Audiencia legislativa resalta diferentes visiones capitalistas para la privatización de la AEE

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El ultra reaccionario Don Young en la vista del congreso

Por Luis Soto

 

We are going to privatize this unit.  It has been a failure . . . Start thinking about that now.  Set out a plan on how quickly it can be done.”  

(“Vamos a privatizer esta unidad.  Ha sido un fracaso  . . . Comience desde ahora a pensar sobre eso.  Prepare un plan de cómo hacerlo rápido.”)

– Comentario del congresista Don Young al sub secretario del Departamento de Energía, Bruce Walker

 

La discusión durante la reciente vista del Comité de Recursos Naturales sobre la Autoridad de Energía Eléctrica en Puerto Rico puede resumirse como un debate sobre qué modelo a implementarse para privatizar el sistema energético de Puerto Rico.  Por un lado, un grupo favorece la privatización de las actuales estructuras de generación y distribución regidas por el mercado existente mientras que otro aboga por la creación de una nueva estructura de mercado que permita múltiples productores energéticos privados organizados en microredes con énfasis en fuentes renovables.

El panel de deponentes ante el comité fue compuesto por un sub secretario del Departamento de Energía federal, Bruce Walker, un asesor en financiamiento y regímenes regulatorios de sistemas energéticos, David Svanda, el senador colonial, Eduardo Bhatia, un representante de uno de los acreedores de la AEE, James Spiotto, y otro financiero para proyectos energéticos renovables, Thomas Emmons.  Además, hubo participación de varios congresistas, incluyendo al elenco de siempre en la persona de Nydia Velázquez, quien declaró optimista que “Promesa está cerca de lograr sus objetivos” y Darren Soto, que quiso proyectarse como defensor de los derechos laborales de los trabajadores, así como la campeona de la anexión, Jenniffer González, cuyos elogios a Bishop y advertencias sobre la necesidad de “ofrecerles seguridad a los inversionistas” eran de esperarse.

Hubo un consenso abrumador entre los panelistas sobre el mal manejo y la corrupción que caracteriza la AEE mientras se repetían una y otra vez denuncias de su politización y el deseo de todos de que la gente fuera mejor servida.  Para todos los panelistas y miembros del comité por igual, la única manera de “mejorar” el servicio es por la ruta capitalista de asegurar las ganancias de entidades privadas.

Entre las propuestas que surgieron del panel se destaca el desarrollo de un nuevo y fortalecido marco regulatorio para la industria energética no sólo como condición para el deseado retorno de la AEE a los mercados de deuda sino también para regir el mercado de energía sea bajo un nuevo esquema de monopolio privado o dentro de condiciones de la creación de un nuevo mercado abierto a varios productores energéticos.  Tanto Svanda como Emmons, asesores en financiamiento, propusieron esquemas de participación federal para garantizar el futuro financiamiento de proyectos de la AEE y así mitigar las preocupaciones de acreedores con el ente quebrado.

En dos intercambios sumamente interesantes, Walker, del departamento de Energía, resaltó los $6 mil millones de dólares que ya fueron asignados a la AEE (Éste aclaró que no se ha recibido el total de ese monto todavía) como parte de una combinación de fondos de HUD y el programa 428 del Acta Stafford que ahora representan el botín que se están disputando varios intereses, y Bhatia se enredó con el congresista Doug LaMalfa de California supuestamente por el trato injusto de EEUU hacia los puertorriqueños.  Aunque los medios en Puerto Rico se deleitaron en el ridículo de ver a un impenitente defensor del coloniaje debatiendo extractos de la Constitución estadounidense mientras denunciaba la “injusticia” de un sistema que él mismo defiende, lo que realmente hay detrás del intercambio es el conflicto sobre la orientación del sistema energético hacia el gas natural, como favoreció abiertamente LaMalfa y los nuevos intereses de energía renovable capitalista defendidos por Bhatia.  Éste último articuló su plan para crear un nuevo mercado energético, “bien regulado”, en que varias entidades privadas incluyendo a cooperativas, puedan romper con el monopolio estatal y competir dentro de un esquema de microredes basado en el modelo hawaiano.  Para los políticos colonialistas, siempre es injusto cuando los grandes intereses de afuera se imponen sobre los suyos sin que se les pasen ni siquiera unas migajas.

Aunque se entiende que dentro de un escenario como el congreso estadounidense no haya más que propuestas capitalistas para atajar el problema del sistema energético en Puerto Rico, lo que es imperdonable desde nuestra perspectiva es que dentro del movimiento en contra de la privatización de la AEE, particularmente desde el sector laboral cuyos empleos están en peligro, no se haya elaborado y comunicado una alternativa verdaderamente progresista de gestión pública para la AEE como parte de la discusión popular.   De hecho, cuando el líder de la UTIER recientemente tuvo la oportunidad de hablar ante la prensa del país días antes de la vista en el congreso, éste se dedicó a “aconsejar” al gobernador a que fuera a deponer – como si el mismo que acaba de firmar una ley para privatizar la AEE hubiese dicho algo a favor de mantenerla como ente público – en vez de comunicarle a la ciudadanía una visión alternativa racional del sistema energético desde la perspectiva de la clase obrera consciente.

Nosotros, los comunistas, instamos a los trabajadores a organizarse para empezar a tomar en sus manos la riendas de la vida económica y política de la sociedad.  Ninguna de las propuestas capitalistas para la AEE, todas basadas en el afán de lucro de uno u otro sector capitalista, puede resolver la cuestión de energía eléctrica para las masas.  Le explicamos a la gente que el problema de la energía eléctrica, la necesidad de transformar el sistema actual, no puede separarse de la transformación social más amplia.  La AEE junto con todas las principales empresas e industrias de la sociedad tienen que ser puestas bajo el control directo y democrático de la clase obrera y funcionar de acuerdo con un plan racional de desarrollo.  En cuanto a la producción energética, dicho plan tiene que basarse en una nueva comprensión de la producción y la distribución justa de bienes materiales para satisfacer las necesidades colectivas racionales de la sociedad en armonía con la protección consciente del medio ambiental.  Tal visión sólo puede lograrse bajo el socialismo.

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