Una respuesta obrera a las restricciones al aborto en Puerto Rico y el auge del conservadurismo religioso

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Los medios le dan plataforma para gente como Nayda Venegas Brown vender su conservadurismo religioso (Foto tomada de Twitter)

Por Mireya Cárdenas

 

Rechazamos, por tanto, toda pretensión de que aceptamos la imposición de cualquier dogmática moral como ley ética eterna, definitiva y por tanto inmutable, por mucho que se nos exhiba el pretexto de que también el mundo moral tiene sus principios permanentes, situados por encima de la historia y de las diferencias entre los pueblos. Afirmamos, por el contrario, que toda teoría moral que ha existido hasta hoy es el producto, en última instancia, de la situación económica de cada sociedad. Y como la sociedad se ha movido hasta ahora en contraposiciones de clase, la moral fue siempre una moral de clase; o bien justificaba el dominio y los intereses de la clase dominante, o bien, en cuanto que la clase oprimida se hizo lo suficientemente fuerte, representó la irritación de los oprimidos contra aquel dominio y los intereses de dichos oprimidos, orientados al futuro. Todo esto no nos hace dudar de que, al igual que en las demás ramas del conocimiento humano, también en la moral se ha producido a grandes rasgos un progreso. Pero todavía no hemos rebasado la moral de clase. Una moral realmente humana que esté por encima de las contraposiciones de clase, y por encima del recuerdo de ellas, no será posible sino en un estadio social que no sólo haya superado la contraposición de clases, sino que la haya además olvidado para la práctica de la vida.” (F. Engels. 1878. Anti-Dϋhring.-Sección Primera.-IX: Moral y Derecho. Verdades Eternas)

No nos debe sorprender que la senadora novoprogresista por el distrito de Carolina Nayda Venegas Brown– recordada por su entusiasta confesión de que el territorio le “olía a nieve y a estadidad” en la víspera del plebiscito del 2017, pretenda aprovechar el auge de la derecha religiosa en los Estados Unidos para intentar restringir el aborto en el territorio.

Venegas Brown ha hecho pública su posición de que su trabajo político y religioso como pastora “son lo mismo”.  Además, en el pasado abogó  abiertamente para que los policías pudieran rezar en horas laborables. Desde su puesto en el senado, Venegas Brown ha sido defensora de las  “Escuelas Iglesias” en Puerto Rico. En fin, estamos ante un personaje ejemplar que nos muestra cómo el auge del conservadurismo religioso pretende afianzar su dominación ideológica contra toda la clase trabajadora.

Como explica el camarada Engels, la moralidad ha de entenderse desde las fuerzas de clase que la impulsan y favorecen una u otra postura encontrada. De otra parte, reconocemos que las trabajadoras no podemos darnos el lujo de tomarnos la vida tan livianamente, tal y como lo hacen los burgueses y sus representantes políticos, debatiendo sin fin la santidad del feto como si así se fuesen a resolver nuestros problemas concretos del diario vivir. ¡Como trabajadoras, nuestra lucha es por la supervivencia misma, y no por los debates interminables, utópicos y pacifistas que no nos sirven de nada!

Con el retrógrado y nefasto Proyecto 950, para establecer la “Ley para la protección de la mujer y la preservación de la vida” dentro de los procedimientos de aborto en Puerto Rico, Venegas Brown propone criminalizar y estigmatizar más el aborto; aunque ya el gobernador advirtió públicamente que no firmaría ninguna medida que fuese inconstitucional.  Sin embargo, el proyecto ya fue referido el pasado 10 de mayo a la Comisión de Asuntos de la Mujer del Senado. El mismo dispone que toda mujer que se realice un aborto luego de las veinte semanas será criminalizada, al igual que su médico. A éstos últimos, la ley le impondría una pena fija de quince años de cárcel por realizarlo en esta etapa de gestación.  Además, el proyecto prohíbe a los médicos realizar un aborto “a menos que certifique por escrito que la mujer dio su consentimiento informado”. También le impondría la obligación de entregarle a la mujer “material informativo” dentro de al menos 48 horas antes del procedimiento, para que lo piense mejor y esté advertida de que “el aborto terminará la vida de un ser entero, separado y único”, además de recordarle todos los riesgos médicos relacionados a un procedimiento de interrupción del embarazo. Se incluye también la obligación médica de enseñarle a la mujer una sonografía en la que se muestre las extremidades del feto y tenga que por obligación de ley, escuchar los latidos del corazón. En los casos en que el médico no cumpla con estas obligaciones, se le impondría una pena de tres años de cárcel.

