Lo que está en juego con la derogación de la Ley 80

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Junte de canallas (Foto tomada de Twitter)

Por Ismael Castro

 

La derogación de la Ley 80 representa el cambio más significativo en la relación entre el capital y el trabajo que ha tenido lugar durante los últimos años.  La esencia de esta cuestión reside no sólo en la capacidad del patrono de despedir a un trabajador bajo el esquema del “empleo a voluntad”, sino también en el fortalecimiento del control sobre todo el proceso laboral que ahora ejercerán los capitalistas.  Esto incluye la capacidad de los patronos de interrumpir cualquier esfuerzo de resistencia obrera al aplastamiento mediante despidos.  En otras palabras, la derogación de la Ley 80, al inclinar el balance en la relación de fuerzas aun más hacia los capitalistas, atenta directamente contra uno de los principios fundamentales del sindicalismo, la protección del trabajador contra las arbitrariedades patronales.

El significado de la derogación de la Ley 80 va mucho más allá del bono de navidad o las diferencias sobre cómo reducir las licencias de enfermedad y de vacaciones.  La facilidad con que los patronos consiguen dispensas para no pagar el bono de navidad ya ha convertido esta cuestión “salarial” en algo secundario.  La realidad es que hay tantas otras disposiciones dentro del nuevo marco legal de las relaciones laborales que aseguran la reducción de salarios, por ej. la imposición de requisitos de trabajo a beneficiarios de PAN, el afán de trasladar a más personas a la economía formal, etc., que para los capitalistas el bono de navidad no importa tanto.  De todos modos, con la derogación de la Ley 80, ¿qué opción le queda a un trabajador si no recibe el bono de navidad que se le debe?

En cuanto a las licencias de enfermedad y de vacaciones, se sabe que lo que diferenciaba la posición de Ricky de la de sus colegas en la Junta era que el primero proponía una reducción paulatina de las mismas, empezando otra ronda en el 2019, mientras que los últimos, por lo menos hasta recientemente, favorecían reducir el número de días “de cantazo”.  Tal parece que se acordó seguir con la táctica de Ricky de “tirar algunas migajas” a corto plazo mientras se concentraba en asuntos más fundamentales.

¿Por qué tanta insistencia de parte de la Junta de Wall Street y Ricky, defensores de la oligarquía financiera, en que se creen las condiciones para aumentar la explotación de los trabajadores?  Para entender esta cuestión es necesario detenerse un momento a analizar la relación entre el capital financiero, como un sector de la clase capitalista, y los demás sectores capitalistas.

Muy contrario al capital industrial o comercial, representados respectivamente por las empresas manufactureras y las comerciales, el capital financiero no explota directamente al trabajador en su capacidad de productor de riquezas materiales o agente de los servicios, excepto en el caso de la relativamente pequeña fuerza laboral que desempeña las labores auxiliares para una institución financiera.  De hecho, la enorme cantidad de riqueza adquirida por el capital financiero, independientemente de que sea un banco, un fondo de cobertura, un fondo de capital privado, etc., proviene de la (re)distribución de la riqueza social ya acumulada.  En otras palabras, el capital financiero no genera la riqueza material en la forma de lo que los marxistas llamamos “plusvalía”, la fuente de todas las ganancias, sino que mediante su monopolio sobre el dinero se apropia de la que produce el sector productivo de la economía, principalmente el capital industrial.

Dentro de la jerarquía actual de la clase capitalista en su conjunto, el capital financiero ocupa un escalón dirigente.  Para parafrasear a Marx, frente al creciente poder del capital financiero, los capitalistas industriales y comerciantes se convierten cada vez más en capataces que explotan directamente al trabajo humano.  Mediante el mecanismo de la deuda, sea pública o corporativa, se intensifica esta explotación ya que se aumenta cada vez más la porción del fruto extraído del trabajo humano que se le destina al financiero.  Precisamente por eso se le denomina capital “parasitario” al financiero ya que éste explota al explotador.

Si bien existen conflictos internos entre los capitalistas, a veces muy feroces, sobre la distribución de la riqueza social, la plusvalía, toda la riqueza acumulada descansa sobre la explotación del trabajador, lo cual explica el interés común de la clase capitalista en su conjunto en la defensa del actual régimen de explotación.  Al final del día, la dependencia del crédito que tienen las empresas manufactureras y comerciales, o para expandir sus operaciones o sobrevivir durante las bajas periódicas en la demanda, atenúa cualquier oposición suya a los oligarcas financieros.   Mientras más presiona el capital financiero, se intensifica la carrera para explotar aun más a la clase obrera.

La derogación de la Ley 80 representa pues, una pieza clave en la ofensiva capitalista dirigida a exprimirles más a los trabajadores.  Cómo expresan muchos líderes obreros, esta movida revierte el reloj del tiempo borrando décadas de conquistas obreras.  Cuando Ricky y todos los demás defensores del los capitalistas hablan de revitalizar la economía en la colonia, a lo que se refieren es crear las condiciones para un nuevo régimen de súper explotación de los trabajadores.  Todos los sectores de la clase capitalista entienden que la única manera de garantizar sus ganancias es mediante la imposición de unas condiciones infrahumanas a las masas obreras.  Precisamente por eso se impone como condición para volver a acceder a los mercados de crédito estos cambios al régimen laboral.

De la misma manera en que los trabajadores no pueden limitar su lucha a una en contra de tal o cual sector de la clase capitalista, tampoco pueden reducirla a una basada exclusivamente en un aumento de salarios o la defensa de derechos laborales.  Pues, durante la larga historia de la lucha de clases los capitalistas siempre sentirán la compulsión periódica de despojar las conquistas limitadas de la clase obrera.  Por eso instamos a los trabajadores a hacer suyo un programa de revolución.  Únicamente una lucha revolucionaria, guiada por un programa socialista e internacionalista, les ofrece a los trabajadores una salida a la difícil situación que se les presenta.

 

 

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