Rechazo popular de nominado al Tribunal Supremo

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Por Ismael Castro

 

Las audiencias la semana pasada del Comité Judicial del Senado federal para Brett Kavanaugh, el ultra reaccionario nominado de Trump al Tribunal Supremo, dejaron en evidencia la farsa de la democracia burguesa así como todas las instituciones políticas de la sociedad capitalista.  A pesar de ser profundamente despreciado por amplios sectores de la sociedad estadounidense, la confirmación de Kavanaugh por el Senado, sin oposición seria de los demócratas, es prácticamente garantizada.

El carácter antidemocrático de la farsa pudo verse aun antes de que comenzaran las vistas con la decisión de Chuck Grassley, el presidente del comité judicial, de bloquear acceso público a más de cien mil documentos relacionados al trabajo de Kavanaugh cuando durante cinco años éste laboró en la Casa Blanca como parte del equipo legal de la criminal administración de Bush, hijo.  Durante tres de estos años Kavanaugh fungía de secretario de personal (Staff Secretary) para Bush, puesto desde el cual tomó parte directamente en la elaboración de ordenes ejecutivas y otras declaraciones escritas del presidente.  Entre los archivos más significativos de este período son los documentos legales en que se reclamaba impunidad para el presidente en casos de tortura ilegal así como los varios ejemplos en que se usaban argumentos legales para justificar la expansión anti democrática de los poderes presidenciales.  En otras palabras, la decisión de guardar en secreto estos documentos es una admisión del uso de mecanismos “legales” por este nominado para justificar la actividad criminal y antidemocrático de la administración de Bush.

A pesar de este encubrimiento descarado, los demócratas han demostrado una vez más su rol cómplice en la farsa.  El tan mentado grilling de Kavanaugh durante las vistas, es decir, las “preguntas duras” que le hicieron senadores como Feinstein, Booker y Harris, fue todo un teatro político.   El liderato demócrata ha sido claro que en aun si las dos senadoras republicanas Susan Collins (Maine) y Lisa Murkowski (Alaska), nominalmente pro-elección, votan para confirmar, los senadores demócratas en estados considerados ‘conservadores’ que se inclinan hacia Trump, estarán libres para emitir votos a favor del nominado.

No obstante, lo más significativo del proceso llevado a cabo en el Comité Judicial fue el grado de rechazo popular del nominado, como evidenciaron los más de 200 arrestos de manifestantes, principalmente de organizaciones pro derechos reproductivos, que acudieron a las vistas.  Este rechazo popular de Kavanaugh, aun cuando carece de una orientación revolucionaria clara, representa los elementos saludables de la sociedad.

¿Qué es lo que las masas rechazan cuando se oponen a la confirmación de Kavanaugh?

Aunque la mayoría de la atención del público se ha centrado en la amenaza contra los derechos reproductivos de la mujer que representaría Kavanaugh, como evidencian los argumentos que éste expuso en el ya infame caso de Garza v. Hargan además de sus declaraciones en el recientemente revelado correo electrónico donde éste cuestionó la posición legal de Roe,  la realidad es que este nominado al Tribunal Supremo tiene una larga historia como abierto e impenitente defensor de los más reaccionarios sectores de la clase capitalista.

Por ejemplo, durante doce años como juez apelativo federal, las posiciones legales de Kavanaugh consistentemente iban en contra de las garantías y la preservación de convenios colectivos de trabajadores organizados, las reglas de seguridad en el trabajo además de otras protecciones laborales (ej. National Labor Relations Board v. CNN America, Inc.; American Federation of Government Employees, AFL-CIO v. Gates; SeaWorld of Fla., LLC v. Perez).  Kavanaugh ha sido autor de opiniones legales a favor de las restricciones al derecho de voto, particularmente contra ‘minorías raciales’, (ej. South Carolina v. United States) y para proteger corporaciones en casos de contaminación ambiental (ej. Mexichem Fluor Inc. v. EPA; EME Homer City Generation, L.P. v. EPA).  Ha sido un fiel defensor de la intromisión de la religión en la educación pública (ej. Santa Fe Independent School District v. Doe) además del uso de fondos públicos para subvencionar las escuelas religiosas mediante los vales educativos.  Ha demostrado ser un propulsor de la campaña antiinmigrante oficial, particularmente en casos laborales, que ha cogido auge en años recientes como quedó claro en su opinión disidente en el caso de Agri Processor v. National Labor Relations Board.  Kavanaugh ha defendido repetidamente la influencia de dinero en la política además de la discriminación llevada a cabo por intereses poderosos en contra de grupos marginados.

La confirmación de Kavanaugh, la cual es casi garantizada, será otro indicio más del abierto abandono de los más elementales principios democráticos por la clase dominante en EEUU.  El carácter abiertamente corrupto del proceso de confirmación, que cuenta con la colaboración de los dos partidos oficiales, pone de relieve la bancarrota de todas las instituciones políticas dentro de la sociedad capitalista, incluso el cada vez más derechista Tribunal Supremo.  No sólo no existe ni un sector progresista entre la clase capitalista estadounidense o el establecimiento político oficial que la defiende, sino que la mentira de la alegada independencia judicial una vez más ha quedado al desnudo ante todo el mundo.  Los tribunales en la sociedad capitalista funcionan para defender los intereses de los sectores más poderosos de la clase capitalista.  Kavanuagh, al igual que todos los jueces en el Supremo, ha sido seleccionado precisamente por su impenitente defensa de los intereses capitalistas.  Lo único que distingue un juez de otro es el celo con qué defiende a estos intereses capitalistas.

Los elementos sociales saludables que han manifestado una oposición genuina a la elevación del ultra reaccionario Kavanaugh al Tribunal Supremo no pueden limitarse a actos sensacionalistas en contra del nominado no importa el valor individual de aquellas personas que llevan a cabo dichas acciones.  La oposición al fortalecimiento del bloque derechista en el Tribunal Supremo, representado en la actualidad por los jueces Gorsuch, Alito, Thomas y Roberts, tendrá que nutrirse de una perspectiva política y social más amplia.  Para la clase obrera, el giro agudo hacia la derecha que se está viendo en todas las instituciones políticas capitalistas es otra advertencia más de la apremiante necesidad de su inmediata reorganización revolucionaria.  Sólo la clase obrera políticamente consciente y armada con un programa revolucionario puede asumir el papel dirigente en la reconstrucción progresista de la sociedad y todas sus instituciones políticas.

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