Las clínicas de aborto, por su parte, tendrían que mostrar un aviso visible que leería: “AVISO: Nadie puede obligarla a tener un aborto. Es contra le ley que un cónyuge, un novio, un padre o madre, consejero, un amigo, un proveedor de atención médica o cualquier otra persona de alguna manera le obligue a tener un aborto”. No tener este aviso visible conlleva multas que oscilan entre los miles de dólares. Por último, el proyecto dispone que ninguna menor de edad tendrá posibilidad de someterse a un aborto sin el consentimiento de sus tutores legales; en cuya ausencia, la menor tendría que solicitarlo del tribunal. Esto es un claro escenario en que la prédica moral reaccionaria y pacifista del conservadurismo religioso en el territorio pretende imponerse a como dé lugar.

Resulta importante destacar que las corrientes sociales que sostienen el debate oficial sobre del derecho al aborto dividen a la clase capitalista. No todos los explotadores comulgan con el conservadurismo religioso de derecha que representa Venegas Brown. El sector representado por la senadora se caracteriza por una hipocresía escandalosa: mientras se dan golpes en el pecho por su heroica cruzada religiosa en defensa de los “niños sin nacer”, defienden el guerrerismo y la carnicería de millones de hijos de la clase obrera resultado de las agresiones imperialistas por el control geopolítico de los recursos y mercados.

De otro lado, se encuentra el segmento liberal de los capitalistas que consistentemente ha favorecido la legalización del procedimiento. Esto se explica, en parte, por el tradicional miedo burgués de que las contradicciones del sistema hagan imposible el mantenimiento y control de su ejército de reserva de trabajadores. Estos liberales capitalistas pro-aborto en el fondo tiemblan ante la posibilidad de que la clase trabajadora y pobre siga reproduciéndose; al mismo tiempo que rehúyen de cualquier solución racional, planificada y científica a los problemas de población, como se hará en la sociedad socialista. Los liberales prefieren ocultar la cuestión del aborto con conceptos abstractos de libertad individual; como si se tratara meramente de una cuestión de elección personal de cada mujer (solo aplicable a las burguesas). Así, bajo el lema de la libertad y equidad de “todas” las mujeres, los capitalistas liberales apoyan cualquier medida que en efecto restrinja el crecimiento poblacional de la clase trabajadora en períodos de agudización de la crisis capitalista; la cual deja a millones de personas sin trabajo.

Cuando el desarrollo capitalista sacó a la mujer del trabajo doméstico, la casa y el cuido de los hijos para lanzarla de lleno al circuito de explotación asalariada, la terminación del embarazo se convirtió en una forma, todavía primitiva, para las mujeres lograr control sobre su rol social como reproductoras y madres. Esto implicó el comienzo del fin de la subordinación al trabajo del hogar y de los patrones tradicionales de crianza. También desembocó en la búsqueda de igualdad dentro de los tímidos límites permitidos por el capitalismo. El aborto es de los pocos métodos accesibles bajo condiciones de la explotación capitalista para las mujeres a adaptarse a estos grandes desarrollos sociales, aunque ello ha sido a un precio extremadamente alto.

Desde el punto de vista proletario, las comunistas reconocemos la base clasista de los conceptos morales que informan la cuestión del aborto. Por eso, sabemos que la moralidad que vocifera tanto la ultraderecha religiosa como la de los sectores del liberalismo burgués no es la moral que responde a nuestros intereses de clase. Las restricciones al aborto que impulsa la derecha conservadora tienen como fin el objetivo de desarmar ideológicamente a la clase obrera ante la inminente agudización de la guerra de clases y el recrudecimiento de los diversos modos de explotación capitalista. Con ello en mente, las comunistas vemos como prioridad la formación ideológica para construir las bases del futuro socialista.  En nuestro futuro socialista, será superada nuestra actual dependencia exclusiva de los métodos primitivos como el aborto para abordar las cuestiones de la reproducción humana y la planificación familiar con otros, no sujetos a la precariedad material impuesta bajo el capitalismo, los cuales combinarán la educación científica, nuevas formas de anticonceptivos y los avances en las relaciones humanas. Sólo bajo una sociedad planificada y justa puede haber un control racional y eficiente de los procesos naturales.

