Más cinismo y confabulación en el Congreso

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Por Lidia López

 

El cierre parcial del gobierno federal que entró en vigor a las 12:01 am del sábado ha dejado a cientos de miles de empleados federales en el limbo y seriamente debilitadas varias agencias gubernamentales incluyendo aquellas encargadas de proteger a los consumidores y supervisar la transportación además de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés).  La votación del viernes por la noche en el Senado para apropiar el financiamiento necesario para mantener al gobierno federal plenamente abierto fue 50 a 49 a favor.  Se requieren 60 votos en el Senado para aprobar un proyecto de financiación del gobierno.  Se debe establecer desde el principio que ni las fuerzas armadas o sus operaciones bélicas a través del mundo, ni tampoco las agencias como el FBI, etc. dejarán de funcionar como resultado del cierre.  Tampoco será afectado el Congreso ya que los mismos payasos que han montado esta farsa presupuestaria seguirán operando y cobrando sus salarios inflados.

 

Lo que se ha presentado al público como la causa de este cierre es el supuesto conflicto sobre las protecciones para un estimado de 800 mil jóvenes soñadores previamente cobijados bajo DACA.  Según la narrativa oficial, los demócratas en el Senado han rehusado apoyar la financiación del gobierno a menos que se incluya legislación que proteja a los soñadores.  Los republicanos supuestamente rechazan la inclusión de legislación que viabilice protecciones para los soñadores en un proyecto de financiación gubernamental.  El proyecto de apropiaciones aprobado más temprano en la semana en la Cámara por la mayoría republicana con una votación de 230 a 197, no incluyó disposiciones para proteger a los soñadores.

 

Sin embargo, en una maniobra repleta de cinismo descarado con el objetivo de presionar a los demócratas del Senado a que aceptaran la versión cameral la cual destaca a la vez el nivel de desprecio por los vulnerables que caracteriza a los políticos capitalistas, los republicanos en la Cámara incluyeron en su proyecto financiación para una extensión de seis años al programa CHIP (Programa de Seguro Médico para Niños).  CHIP, un programa cofinanciado por los gobiernos federal y estatales, le da cobertura médica a 9 millones de niños, principalmente a través de Medicaid.  Los republicanos en la Cámara había bloqueado todos los esfuerzos previos para extender la financiación del programa, lo cual amenazaría dejar sin fondos a más de una docena de estados entre febrero y marzo de este año.

 

El cierre parcial del gobierno fue precedido por una serie de reuniones muy publicitadas entre varios de los líderes demócratas del Senado y la Casa Blanca antes de que fueran renegados los supuestos acuerdos.  Es probable que se sigan negociando en secreto aunque Trump ha declarado públicamente que ya no aceptará medidas para proteger a los soñadores mientras el gobierno siga parcialmente cerrado.  Pero tal es la naturaleza de la política en las llamadas democracias capitalistas.  Las decisiones importantes siempre las toman las élites sin el insumo de, y mucho menos la rendición de cuentas a, las masas.  Al contrario, en las democracias capitalistas los asuntos más importantes se resuelven a espaldas de la gente.

 

Lo que podemos recoger de las mismas declaraciones de los políticos capitalistas, particularmente los demócratas, es precisamente lo poco que separa a los dos partidos políticos principales en los EEUU en términos de la política pública.  Ambos partidos principales en EEUU coinciden en sus ataques contra los inmigrantes que se manifiestan en el aumento de las deportaciones durante las dos pasadas administraciones como en el consenso bipartidista actual sobre la eliminación de los mecanismos para unificar a las familias inmigrantes, ej. las llamadas inmigraciones en cadena y el actual sistema de visas por lotería.

 

Pero eso no es todo.

 

En las palabras del líder demócrata Chuck Schumer refiriéndose a una conversación “larga y sustantiva” que sostuvo con Trump el viernes pasado, “A cambio de fuertes protecciones DACA, a regañadientes puse el muro fronterizo sobre la mesa para la discusión.”  Es decir, los demócratas desde Schumer y Pelosi para abajo apoyan la inclusión de más de $50 mil millones para la militarización ulterior de la zona fronteriza bajo el fraudulento pretexto de la seguridad nacional.  Como hemos señalado, dicha militarización incluye el aumento del número de agentes fronterizos además del uso de equipo y armamentos tipo grado militar en las patrullas, la construcción de cárceles masivas – la mayoría privadas – tanto para inmigrantes como para disidentes políticos en los estados fronterizos del sur, redadas antiinmigrantes y la derogación de derechos democráticos, la extensión de programas de vigilancia masivos y el derroche de fondos públicos para la construcción de un muro fronterizo por contratistas privadas.  Todas estas medidas deben verse dentro del contexto de la promoción del etnocentrismo chauvinista por elementos fascistas desde las más altas esferas de la administración.

 

No se sabe cuál va a ser el desenlace inmediato de las negociaciones.  Sin embargo, la trayectoria cada vez más hacia la derecha de la política en EEUU queda evidenciada.  Los demócratas no representan ninguna oposición real a este giro derechista.  Aparte de su ‘disposición de seguir negociando’ con la extrema derecha en áreas tal como la política migratoria, un saldo de medidas recientes arroja luz sobre la extensión de la complicidad demócrata.

 

  • Apoyo incondicional al Pentágono mediante el aval de una asignación presupuestaria de más de $700 mil millones y el silencio cómplice respecto a la campaña asesina que está llevando a cabo el imperialismo estadounidense como parte de varias guerras extranjeras;
  • Apoyo a los programas de vigilancia masivos y de censura contra la ciudadanía en violación de derechos democráticos básicos como el derecho a la privacidad y la libertad de la palabra;
  • Silencio cómplice ante los ataques contra programas sociales para las masas obreras y de pobres como el Medicaid, Medicare y el Seguro Social además de SNAP (PAN);
  • Silencio cómplice ante el desmantelamiento de régimen regulatorio para la protección ambiental y de consumidores;
  • Repetidas súplicas públicas al liderato republicanos para colaborar en la llamada reforma contributiva, específicamente en áreas de ‘consenso’ como la reducción de la tasa corporativa.

 

Ni los republicanos ni los demócratas ofrecen a las masas obreras una alternativa progresista.  La larga confabulación demócrata con los elementos más políticamente retrógradas junto con los debates detrás del cierre parcial del gobierno federal son prueba de la necesidad de la clase obrera para organizarse independientemente de los partidos capitalistas.  La clase obrera debe confiar en su propia fuerza, su determinación de luchar por sus propios intereses y su propio programa político.  Sólo la clase obrera tiene la capacidad de rehacer la sociedad por líneas progresistas.