Senado estadounidense aprueba por abrumadora mayoría presupuesto militar de $716 mil millones

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El nuevo presupuesto federal es una clara advertencia para la clase obrera internacional.

Por Ismael Castro

 

Con un voto de 85 senadores a favor y sólo 10 en contra, el senado federal aprobó la semana pasada un nuevo presupuesto para el departamento de Defensa, el llamado John S. McCain National Defense Authorization Act for Fiscal Year 2019.  La asignación presupuestaria de $716 mil millones representa un aumento de $82 mil millones más que el año pasado.  Muchos comentaristas, en alusión al tamaño del presupuesto han resaltado que el aumento de un año para otro, $82 mil millones, supera el total de los gastos militares anuales de Rusia ($61 mil millones) mientras que el incremento de $165 mil millones que se ha visto durante los últimos dos años supera el presupuesto para defensa del gobierno chino que se estima en $150 mil millones anuales.  EEUU gasta más que los próximos 11 países combinados para defensa.  El presupuesto aprobado en el senado es casi igual a aquel se aprobó en la Cámara federal el mayo pasado.  Es una clara advertencia para la clase obrera internacional: el imperialismo estadounidense está preparando para la guerra de escala mundial en el futuro no tan lejano.

Además del aumento de fondos para nuevos aviones bombarderos, submarinos, destructores y un portaaviones, una de las disposiciones del nuevo presupuesto incluye la asignación de millones para desarrollar un nuevo arsenal de armas nucleares.  Dicho arsenal incluiría nuevas armas nucleares más pequeñas y de uso ‘flexible’, indicación clara de la creciente disposición de usar estas armas dentro de la alta jerarquía militar.

Al mismo tiempo en que el congreso estadounidense aprueba una política contributiva en beneficio a las corporaciones e individuos más ricos y expande, con abrumador apoyo bipartida, el gasto militar a niveles sin precedente, está imponiendo recortes masivos a los programas sociales esenciales.   Por ejemplo, el presupuesto para el departamento de Educación federal del año 2019 es de $63.2 mil millones, una reducción de 5% en comparación con el 2017, mientras que el presupuesto discrecional para el departamento de Salud y Servicios Humanos del año venidero es de $96 mil millones.  Este último incluye recortes significativos a varios agencias y programas como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la Administración para Niños y Familias, y una reducción masiva de $23 mil millones para el Programa de Asistencia Nutricional (conocido como SNAP en EEUU y PAN en Puerto Rico).  De la misma manera, el presupuesto para el departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano del 2019 es de un mísero $41 mil millones a pesar del creciente problema de vivienda asequible que existe en varias zonas urbanas.

Y como si la discrepancia entre los fondos destinados a la máquina de guerra y los programas sociales no fuera lo suficientemente obscena, la administración de Trump ha propuesto recientemente un plan de reorganización gubernamental que fusionaría departamentos (por ej., Trabajo y Educación) y allanaría el camino para aun mayores recortes a servicios esenciales para los pobres bajo el pretexto de la “responsabilidad fiscal”.

La falta de oposición seria al militarismo dentro del ‘ala demócrata’ de la clase capitalista estadounidense desmiente el mito sobre las supuestas diferencias fundamentales entre los partidos oficiales en EEUU.  Como se refleja en el abrumador voto a favor del reciente presupuesto militar, ambos partidos están unidos en su defensa del imperialismo y su máquina de guerra.  De hecho, las bases ideológicas para este belicismo pueden encontrarse en las varias expresiones del nacionalismo a las que están sujetas las masas obreras en EEUU, desde el veneno etno-chauvinista y racista impulsado por el ala derecha encabezada por Trump y sus correligionarios al proteccionismo económico promovido por la alta burocracia sindical y los llamados ‘progresistas’ del partido demócrata como Sanders.  Las masas obreras, particularmente en EEUU, tienen que oponerse no solamente al militarismo y la canalización de recursos sociales hacia la máquina de guerra que lo sostiene sino también el bombardeo ideológico con que la clase dominante sienta las bases para esta carrera destructiva.

La lucha por el socialismo es una en contra de la máquina de guerra imperialista y al mismo tiempo por la asignación de recursos para el bienestar colectivo.  Los comunistas luchamos por que los miles de millones de dólares que hoy se gastan en armamentos y otros instrumentos de muerte y destrucción se usen para la construcción de viviendas, hospitales y otros centros de atención médica, escuelas, etc. además de la creación de empleos y un sistema de retiro digno garantizado.  Para que esto sea posible, es necesario que la clase obrera, imbuida con el internacionalismo proletario, tomen las riendas del poder.

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