La farsa detrás de la reforma contributiva de Ricky

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Rosselló y Maldonado Gautier, hablando sobre cómo meterle otro "paquete" a la gente (Foto tomada de Twitter)

Por Lidia López

Mantenerse al día con tantas mentiras de los lacayos políticos de la clase capitalista en la colonia puede ser difícil a veces.  Tal es el caso con la llamada reforma contributiva propuesta recientemente por Rosselló, la cual fue debatida la semana pasada en el senado colonial.  Como evidencia de la falta de honestidad con que la administración colonial y todos los demás defensores políticos del capitalismo en Puerto Rico discuten la política contributiva, sólo hay que notar como se omiten de toda esta discusión a las obscenas exenciones y concesiones contributivas ofrecidas a los individuos ultra ricos y las empresas extranjeras.

Ricky, empleando la mismita retórica de Trump y los republicanos cuando vendían su reforma contributiva en EEUU, encera muy poético sobre cómo él va a devolverles el dinero a los contribuyentes al mismo tiempo que simplificará los procesos para “cumplir con las obligaciones contributivas.”  Habla de subir a $12,500 los ingresos no tributables y bajar la tasa contributiva de 7% a 1% para aquellos que ganan menos de $21.000 anuales.  La realidad, sin embargo, es que ese sector de la población no forma el núcleo de la base impositiva sobre ingresos.  El gobierno los saquea a diario a través de impuestos sobre el consumo, como el IVU, y otras cargos escandalosos.  En términos del ingreso proveniente de los impuestos sobre salarios, son los siguientes tres corchetes fiscales – de $21.000 a $45.000, de $45.000 a $58.000, y en exceso de $58.000 – los que proporcionan al estado la mayor parte.

Pero en seguida nos encontramos con una contradicción evidente.

En ninguna parte de la discusión “pública” sobre la reforma contributiva propuesta se habla de leyes como la Ley 22, la cual les exime de todas las obligaciones contributivas a los individuos que se mudan a Puerto Rico con ingresos pasivos, tal como aquello derivado de “ganancias de capital” o capital gains, intereses y dividendos.

Tampoco se habla de la infame Ley 20, la cual aplica a empresas que exportan servicios.  Según la página premieroffshore.com:

Bajo la sombrilla del incentivo fiscal de la Ley 20, la entidad (empresa) en Puerto Rico pagará el 4% del impuesto corporativo por los servicios de exportación elegibles y recibirá una exención del 100% de los dividendos para los accionistas residentes bona fide de PR. Eso significa que la corporación pagará el 4% sobre las ganancias netas de bancos internacionales y puede distribuir esas ganancias a los residentes de Puerto Rico libres de impuestos. Puede cambiar su tasa de 40% en Estados Unidos por una tasa de PR del 4% de la noche a la mañana.

En general, las empresas que prestan servicios elegibles en las categorías de sedes corporativas, centros de llamadas, mercadeo por Internet, negocios en línea y casi cualquier otro negocio portátil pagarán 4% en impuestos corporativos y disfrutarán de una exención del 100% de los impuestos sobre propiedad durante los primeros cinco años de operaciones.

Pero esto no es todo.

Otra ley que se ha quedado misteriosamente ausente en el discurso público sobre la reforma contributiva es la #273, la cual regula la organización de instituciones financieras en Puerto Rico y bajo la cual se les conceden una tasa tributaria de 4% sobre las ganancias netas de bancos internacionales, fondos de inversión, fondos de cobertura y un sinnúmero de otras entidades financieras como los criptobancos.  La ley 273 es la pieza central del marco legal que convierte a Puerto Rico en un paraíso fiscal internacional, el segundo más grande del área del Caribe después de las islas Caimán.

Otros mecanismos legales que no se incluyen en la discusión sobre la política contributiva y que les dan beneficios contributivos sin paralelo a los capitalistas son la Ley 73 para el sector manufacturero y exportador, la Ley 399 para las aseguradoras internacionales y por último, la Ley 185 para los fondos de capital privado.  Todos estos mecanismos legales funcionan para aumentar los niveles obscenos de riqueza de los varios sectores de la clase capitalista mientras la mayoría trabajadora languidece ente la precariedad y la miseria.

La política contributiva, tal como otros aspectos de la política pública, nunca puede desvincularse de la lucha entre clases en la sociedad capitalista moderna.  La llamada reforma contributiva de Ricky tiene que entenderse como parte del nuevo presupuesto y las leyes laborales – partes claves de la ofensiva capitalista contra la clase obrera.  El supuesto “alivio” a los pobres de que se jacta Ricky es en realidad la profundización del desangramiento de las agencias estatales encargadas de la prestación de servicios esenciales a la ciudadanía.  El otro polo del orden social, las exenciones contributivas a los capitalistas, se quedarán sin tocar.  Las capas relativamente mejor remuneradas de la clase obrera y algunos sectores de la pequeña burguesía continuarán cargando con la peor parte de la política contributiva además de los impuestos sobre el consumo y otros cargos escandalosos.

Además de un ambiente tributario favorable para las empresas extranjeras y locales – Puerto Rico is open for business – el tándem de Ricky y la Junta de Wall Street ha colaborado para garantizarles a los capitalistas mayor control sobre las condiciones laborales con la inminente derogación de la Ley 80 entre otras medidas más para aumentar los niveles de explotación de los trabajadores.

Queda claro que la clase obrera nada tiene que buscar en las “reformas” de Ricky.  Ninguna de las disposiciones de su nuevo proyecto de ley sobre el régimen tributario aborda el problema de la creciente desigualdad social o ningún otro problema social significativo.  Todo lo contrario.

No obstante, precisamente porque el proyecto impulsado por Ricky y su manada de chacales capitalistas aumenta la desigualdad social, se garantiza también una intensificación de la lucha de clases de los trabajadores.  No les queda más remedio.

Desde nuestra perspectiva, cada uno de los proyectos reaccionarios que impulsa la administración derechista de Ricky atraerá a cada vez más trabajadores hacia la causa del socialismo.  Y los comunistas seguiremos trabajando para poder organizar esta afluencia de personas deseosas de una alternativa de la sociedad capitalista.

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