La politización de la juventud

0
233

Por Luis Soto

 

Esta tarde, manifestarán millones de jóvenes a través de EEUU y el mundo entero inspirados por los estudiantes de la escuela superior Marjory Stoneman Douglas en la comunidad de Parkland en el estado de Florida.  Bajo la consigna “Marcha por nuestras vidas”, los eventos fueron organizados como un repudio a la violencia de armas en las escuelas, y particularmente las incidencias de tiroteos masivos, además de una campaña para lograr cambios a las leyes de armas en países como EEUU.

Sin embargo, la movilización masiva revela que lo que motiva a los manifestantes va mucho más allá del issue del control de armas.

En EEUU, una persona menor de 30 años de edad habrá vivido la mayoría de su vida, si no toda, bajo condiciones de guerra perpetua.  Las guerras en Iraq y Afganistán, la destrucción de sociedades mediante campañas militares ilegales en lugares como Libia y Siria, además de la creciente amenaza de guerra en Corea de Norte e Irán pesan en la conciencia colectiva de una población cansada y frustrada a pesar de la constante glorificación de guerra llevada a cabo en los medios capitalistas.  Junto con este irresponsable derroche de recursos sociales en el belicismo, esta misma generación sólo ha conocido la intensificación del saqueo y la miseria.  La inmensa riqueza amasada por la oligarquía financiera a través de actividades parasitarias y en muchos casos ilegales contrasta con la carga de deuda individual, la congelación de salarios, el subempleo, la erosión de protecciones sociales, la degradación ambiental y los sentimientos generales de frustración, inseguridad y enajenación que vive la mayoría de las personas.

Es por estas razones que el llamado de los jóvenes de Parkland se ha convertido tan fácilmente en una manifestación de repudio más allá del issue catalizador inicial de la violencia de armas.  No en balde los políticos defensores del capitalismo se han movilizado para cooptar a esta juventud y canalizar su energía hacia ideas y acciones fácilmente contenidas y controladas por el régimen político existente

Tal ha sido el caso de Luis Rivera Marín, secretario de Estado bajo la administración de Rosselló.  En una columna reciente que aparece en la portavoz impenitente del capitalismo en Puerto Rico, El Nuevo Día, Rivera Marín tiene la cara de hablar de la moral, la vida, la paz, la hermandad y el amor en su llamado a acudir al Paseo Laguna del Condado esta mañana.

¡Hipócrita!

Como funcionario del Estado colonial y miembro de la alta cúpula del PNP, este predicador en calzoncillos es un acérrimo defensor del mismo imperialismo estadounidense responsable por tanta violencia y destrucción a través del mundo.  Como miembro de una de las administraciones más reaccionarias en la historia reciente, Rivera Marín ha avalado una serie de políticas que hacen la vida imposible a la juventud, que le quitan toda posibilidad de vivir una vida plena, de educarse, de tener la seguridad de una vivienda y la atención médica adecuadas, de realizar sus sueños de aportar a su país mediante el trabajo, y de tener en un futuro una familia propia.  Los altísimos índices de violencia y criminalidad en Puerto Rico son el reflejo de estas fallidas políticas que dejan a las masas en general, y un porcentaje alto de la juventud en particular, sujetos a la desesperación.  Al mismo tiempo Rivera Marín, junto con todos sus correligionarios, ha sido un fiel defensor de la oligarquía financiera que se ha enriquecido en medio de toda esta miseria.

Los comunistas aplaudimos la iniciativa de la juventud mundial.  Unimos nuestra voz a los manifestantes que hacen extensiva su solidaridad con las víctimas de la violencia insensata al repudio del sistema capitalista, la fuente promotora de guerras y violencia diaria además del empobrecimiento y la enajenación de la mayoría.  Instamos a los jóvenes que se sienten desilusión con los politiqueros de siempre a abrazar las ideas del socialismo e involucrarse en actividades orientadas hacia la promoción de la transformación socialista de la sociedad.