Como quien quiere exprimir sangre de una piedra…

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Hacienda se destaca como la única agencia gubernamental que experimenta una expansión.

Por Luis Soto

El gobierno de los capitalistas en Puerto Rico ha anunciado su intención de trasladar a unos 200 empleados de otras dependencias a Hacienda.  La movida, que se da al amparo del llamado Empleador Único, también forma parte de unos cambios más amplios que se contemplan que incluiría, contradictoriamente, el traslado de empleados transitorios de Hacienda al sector privado, más específicamente a los bancos y las cooperativas, donde en un futuro podrían realizar labores relacionadas al recaudo de contribuciones y otros cargos impuestos por el gobierno.

En momentos en que la administración colonial predica la necesidad del achicamiento gubernamental para reducir y hasta abandonar por completo la prestación de muchos servicios esenciales Hacienda se destaca como la única agencia que experimenta una expansión.  ¿Puede negarse alguien que el gobierno en Puerto Rico no es más que un bagman de la mafia financiera de Wall Street?  Y como aquellos coleccionistas aterrorizadores que un capo mafioso emplea para extorsionar a los pequeños comerciantes en un barrio, el gobierno colonial lleva a cabo esta tarea con un empeño acérrimo.

Más notable todavía es el hecho concreto de que el aumento de la fuerza laboral encargada de recaudar contribuciones a la población se da al mismo tiempo en que los politiqueros coloniales hacen volteretas para bajar los impuestos a las empresas capitalistas aun en tiempos de ‘aprietos fiscales’.  La nueva propuesta de reforma contributiva criolla de Rosselló es un fraude.  Mientras le tira la carnada de una reducción de 7% a 1% a los individuos con ingresos anuales entre $9000 a $25 mil, es decir, el sector más pobre de los trabajadores cuyos míseros ingresos no dan ni para una vida digna a pesar de tener empleo, las reducciones contributivas que se les concederían a las empresas son más significativas.  Para las corporaciones que actualmente tributan un 20% sobre las ganancias, se propone una reducción a 17%, mientras para aquellas con una tasa actual de 39% la propuesta sería bajarla a 29%.  A esto se le suma le eliminación del IVU para las transacciones entre empresas (B2B Tax).

Cabe destacar que ninguna empresa capitalista paga la tasa oficial que le corresponde ya que todas emplean un ejército de contadores y abogados cuya tarea principal es aprovechar todas las lagunas tributarias que los gobiernos capitalistas ofrecen a sus donantes.  Lo que significa todo esto es que aun más de la carga impositiva que resulta de las demandas de los parásitos financieros de Wall Street bajo el pretexto de la llamada deuda pública caerá sobre los hombros de la clase trabajadora la cual será saqueada mediante una serie de nuevos cargos dedicados para la energía, el agua, y otros servicios esenciales pronto a ser privatizados.

Como quien quiere exprimir sangre de una piedra, los capitalistas están librando una guerra de rapiña cada vez más agresiva contra las masas obreras.  El actual régimen tributario es un instrumento en esa guerra de clases.  A las masas trabajadoras no les quedará remedio el desarrollar tácticas radicales para combatir las medidas que les imponen la clase capitalista y los políticos que le sirven.