Cada vez más a la deriva la “Revolución Bolivariana”

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Por Rogelio Acevedo

Luego de varios meses de ocurridas las llamadas protestas promovidas por grupos de corte fascista en Venezuela, pareciera que el “gobierno revolucionario” del PSUV resistió efectivamente la asonada golpista y que encaminaba al país hacia su estabilización. Nada más lejos de la verdad. Y es que luego de su aparente victoria sobre la oposición, los representantes del imperialismo y su brazo financiero internacional, han asumido la ofensiva desde diversos frentes que han logrado poner de rodillas la economía venezolana.

Luego de las sanciones impuestas por la administración Trump, no solo se ha afectado la posibilidad de Venezuela y sus empresas estatales, principalmente Petróleos de Venezuela (PDVSA), a lograr acceso a los mercados de capitales, sino también han creado trabas para tramitar los pagos a sus acreedores. Esas trabas han tenido el efecto inmediato de provocar que muchos inversionistas de fondos de cobertura  (hedge funds), hayan abandonado sus inversiones o hayan recomendado a sus clientes comprar permutas por falta de pagos (credit default swaps-CDS). Estos derivados financieros son básicamente contratos donde el comprador hace una serie de pagos de “tarifas” al vendedor y, en caso de impago, el vendedor debe pagar. Éstas, además, provocaron el reciente anuncio de impago por parte de Fitch, S&P y Moody’s, que tuvo el efecto de disparar el pago del gobierno venezolano de más de $1.5 mil millones en CDS.

Estas medidas desesperadas que ha emprendido el gobierno venezolano, como parte de su política económica del pago de su deuda para convencer a sus acreedores de su voluntad de restructurar su deuda de $120 mil millones. Sin embargo, estas, sumadas al incremento en el gasto en importaciones de artículos de primera necesidad, junto con la caída de los precios de las materias primas, principalmente el petróleo, han tenido el efecto inmediato de provocar una verdadera sangría de divisas de su Banco Central. Su implicación inmediata es que, sin divisas o monedas fuertes en sus reservas, junto con el reciclaje de su deuda en condiciones depredatorias, significarán una quiebra efectiva del Estado venezolano.

Esta situación a nivel externo ha tenido el efecto de aumentar el arrinconamiento a nivel internacional, más aún cuando la Unión Europea (UE) se ha sumado a la ofensiva imponiendo un embargo para la compra de armas bajo acusaciones de violaciones a la “legitimidad democrática” instando al gobierno venezolano a “llevar elecciones libres y justas, y lograr una solución negociada a las actuales tensiones en interés del país.” Mientras tanto, sus socios China y Rusia, ambos con fuertes intereses petroleros en el país, han tomado posiciones divergentes en cuanto continuar brindando “ayuda” financiera a Venezuela. Por una parte, la semana pasada Rusia concedió un nuevo plazo para que Venezuela pague los más de $3 mil millones que adeuda a cambio de permitir una expansión del control de la empresa rusa Rosneft de sus recursos petroleros. Al mismo tiempo, China anunció  que no ofrecerá refinanciamiento adicional sobre la deuda venezolana, señalando que confía en que “el gobierno de Venezuela atenderá el problema”.

A nivel interno, todas estas presiones económicas han disparado la inflación a más de 800%, que ha causado un deterioro en los servicios públicos, el desabastecimiento de alimentos, medicinas y aumentando grandemente los niveles de pobreza de las masas.

Sin embargo, ¿cuál ha sido la táctica de los dirigentes del PSUV a nivel de proyecto político en general y en esta coyuntura en particular?

En el plano político interno, el proyecto pequeñoburgués aglutinador de las “fuerzas patrióticas” dentro y alrededor del PSUV pretendió construir un proyecto de economía rentista basada en la exportación de materias primas como el petróleo, gas natural, hierro, subordinado al imperialismo, es decir, al capital financiero. Debido a que su proyecto implicaba una redistribución de la renta petrolera a “proyectos de interés social” que entraba en contradicción con intereses específicos de la burguesía nacional, comenzaron a crear un débil aparato productivo controlado por el Estado, paralelo a las industrias bajo control burgués. Es decir, trataron de sacar de carrera a la burguesía por medio de la competencia capitalista sin considerar que esta controlaba otros aspectos importantes como la distribución de mercancías, además de vínculos económicos, financieros y políticos a nivel internacional, que a largo plazo, la colocaba en ventaja. El efecto más inmediato de ese control ha sido la desarticulación de las redes de distribución, con su consecuente desabastecimiento de mercancías básicas y el estimular el surgimiento de un mercado ilegal. Como han demostrado todos estos años del “socialismo del siglo XXI”, el propio proceso contradictorio de la política del PSUV los acercaba más a la propia política de la burguesía, conduciendo al pueblo venezolano hasta el callejón sin salida actual.

