Aparente nuevo reacomodo imperialista en México

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López Obrador aliviando las preocupaciones capitalistas en un discurso reciente ante la convención de bancarios celebrada en Acapulco.

Por Rogelio Acevedo

Durante los pasados días los principales medios de prensa internacionales han reseñado la amplia ventaja que lleva el candidato “izquierdista” Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las encuestas para las próximas elecciones presidenciales en México pautadas para el 1 de julio. López Obrador aventaja por 18 puntos a Ricardo Anaya candidato de la coalición derechista “México al frente” y al ex ministro de finanzas José Antonio Meade candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Tal parece que el ex alcalde de Ciudad México ha logrado aglutinar un porcentaje importante de votos aprovechando el descontento de las masas con los sucesivos gobiernos conservadores de los pasados años.

Sin embargo, lo que ante la visión corta de los reformistas liberales se plantea como un “avance en la resistencia contra el neoliberalismo”, en realidad encierra grandes peligros para las masas obreras en México precisamente por la visión capitalista del candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA).

Veamos.

A pesar de su retórica incendiaria, a muchos liberales que ahora se llenan de esperanza con un posible triunfo de AMLO, se les olvida sus inicios como militante del PRI, quien luego fundó con el ala liberal de ese partido el Partido de la Revolución Democrática (PRD), una mezcolanza de liberales y socialdemócratas. Fue uno de los políticos que apoyó la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés) con EEUU y Canadá, que no ha hecho más que beneficiar los monopolios estadounidenses. AMLO ganó bastante notoriedad como “político de izquierdas” cuando en 1995 protagonizó su Caravana por la Democracia hacia Ciudad México donde se denunciaban sucesivos fraudes electorales, y que oportunistamente aprovecharon para realizar bloqueos en instalaciones de Petróleos Mexicanos (PEMEX) como oposición a la privatización de la empresa gubernamental.

En 2000 asumió la alcaldía del Distrito Federal donde implementó una hábil política neoliberal barnizada con reformas cosméticas aprovechando asuntos de alto interés público como eran la criminalidad y la modernización de amplias zonas de la capital. Sobre el tema de la criminalidad, contrató al ex alcalde de Nueva York y ultra reaccionario Rudy Guiliani por la friolera de $4.3 millones para implantar su plan de “cero tolerancia” en que básicamente se trató de encarcelar hasta un año sin juicio a personas por crímenes menores. De la misma manera, su programa de “revitalización de la ciudad” se basó en formar un consorcio con el multimillonario Carlos Slim (dueño de Claro) donde se aplicó una rigurosa política de gentrificación y de expropiación de comunidades marginadas para dar paso a inversiones multimillonarias de residencias lujosas.

Luego de su derrota en las elecciones presidenciales de 2006 ante Felipe Calderón del Partido de Acción Nacional (PAN) protagonizó protestas multitudinarias bajo acusaciones de fraude. Para esa ocasión, en vez de dirigir las masas obreras hacia la organización de la lucha revolucionaria, se hizo investir como “presidente legítimo”, acto que tuvo el efecto práctico de desmovilizar el descontento popular y de reafirmar la fe en un sistema en franca putrefacción. En 2012 hizo un nuevo intento para la presidencia en el que fue derrotado nuevamente, esta vez por Enrique Peña Nieto del PRI.

Aun cuando AMLO ha sido un firme defensor del régimen capitalista en México, su discurso “de izquierdas” que los medios burgueses catalogan correctamente como populista, pareciera en apariencia lo suficientemente preocupante para los representantes del imperialismo. Tal es el caso de las petroleras Chevron y EXXON, quienes tienen fuertes intereses en el sector energético luego de las políticas de privatización de PEMEX por Peña Nieto, que han abierto la puerta a monopolios internacionales a la explotación de petróleo y gas natural. AMLO ha señalado repetidamente en su campaña que se dispone a revisar esos acuerdos, lo que ha causado cierta preocupación, aun cuando los propios imperialistas han reconocido su apoyo al NAFTA. Este apoyo se basa en el papel que ha jugado ese acuerdo en configurar la economía mexicana que lo ha convertido en una plataforma de exportación del capital estadounidense, que ha impulsado inconsistentemente la tasa de crecimiento de su PIB entre el 2% y 2.5% anual.

Aun cuando México ha firmado otros 10 acuerdos de libre comercio con 45 países, su principal papel en el esquema capitalista internacional sigue siendo el de centro de producción para el capital estadounidense, así como exportador de materias primas y otros insumos para la producción en EEUU. Sin embargo, tal pareciera que lo que realmente está incomodando a determinados sectores de la clase capitalista son los reiterados comentarios de AMLO de expandir los lazos comerciales con China, que actualmente está inmersa en una guerra tarifaria con EEUU.

Considerando los actuales niveles de desigualdad en México, donde la pobreza está generalizada, con una población arrinconada por la corrupción institucionalizada, con el narcotráfico controlando vastas zonas del país, en particular en la frontera con EEUU, los asesinatos cometidos por fuerzas del Estado, han ido creando niveles de descontento entre las masas lo suficientemente importantes para levantar preocupación a la clase capitalista internacional. En ese sentido, aunque en lo inmediato, el entorno de Trump muestre inconformidad con la candidatura de AMLO, este podría ser tolerado temporeramente para realizar determinadas reformas cosméticas que bajen el nivel de tensión social, mientras que a la misma vez permita una expansión de la inversión y de la explotación del trabajo. Hemos visto por los pasados 20 años como los gobiernos “progresistas y pseudo revolucionarios” en América Latina han servido de punta de lanza del capital internacional para abrir la puerta la intensificación de la explotación de los recursos naturales y humanos bajo la bandera del “socialismo”.

Por estas y muchas otras razones, este nuevo arreglo del imperialismo en México, de resultar victorioso AMLO o no, debe servir como una importante lección para las masas trabajadoras, no solo en Puerto Rico, sino en el mundo, de que los reformistas siempre acaban haciendo el trabajo sucio a la clase capitalista. Es posible que México sea un nuevo capítulo en la interminable fila de traiciones de los liberales con la clase obrera. Es por esto que, exhortamos a la clase obrera en México y a nuestros camaradas del Partido Comunista de México a que continúen con su trabajo de organizar la acción política obrera independiente y a denunciar el oportunismo de todos los defensores del capitalismo.

¡Comunismo o barbarie!