Se destapa la hipocresía de FEMA

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Se aumenta la pobreza y se intensifican las tensiones sociales.

Por Rosa Rojas

 

A cinco meses transcurridos luego del huracán María, continúa en ascenso vertiginoso la precaria situación que sufren las masas en Puerto Rico, a pesar de la noción de “normalidad” que se esfuerzan en trasmitirnos los representantes del capital en el territorio no incorporado de Puerto Rico. Todavía cientos de miles de personas sufren la falta de vivienda, electricidad, agua, servicios médicos, empleo; en fin, condiciones mínimas para vivir dignamente. Aunque son numerosos los factores que se entrelazan en esta compleja situación, poco a poco las masas van reconociendo la hipocresía de FEMA como cara visible del gobierno federal, en su incapacidad de atender mínimamente sus necesidades.

Tradicionalmente ha existido una brecha entre la percepción de la presencia de las agencias federales en Puerto Rico entre los sectores independentistas y la mayoría de las masas trabajadoras. Por un lado, los independentistas, aunque de forma limitada e idealista, han sido consistentes en denunciar las razones y resultados de la presencia de estas agencias, particularmente, los cuerpos armados como la Marina y el FBI. No obstante, estas denuncias nunca han podido dar respuestas concretas a las masas sobre los motivos económicos de la presencia imperialista en Puerto Rico, mucho menos plantear estrategias de lucha basadas en el internacionalismo.

A grandes rasgos, sus propuestas económicas se han basado en desarrollar una “industria nacional” que sirva de apéndice en los ámbitos productivos y de servicios a los monopolios internacionales, sostenida por una clase obrera dócil bajo condiciones laborales precarias. Y precisamente ante esa perspectiva capitalista del sector independentista, las masas en Puerto Rico, en su visión materialista, siempre han percibido erróneamente que los federales han resuelto o ayudado a resolver sus problemas más apremiantes. Sin embargo, ante el proceder errático y abusivo de las agencias federales en el territorio luego del desastre, esa percepción de que los federales resuelven todo ha ido cambiando rápidamente.

Informes de prensa recientes han destacado las numerosas trabas que han enfrentado los damnificados para acceder a las ayudas que alega ofrecer FEMA. Estos informes señalan que se han hecho cerca de 1,107,139 solicitudes, de las cuales se han aprobado 433,856 para ayuda parcial que promedió $2,551; lo cual representa un 39% del total.  De estas, cerca de 11,000 solicitudes recibieron el máximo de ayuda de $33,300 lo cual representa el 0.01% del total . Las justificaciones más recurrentes que ha ofrecido FEMA para dar ayuda parcial o denegar las solicitudes son: que las casas no hayan quedado inhabitables, porque no tienen la documentación requerida, tienen seguro privado o que no hay prueba de que los daños hayan sido causados por el huracán.

En su reporte Número 26 el Centro de Información Censal de la UPR Recinto de Cayey, informó que para enero 2018 cerca del 88% de los hogares en Puerto Rico (1,237,180) sufrió daños relacionados a los huracanes Irma y María. Destaca también el reporte que, a pesar de la devastación general, los municipios donde más del 90% de los hogares solicitaron ayuda fueron Yauco, Orocovis, Naranjito, Culebra, Vega Baja, Canóvanas, Sabana Grande, Guánica, Barranquitas, Comerío y Juncos. Estos municipios tienen tasas de pobreza que sobrepasan el 50%, por lo que no debe sorprendernos el porcentaje tal alto de solicitudes.

Mientras FEMA continúa con su intensa campaña de relaciones públicas, donde según sus estadísticas señalan que han asignado más de $1,500 millones divididos entre $1,059,120, 278 para su programa Asistencia Individual (IA por sus siglas en inglés) y de vivienda bajo el programa Tu Hogar Renace. El propósito de este programa es que las personas puedan permanecer en sus hogares, ya que las autoridades gubernamentales reconocen el agudo problema de acceso a vivienda que existe. Otras asignaciones incluyen $559,157,476 destinados para su programa de Asistencia Pública (PA). El programa de IA atiende las solicitudes de individuos para reparaciones de sus viviendas, mientras que el programa de PA trabaja con asignaciones a partir de solicitudes hechas por agencias estatales o municipales.

Alega además FEMA, que a 120 días del desastre el 80.3% del país ya cuenta con servicio eléctrico, que se han instalado 55,692 toldos azules, 98% cuenta con agua potable y que personal médico federal ha atendido 38,037 pacientes. También señala FEMA que otra forma de contribuir con “la recuperación económica” del territorio ha sido la creación de empleos, que aseguran que sobrepasa los 1,000 empleados locales y que aún siguen abiertas las convocatorias. De lo que no nos habla FEMA es del despilfarro de cientos de millones de dólares en contrataciones a otras agencias federales como el Cuerpo de Ingenieros (USACE por sus siglas en inglés) en las llamadas “Mission Assignment”, quienes a su vez reparten esos presupuestos a contratistas donantes de las campañas políticas en EEUU. Han sido notorios los casos de Fluor con dos contratos que suman $1,071 millones, para la restauración del servicio eléctrico, así como otros para instalación de toldos.

Mientras ocurre todo este festival de repartirse millones, nuestro pueblo y particularmente los sectores más vulnerables, nuestra niñez y envejecientes, sufren grandes carencias materiales, postración y desesperación ante una situación que no muestra salidas inmediatas. Sin embargo, cada vez son más frecuentes las protestas en comunidades a lo largo y ancho del país exigiendo que los administradores del territorio y sus patrones federales tomen cartas, especialmente en el restablecimiento del servicio eléctrico y en el recogido de escombros. Estos fuegos aislados y aparentemente carentes de una perspectiva política son la muestra de la cada vez más creciente agudización de los conflictos de clase que se avecinan en el territorio. La tarea más apremiante para los comunistas es organizar y darle coherencia ideológica a ese descontento con la clase obrera como sujeto dirigente en la lucha contra las clases explotadoras.

Definitivamente el problema de la pobreza en Puerto Rico tiene entre sus causas la dominación imperialista de EEUU. Inclusive para sectores “progresistas” de la burguesía criolla como los Ferré Rangel, la pobreza en el territorio ha alcanzado niveles alarmantes, que más allá de su indignación liberal, representan su preocupación por sus implicaciones de inestabilidad para el régimen de explotación. Pero, la causa de fondo de la miseria de las masas en Puerto Rico, así como el de miles de millones de personas en el planeta, reside en el régimen capitalista, origen del yugo del imperialismo. Es por esto que para las masas obreras en el territorio es un asunto de primer orden entender que esto no es un problema entre jíbaros y yanquis, sino por el contrario, debemos partir de una visión internacionalista para luchar efectivamente contra el capitalismo y todos sus defensores. Es por esto que se perfila como una tarea de primer orden para los obreros conscientes en Puerto Rico luchar por estrechar lazos con la clase obrera internacional como táctica para derrotar el imperialismo en su eslabón más débil.

¡Proletarios del mundo uníos!

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