Aumenta amenaza de guerra

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Se recuerda que Bolton fue una figura clave en la campaña desorientadora para llevar ante el público el fraudulento pretexto de armas de destrucción masiva que se usó para justificar la invasión de Iraq en 2003.

Por Ismael Castro

 

Hay suficientes razones para no creer los informes de los medios oficiales en que acusan al gobierno de Siria de haber llevado a cabo un ataque químico en que murieron docenas de personas este sábado pasado.  Los medios internacionales han sido dominados desde domingo con informes del ataque químico, supuestamente con gas de cloro o gas sarín, que tuvo lugar en la ciudad de Douma ubicada en el norte de Guta Oriental, un área en la provincia de Damasco al sur de Siria.  Las imágenes de víctimas civiles, muchos niños, fueron difundidas en las redes sociales por la organización los Cascos Blancos, un grupo con orígenes cuestionables el cual ha sido financiado al son de $123 millones en los últimos cinco años por los gobiernos de EEUU y Gran Bretaña.

Tal como el caso del supuesto ataque químico en el pueblo de Idlib al noroeste de Siria hace un año, el cual se aprovechó para lanzar decenas de misiles crucero tomahawk contra el país, las denuncias internacionales surgieron con velocidad relámpago de una manera coordinada antes de que se iniciara siquiera una investigación independiente formal.  A pesar de llamados por Rusia e Irán para llevar a cabo una pesquisa formal, la administración estadounidense ha expresado su intento de iniciar una respuesta militar aun cuando se sabe que no hay pruebas definitivas que identifiquen al gobierno sirio como responsable.  Esto sigue un patrón ya muy común de una operación sofisticada para manufacturar consentimiento popular a favor de una escalada militar por países como EEUU, Gran Bretaña y Francia.

Para añadir a las sospechas, figuras nefarias como John Bolton y Mike Pompeo se han unido formalmente a la administración de Trump en semanas recientes.  Se recuerda que Bolton fue una figura clave en la campaña desorientadora para llevar ante el público el fraudulento pretexto de armas de destrucción masiva que se usó para justificar la invasión de Iraq en 2003.  Desde entonces, las guerras depredadoras llevadas a cabo por EEUU han dejado un sendero de destrucción sin paralelo contemporáneo.

Finalmente, desde la perspectiva del mismo régimen sirio, un ataque de esta índole no tiene sentido.  Al momento, las fuerzas del régimen sirio, con el apoyo de Rusia, están al punto de una victoria decisiva contra contra las fuerzas islamistas apoyadas por EEUU.  De hecho, Guta Oriental es el único territorio que sigue bajo el tenue control de las fuerzas anti gobierno.  En días recientes se ha negociado la retirada de varias fuerzas islamistas que ocupaban el área.  Un ataque químico por el gobierno de Asad en estos momentos no tiene sentido desde el punto de vista militar o político.

Lo que sí se sabe es que la semana pasada la idea de una retirada de tropas estadounidenses de Siria expresada públicamente por Trump fue rechazada rotundamente por el todo el espectro político de EEUU.  La pérdida de territorio en Siria ante la creciente influencia de Rusia y, en grado menos Irán, preocupa a los ideólogos del imperialismo estadounidense.

La situación ha escalado tensiones entre EEUU y Rusia, dos potencias nucleares.  Trump, en una concesión a los servicios de inteligencia y el Pentágono, ha prometido una respuesta militar después de una serie de tuits en que catalogó a Asad de “animal”, etc.  Esto fue seguido por el presidente francés Macron, quien declaró que Francia estaría dispuesto a dar un golpe en Siria solo si EEUU no respondiera.

Mientras tanto, Putin ha advertido contra cualquier provocación y su jefe de Gabinete, Valery Gerasimov, declaró ante la prensa mundial que Rusia no sólo respondería en una situación en que sus tropas fueran amenazadas sino que cualquier “interferencia militar en Sira . . . puede llevar a consecuencias graves.”

Sin lugar a dudas, se aumenta la amenaza de una conflagración mundial.

Las más recientes lágrimas de cocodrilo vertidas por oficiales de la administración estadounidense, junto con las de la “oposición” leal demócrata por la muerte de civiles en Siria son completamente hipócritas.  Además de ser responsable de innumerables muertes y la destrucción de sociedades enteras, particularmente en África, el Medio Oriente, Asia central y Centroamérica, el imperialismo estadounidense ha apuntalado y sigue apoyando a regímenes autoritarios en varios países del mundo.

Como señalamos el año pasado referente al bombardeo estadounidense en Sira, “Durante las últimas tres décadas el imperialismo estadounidense ha realizado numerosas campañas de agresión militar en la región resultando en una incalculable pérdida de vidas y la desestabilización si no la completa destrucción de sociedades.  Todo lo ocurrido ha tenido lugar bajo el fraudulento pretexto de salvar al mundo de tal o cual tirano regional.  En años recientes, la agresividad del imperialismo estadounidense en la región se ha intensificado.  Actualmente, el gobierno de Washington sigue operaciones militares directas en Afganistán e Irak, apoya la destrucción que se está llevando a cabo en Yemen mediante el suministro de armamento al ejército invasor saudita y el uso directo de fuerzas especiales, suministra armamentos a los gobiernos represivos de Egipto y Bahrein, ocupa militarmente a Yibuti y está en proceso de expandir su presencia militar en África, particularmente en los países del ‘cuerno’ como Somalia, a través de Africom, el comando estadounidense en África…

Nuestra oposición a este impulso bélico del imperialismo estadounidense no se basa en el pacifismo como principio o el apoyo al régimen reaccionario de Assad.  Nuestra oposición a las últimas movidas del imperialismo estadounidense se basan en una comprensión científica del imperialismo como fase del capitalismo en la cual se intensifican todas las inherentes contradicciones del último.  Son estas inherentes contradicciones que obligan a los capitalistas a emprender la guerra tanto en el extranjero como en el interior.  Por eso están unidos tanto republicanos como demócratas en esta campaña de agresión militar.  Desde Puerto Rico, la clase obrera repudia el bombardeo estadounidense de Siria y todas las agresiones imperialistas a través del mundo.  Entendemos que únicamente la clase obrera unida puede salvar al mundo de otra hecatombe mediante la toma revolucionaria de poder y la transformación socialista llevada a cabo bajo los principios del internacionalismo proletario.”

Nuestras conclusiones entonces siguen exactas en la actualidad.

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