Monitor de la ONU investigará extrema pobreza en Puerto Rico como parte de gira por EEUU

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Estados Unidos es a la vez el más rico y consistentemente clasificado entre los países más desiguales del mundo. Por su parte, en Puerto Rico también, considerado como un país aparte o una jurisdicción estadounidense, la desigualdad social llega a niveles verdaderamente obscenos.

Por Ismael Castro

 

Philip Alston, el relator de las Naciones Unidas y profesor de leyes de la Universidad de Nueva York (NYU) inició esta semana su gira por EEUU para investigar la extrema pobreza y su impacto sobre los derechos humanos.  La gira incluirá varias ciudades a través de cuatro estados (Los Ángeles, San Francisco, Montgomery, Atlanta y Charleston) además de Washington D.C. y Puerto Rico.  Su visita a Puerto Rico, entre el 10 y 11 de diciembre (domingo y lunes) incluirá una reunión comunitaria en Salinas, una presentación en la Interamericana en San Juan y una gira por las comunidades circundantes al Caño Martín Peña.

 

La gira tendrá varios enfoques como la falta de vivienda en California, la discriminación racial en los estados sureños, la pérdida de trabajos industriales y la negligencia gubernamental en Puerto Rico.  Un informe preliminar será presentada el 15 de diciembre en Washington D.C. y el final formará parte de una conferencia del Concilio de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra pautada para junio del 2018.

 

Los resultados de la investigación son muy predicables.  Estados Unidos es a la vez el más rico y consistentemente clasificado entre los países más desiguales del mundo.  De hecho, una investigación reciente resaltó que solo tres personas en Estados Unidos poseen la misma cantidad de riqueza que 160 millones de personas, la mitad más pobre de la población estadounidense total en términos de riqueza.  Esta asombrosa acumulación de riqueza entre los capitalistas enmascara una pobreza extrema y las condiciones “tercer mundiales”, incluida la prevalencia de enfermedades asociadas con los países más pobres del mundo, en muchas comunidades de la preeminente potencia capitalista del mundo.  Respecto a Puerto Rico, considerado como un país aparte o una jurisdicción estadounidense, la desigualdad social llega a niveles verdaderamente obscenos.  Como han dicho muchos comentaristas, María sólo les quitó el manto a la extrema pobreza, la falta de democracia y el desdén capitalista hacia las masas pobres que se viven en el país en unión permanente con el imperialismo estadounidense.

 

Nadie espera ningún cambio de política como resultado del anticipado informe.  Por su parte, al Sr. Alston, quien tiene historia de ser muy crítico de los regímenes reaccionarios en general y del militarismo estadounidense en particular, nadie se le acusa de albergar una afinidad para el pensamiento político radical.  Es muy probable que después de denunciar los ya conocidos niveles de extrema pobreza en medio de una riqueza sin precedentes, su informe incluya recomendaciones de política para mitigar de alguna manera las peores instancias de miseria que ni los republicanos ni los demócratas tomarán en serio.  Sin embargo, para las masas puertorriqueñas, acostumbradas como están a la gastada prédica de los apóstoles de la anexión por un lado y los defensores de los supuestos beneficios de la unión permanente por el otro, el acto de arrojar luz sobre las verdaderas condiciones sociales dentro del llamado paragón de oportunidades y democracia sirve para disipar los viejos mitos tales como la estadidad es para los pobres, etc.

 

No en balde los de la legislatura colonial y la Fortaleza han guardado silencio sobre la visita.