Conmemorando la Revolución de Octubre (II)

0
225

A continuación publicamos la segunda entrega de la serie de análisis realizados por el Partido Comunista de Puerto Rico sobre la Revolución de Octubre. Ofrecemos estos documentos como una aportación al desarrollo de la teoría revolucionaria en Puerto Rico.

¡Comunismo o barbarie!

 

El año revolucionario de 1917: trasfondo, significado y lecciones para la actualidad

La Revolución de Octubre representa un acontecimiento trascendental en la historia humana moderna.  Su impacto se ha sentido más allá del territorio en que se dio además de la época histórica particular en que tuvo lugar.  Fue, en términos sencillos, la primera instancia en que la clase obrera tomó el poder político para iniciar el proceso de la construcción socialista.  Dicho proceso, a pesar de sus múltiples retrocesos y errores, influyó en la sociedad durante siete décadas.   Precisamente por eso, estudiar el proceso revolucionario que estalló en el gran acontecimiento de 1917 y sacar lecciones de la Revolución de Octubre es deber de todos los que luchamos por el socialismo.

Trasfondo histórico de 1917

Como se explicó en el primer artículo de esta serie sobre la Revolución de 1905, la economía rusa a finales del Siglo 19 y principios del Siglo 20 se caracterizaba por una combinación de rasgos feudales y concentraciones limitadas de desarrollo capitalista, particularmente dentro de las principales ciudades con vínculos a Europa como Petrogrado.  Si bien es cierto que la pequeña propiedad del campo predominaba en términos poblacionales y de extensión territorial, siendo el campesinado el grueso de la población en general, las concentraciones del capitalismo industrial representaban el elemento más dinámico de la sociedad en el sentido del peso que ejercían sobre la vida política del país.   Era el recién surgido movimiento obrero en las principales ciudades, por encima de todas las demás fuerzas sociales, incluyendo el campesinado, la burguesía liberal, aquellos elementos “iluminados” de la clase capitalista, que logró consolidarse organizativamente para librar a Rusia de la odiada autocracia zarista.

En cuanto a la autocracia, ésta representó uno de los últimos baluartes de la reacción política en Europa.  Sin embargo, a pesar de su aparente riqueza y poder, la autocracia se desmoronaba desde dentro.  La derrota de Rusia en la Guerra Ruso Japonesa de 1904-1905, que coincidió con las convulsiones sociales de 1905 dentro de Rusia, fue un claro signo de la decadencia del régimen zarista.  La autocracia estaba en deuda, sobre todo con los capitalistas financieros franceses, y su supervivencia dependía cada vez más de la continuación de la política de expansión territorial, por una parte, y la imposición de medidas represivas brutales sobre las masas empobrecidas, por otra.  De hecho, incluso las reformas, en gran medida cosméticas, concedidas por el Zar después de los acontecimientos de 1905 fueron de corta duración.

Todas las tensiones sociales internas que surgieron de las formas más grotescas de desigualdad material y la reacción política fueron agravadas con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914.  Es más allá de los límites de esta ponencia ahondar en las causas de la Primera Guerra Mundial.  Los interesados ​​pueden consultar las obras de Lenin sobre el imperialismo y la agudización de los conflictos políticos y económicos que éste provocaba para adquirir una comprensión de las causas subyacentes de ese conflicto.  Sin embargo, es importante destacar que:

1) la autocracia zarista así como los principales capitalistas industriales en Rusia estaban inextricablemente ligados a las grandes potencias europeas beligerantes a través de innumerables vínculos económicos; y

2) los generales zaristas y el propio zar, dirigieron la campaña bélica con una indiferencia criminal respecto a su impacto sobre las masas rusas.

Millones de campesinos rusos, que formaban el grueso del ejército zarista, fueron sacrificados en el matadero de la guerra para que los capitalistas se saquearan unos a otros.  Las poblaciones urbanas y rurales experimentaron niveles sin precedentes de privaciones y sufrimientos.  Y los verdaderos objetivos de la guerra, para todas las clases dominantes involucradas, se ocultaban con mentiras crasas.