Las comunistas sabemos, por tanto, que la ofensiva conservadora impulsada por políticos como Venegas Brown es, primeramente, un golpe contra la clase trabajadora en momentos en que la Junta de Wall Street y sus siervos políticos en el territorio se proponen intensificar la explotación. Este golpe reduce la calidad de la educación en general, la prestación de servicios médicos, y las oportunidades de empleo de toda la clase trabajadora, afectando particularmente a las mujeres.

Al mismo tiempo, sabemos que la ofensiva religiosa y conservadora muestra una mayor aprehensión y temor de la clase capitalista en general de que llegue a su fin su dominio ideológico y su banquete de explotación.  Prueba de ello es que este fenómeno protagonizado por el conservadurismo religioso es generalizado en los Estados Unidos y otros países. Según un comunicado de prensa conjunto de la Organización Mundial de la Salud el Instituto Guttmacher publicado en septiembre de 2017, las jurisdicciones que adoptan leyes restrictivas tienen las tasas más altas de abortos peligrosos, puesto que los procedimientos de terminación no se reducen. Según el estudio, de 2010 a 2014 se produjeron en todo el mundo 25 millones de abortos peligrosos (45% de todos los abortos). La mayoría de abortos peligrosos (97%) se produjo en países de África, Asia y América Latina. Específicamente, el estudio notó que la región del Caribe tiene la tasa más alta en el mundo, estimada en 59 por 1,000 mujeres en edad reproductiva, seguida por América del Sur en 48.

Las y los comunistas hemos de aplicar el materialismo filosófico, es decir, la comprensión de que todas las ideas sobre la política, la moral, etc. tienen su origen en la realidad material de la sociedad según se va desarrollando, y la lucha entre clases sociales antagónicas que es la fuerza motriz de este desarrollo.  Por lo tanto, rechazamos todo sometimiento ideológico ante la clase capitalista.  En esta coyuntura, nos corresponde rechazar la moralidad de los predicadores hipócritas del conservadurismo religioso. Su hipócrita lucha por la  “santidad de la vida” ignora el hecho de que la clase burguesa de cualquier país siempre tiene fácil acceso a abortos seguros sin miedo a la criminalización; mientras que la mayoría de las trabajadoras deben, o parir o someterse a procesos peligrosos, inseguros y degradantes para satisfacer la moral de los amos capitalistas.

¿Dónde está la “santidad de la vida” cuando los capitalistas imponen cada vez más desempleo, más miseria, más ignorancia y enajenación capitalista, sobre todo entre los jóvenes en etapa reproductiva? ¿Acaso se defiende la “santidad de la vida” cuando la carga económica y material de las familias trabajadoras en Puerto Rico es de tal magnitud que sólo nos queda la posibilidad de emigrar o batallar la incertidumbre del futuro? ¿Acaso Venegas Brown no se ha detenido a pensar, como mínimo por 48 horas, sobre la vida indigna y de miseria a la que, por ser fiel sierva de los capitalistas de Wall Street, somete a la clase trabajadora en Puerto Rico? ¿Se habrá puesto a considerar durante al menos 48 horas toda la destrucción ambiental, los estragos de las guerras imperialistas, su potencial de aniquilar toda la humanidad? Su hipocresía es total y su prédica es en panties. ⅰDebería ser ella la sometida a ese periodo cruel de 48 horas que le impone a toda mujer para que medite como la barbarie capitalista y la moral que nos impone nos mata a todos y a todas!

En el mundo real, no existe ni existirá ley burguesa que ponga fin a los abortos. Las medidas restrictivas del conservadurismo religioso representado por la senadora Venegas Brown solo aumentarán los procedimientos inseguros e insalubres para las mujeres trabajadoras. Ignorar las consecuencias de esta legislación restrictiva es perpetuar la falsedad de la corrupta ley burguesa en general, que siempre se tambalea entre moralidades que no nos sirven. La legalidad burguesa siempre ha conllevado diferentes resultados para las diferentes clases. Las mujeres trabajadoras no la necesitan. Necesitamos una moralidad basada en las condiciones y necesidades históricas de la clase obrera, cuyo objetivo es transformar las relaciones económicas para superar el afán de lucro y la explotación capitalista. ¡Por el socialismo y por la abolición de clases! ¡Por una moralidad que le sirva a nuestra vida, por una moralidad proletaria!

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