Bajo la bandera del nacionalismo “bolivariano” tuvieron éxito en aglutinar la mayoría de las “fuerzas patrióticas”, incluyendo a amplios sectores de la clase obrera y subordinarlas a impulsar intereses contrarios a los intereses de cada clase o capa particular. Este proceso que comenzó bajo el Movimiento V República, se consolidó con la conformación del PSUV, pero por su carácter policlasista, estuvo plagado desde el inicio por la predominancia de elementos corruptos. Muchos de esos elementos han alcanzado posiciones dirigentes en el partido y en el Estado, responsables de numerosos actos de corrupción y de llevar adelante políticas antiobreras y en detrimento de los intereses de la sociedad en general.

Como respuesta al creciente rechazo de las masas a su política, el pueblo eligió a la mayoría de candidatos de la oposición, quienes pasaron a controlar la Asamblea Nacional. Los dirigentes del PSUV, en lugar de analizar las causas de su derrota y ajustar su política a la nueva situación, adoptaron la táctica oportunista de convocar una asamblea constituyente, no para reorganizar a la clase obrera para la toma del poder y construir el socialismo, sino para desbancar a la oposición del poder legislativo. Hemos criticado las medidas puramente cosméticas que se evalúan como propuestas para la “refundación” del país, que confirman el carácter reformista de ese organismo. En definitiva y como característica principal de la política pequeñoburguesa, el proyecto chavista de la revolución bolivariana no era antagónico al sistema capitalista, sino que tenía diferencias de forma y no de fondo.

Sobre el papel del PCV en la “revolución bolivariana”

Dentro de todo este complejo entramado de eventos, los comunistas debemos analizar y evaluar el desarrollo del movimiento obrero y revolucionario, no como una crítica vacía, sino con miras a aportar en su porvenir. En ese sentido entendemos como un error táctico el apoyo que le ha brindado el Partido Comunista de Venezuela (PCV) al proyecto bolivariano, no solo por haberse insertado a colaborar con el PSUV y otras fuerzas pequeño burguesas, sino principalmente porque esa colaboración tuvo el efecto de subordinar ideológica y políticamente a la clase obrera. Aunque reconocemos que en numerosas circunstancias asumieron posturas críticas con el gobierno, hicieron grandes esfuerzos para construir organizaciones proletarias, sindicales y de masas, lucharon por reformas para que los trabajadores pudieran avanzar, en la práctica esa colaboración obligó al Partido a apoyar un proceso que le era abiertamente hostil. En los últimos meses, el propio PCV ha reconocido abiertamente esa hostilidad, lo cual más allá de ser un aspecto coyuntural o de diferencias tácticas con el PSUV, es un asunto que vincula la teoría con la práctica del socialismo científico: la necesidad de que el proletariado elabore una política independiente en la lucha por la toma del poder. Considerando los elementos que han caracterizado esta “alianza” que justifican como polo patriótico, fuerzas antiimperialistas, etc., ha implicado al PCV también.  Y en ese sentido, la derecha ha podido agruparlos todos ante los ojos de la gente y acaparar la crítica al gobierno y sus aliados.

Es por esto que invitamos a los camaradas del PCV a reevaluar su política respecto al proceso bolivariano y la reorienten aspirando a convertirse en verdadera oposición. No en la oposición podrida, oportunista y corrupta de la derecha fascista; sino en una que se nutra de la energía creadora de las masas revolucionarias sin temor a ser tachados de traición. La verdadera traición es impulsar intereses contrarios y perjudiciales contra la clase obrera. Los comunistas y la clase obrera revolucionaria no podemos dejarnos coaccionar por la premisa de que “en una fortaleza asediada la oposición es traición”, sino que nuestro norte tiene que orientarse por las experiencias de las luchas proletarias del pasado y en la ciencia marxista, que ha verificado históricamente que la única superación del capitalismo es por la vía revolucionaria. Y esa superación solo la puede llevar a término la clase obrera independientemente organizada, con su Partido político como representante de sus intereses y aspiraciones.

Sin embargo, de la misma forma reconocemos como muy peligroso para el desarrollo de la teoría revolucionaria el fenómeno que se está observando en muchos partidos revolucionarios o comunistas, al menos en América, que han adoptado parcial o totalmente los postulados del fraudulento socialismo del siglo XXI. Sobre este aspecto, más allá de las particularidades del PCV, interpretamos este como un problema muy serio del movimiento revolucionario y comunista a nivel internacional. Por eso entendemos que será una gran aportación de toda organización revolucionaria que luche contra el oportunismo en los ámbitos ideológico y político, de llevar la bandera de mantener la veracidad científica, impulsando la puesta en práctica de una política verdaderamente comunista.

¡Revolución o sometimiento!

¡Comunismo o barbarie!