Es en el contexto de las enormes presiones impuestas sobre las masas rusas durante casi tres años de Guerra Mundial, la agudización de las tensiones sociales y económicas tanto a nivel interno como externo, que debe entenderse la Revolución de Febrero de 1917, la cual llevó a la abdicación del Zar y el fin de la autocracia.

Fases más importantes del proceso revolucionario

La chispa inmediata para la revolución de febrero fue una demostración de mujeres que se dio el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.  Al tomar las calles, estas almas valientes no sólo reclamaban justicia para las mujeres, sino porque también sentían en carne y hueso las mismas condiciones que señalamos anteriormente, instaron a los obreros de las fábricas de Petrogrado a que se unieran a la protesta.  La ola huelgaria que se inició entonces tuvo entre sus consignas llamados para terminar la guerra y el racionamiento de alimentos.  Después de una semana de protestas cada vez más militantes que incluían deserciones de las tropas campesinas, el zar Nicolás, quien en esos momentos directamente dirigía la campaña militar, se vio forzado a abdicar.

La inmediata formación del Gobierno Provisional, primero bajo el aristócrata Lvov, junto con la reorganización del Soviet de Petrogrado bajo el liderato menchevique de Nicolás Chkheidze, los socialrevolucionarios (SRs) y una minoría bolchevique, inició un período de casi ocho meses denominado como el de poder dual o dualidad de poderes.  (De hecho, los dos cuerpos se instalaron en el mismo edificio, el palacio Táuride.)  Bajo tales condiciones, la burguesía rusa organizó políticamente a través del Gobierno Provisional mientras que las varias secciones de la clase obrera junto con el campesinado, estuvieron representados por el Soviet.

Vale detenernos un momento para discutir la fuerza relativa de estos dos cuerpos y los debates teóricos más importantes que rugían dentro del movimiento revolucionario ruso de la época.

Mientras el Gobierno Provisional representaba los intereses de una minoría en la sociedad, su capacidad de sostener durante ocho meses se debía a sus esfuerzos de llegar a acomodos con los remanentes de la autocracia.  Como tal, durante su existencia este cuerpo oscilaba entre reformas moderadas y giros hacia la derecha.  La decisión de continuar la guerra no debe entenderse como un error el cálculo político de los líderes del Gobierno Provisional sino el reflejo de un alineamiento de intereses entre los antiguos elementos aristocráticos que formaba el sostén social del régimen autocrático y la burguesía rusa, particularmente frente a la creciente amenaza representada por las masas obreras.

Mientras tanto, el poder del Soviet descansaba en el apoyo de las grandes masas obreras y del campesinado pobre.  La incapacidad del Soviet para tomar en sus manos el poder político no se debió a una falta de fuerza, medida en términos de su apoyo entre los elementos sociales más importantes, sino a su debilidad ideológica, producto de la influencia determinante de los mencheviques y socialrevolucionarios (SRs) que ocupaban el liderato inicial dentro de este cuerpo.  De hecho, la monumental lucha ideológica y teórica llevada a cabo durante ocho meses por los bolcheviques, y Lenin en particular, que se dirigía contra los mencheviques y SRs por un lado, y los elementos vacilantes dentro del mismo campo bolchevique por el otro, fue decisivo.

¿Cuáles eran las principales posiciones teóricas en pugna?

Los debates teóricos del movimiento ruso desde finales del siglo 19 giraban en torno al carácter de la inminente revolución dentro del contexto de la dominación autocrática.  La posición de los mencheviques partía de la comprensión, compartida por todas las diferentes facciones del movimiento revolucionario ruso, que lo que venía en Rusia era la revolución democrática.   De esta premisa, sin embargo, los mencheviques sacaban la conclusión de que la burguesía jugaría el papel protagónico.  Planteaban, además, que la “brecha” entre la fase democrático-burguesa y la socialista sería indeterminada, es decir, se prolongaría en el tiempo sin un vínculo directo entre la primera y segunda.  Esta posición, en la práctica, equivalía la negación de la revolución socialista como extensión del proceso revolucionario democrático burgués.  Como tal, la política de los mencheviques a partir de la revolución de febrero se caracterizaba por ser el ala izquierda de la burguesía, una especie de “oposición leal” que les daría apoyo crítico, desde el mismo Soviet, al nuevo gobierno burgués.

