto es la cuestión de materias primas estratégicas.  El informe cita el ejemplo de los metales de tierras raras, un componente esencial para muchos sistemas de armas incluyendo láseres, radares, sistemas sonares y de visión nocturna, los para guiar misiles, la fabricación de motores a reacción y varias aleaciones metálicas esenciales para la industria armamentista en general.  Como hemos señalado, el acaparamiento de los suministros mundiales de estos metales por China durante los últimos años se ha convertido en una gran preocupación del Pentágono.

De hecho, el informe dedica una sección entera a la amenaza china.  Cita en particular la política Made in China 2025, el programa a través del cual el capital chino intenta competir en los sectores económicos del mayor ‘valor añadido’, con vínculos claros a la industria armamentista tales como la inteligencia artificial, la computación cuántica, la robótica, y otras industrias de alta tecnología emergentes.  La incursión del capital chino en estos sectores de mayor rendimiento dentro de la jerarquía de la producción capitalista internacional constituye una amenaza directa a la hegemonía mundial del capital estadounidense.  A esto se puede añadir la creciente inversión china en África y América latina, dos áreas donde se minan muchas materias primas estratégicas, lo cual los estrategas del Pentágono han declarado abiertamente una “amenaza económica y para la seguridad de EEUU.”

El innegable valor del informe es que confirma las advertencias que hemos hecho sobre la intensificación de las rivalidad entre potencias capitalistas y la inevitabilidad de un conflicto militar a escala mundial.  Como hemos explicado en numerosas ocasiones, la erosión relativa de la dominación hegemónica del imperialismo estadounidense junto con el ascenso económico y militar chino y las crecientes aspiraciones del capital europeo, el alemán en particular, han intensificado las tensiones económicas y políticas entre todas potencias capitalistas del mundo.

El aumento del militarismo, el último recurso de los capitalistas para resolver sus conflictos, trae consigo como corolarios el intento de aumentar severamente la explotación de los trabajadores así como el abandono de toda pretensión democrática por parte de la clase capitalista.  El auge derechista en todos los principales países capitalistas no es una coincidencia, sino el reflejo de cómo las crecientes tensiones económicas y políticas en el ámbito internacional repercuten a nivel interno.  Las clases capitalistas combinan ataques severos contra los salarios, beneficios y derechos de los trabajadores con la promoción del chauvinismo nacional como medio para disciplinar a sus respectivas clases obreras como parte de los preparativos para la guerra.  En este sentido, los teóricos castrenses del imperialismo estadounidense, y todas las demás potencias capitalistas, han identificado como imperativo estratégico la reconstitución de las bases industriales del capitalismo sobre una plataforma de bajos salarios, el control absoluto sobre el proceso laboral por los capitalistas, el chauvinismo nacional y la militarización de todos los aspectos de la vida social.

Sin embargo, las amenazas para las masas trabajadoras no surgen únicamente de la política de la clase capitalista.  El largo período de ‘relativa paz’ mundial, es decir, la ausencia de guerras a escala mundial desde mediados del siglo 20, y la intensificación de la expansión capitalista a través de todo el antiguo mundo colonial y neocolonial fortalecieron todas las tendencias oportunistas dentro del movimiento obrero internacional además de los partidos ‘de izquierda’ dominados por la pequeña burguesía.

El actual giro hacia el militarismo y la política de extrema derecha en todos los principales países capitalistas del mundo invariablemente provoca una incisión en el movimiento obrero en su conjunto además del amplio movimiento progresista.  Por un lado, las tendencias oportunistas, cuya función objetiva es dirigir a las masas proletarias hacia la sumisión ante los capitalistas, buscan conseguir apoyo entre los trabajadores para la política depredadora de cada clase capitalista nacional.  Por el otro, la tendencia revolucionaria, la cual entiende el giro hacia la reacción extrema y la guerra como el producto inherente del capitalismo, advierte sobre la hecatombe que viene y busca preparar a las masas proletarias a tomar en sus manos las riendas del poder para poner fin a la explotación y el saqueo, la desigualdad y las guerras capitalistas.

Las implicaciones de todo estos preparativos para la guerra entre potencias capitalistas mundiales en una colonia como Puerto Rico son claras.  El imperialismo estadounidense seguirá exigiendo de sus sujetos colonizados los tributos de plata, sudor y sangre: impuestos cada vez más onerosos para alimentar los buitres financieros; mayores concesiones laborales como parte de la sumisión total a los capitalistas industriales; y la entrega de la juventud para servir como carne de cañón en la guerra.  (¿No es éste el verdadero propósito de la visita a Puerto Rico de Donald Benton?)  Esta nefaria trinidad constituye los pilares de la dominación imperialista en Puerto Rico en la actualidad.

La necesidad de una reorganización revolucionaria de las masas en Puerto Rico se hace cada vez más urgente.  Si bien esta reorganización tendrá que nutrirse de la conciencia socialista e internacionalista, se materializará únicamente en la lucha práctica y audaz de las masas para retar a los tres pilares del imperialismo en la colonia.

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