Lenin y los bolcheviques, partiendo de la misma premisa del carácter democrático de la revolución, llegaban conclusiones distintas.  Planteaban que la burguesía rusa, por ser muy débil, no podía de por sí sola llevar a su conclusión el proceso revolucionario democrático burgués dentro de las condiciones impuestas por la autocracia.  Invariablemente tomarían un giro a la derecha con los remanente del régimen autocrático.  Además de eso, siendo el campesinado el grueso de la población, particularmente los sectores pobres entre él, éste representaban las verdaderas fuerzas democrático burguesas con las que el proletariado se aliaría por lo menos a corto plazo.  Como tal, el auge del movimiento obrero como parte de la fase democrático burguesa, junto con los reclamos democráticos del campesinado pobre, invariablemente harían posible un período corto entre la primera fase burguesa y la revolución socialista.  La fórmula “dictadura revolucionaria democrática del proletariado y el campesinado” elaborada por Lenin expresaba dicha alianza, desde la cual los obreros comunistas impulsarían la revolución socialista.  (Es importante recalcar aquí que cuando se refiere a ‘dictadura’, se está usando la palabra en el sentido científico cuyo significado es la dominación política de una clase social determinada sobre otra.)  Como tal, la actitud de la facción bolchevique más vinculada a Lenin era de no apoyar al nuevo gobierno provisional, de oponerse a él de la manera más vigorosa.  Esto quedó claro en las famosas Tesis de abril de Lenin preparadas para su llegada a Petrogrado desde el exilio a principios de abril de 1917.

Hubo una tercera posición, menos influyente en el período antes de la revolución de febrero y basada en la teoría de la revolución permanente elaborada por Trotsky.  Dicha posición planteaba un proceso más o menos ininterrumpido, es decir continuo, entre la primera fase democrática y la socialista.  Según el planteamiento de Trotsky, una vez iniciada la participación en masa de la clase obrera en el proceso revolucionario, ésta no podría autoimponerse límites – él usaba la frase imponerse un ascetismo revolucionario – con lo cual quería decir detenerse en la fase burguesa.  Planteaba, además, de que la clase obrera, aun para conservar las conquistas democráticas, tendría que avanzar inmediatamente al socialismo aun si esto significaba entrar en contradicción con el campesinado a corto plazo.

Si bien la posición de Lenin dejó indeterminada la correlación precisa de las fuerzas entre la clase obrera y el campesinado durante la fase burguesa, la de Trotsky se basaba en el papel dirigente de la clase obrera desde el comienzo del período democrático burgués.

La revolución de febrero resolvió en la práctica los debates teóricos.  Como señalaba Lenin en sus Cartas sobre táctica, preparada al calor de los intensos debates con los mencheviques y más importante con los elementos vacilantes dentro del mismo partido bolchevique entre abril y mayo de 1917, la aparición del Soviet significaba en la práctica la “dictadura” – aquí otra vez en el sentido científico de la palabra –  revolucionario democrática del proletariado y del campesinado de una forma extraordinariamente “original”.  Como explicaba Lenin en mayo de 1917: ” La dictadura democrático revolucionaria del proletariado y del campesinado ya se ha realizado en la revolución rusa en cierta forma y hasta cierto grado, puesto que esta fórmula sólo prevé una correlación de clases y no una institución política concreta llamada a realizar esta correlación… El Soviet de diputados obreros y soldados es ya la realización, impuesta por la vida, de la dictadura democrático revolucionaria del proletariado y del campesinado”.  Si bien los diputados de obreros representaban los elementos proletarios de esta alianza, los soldados, la mayoría de los cuales de origen campesino, representaban al campesinado.

Todavía inseguro de sí mismo, el Soviet, dirigido por los mencheviques en estos momentos, entregaba voluntariamente el “poder”, en el sentido de concesiones políticas como la continuación de la guerra, etc. al Gobierno Provisional, la burguesía, y como tal, se convirtió en apéndice de él.  Lenin planteaba que las tareas concretas más importantes del momento radicaban en el trabajo paciente y esclarecedor de ganar influencia, es decir, una mayoría, dentro de los Soviets; de explicar los errores y peligros del liderato menchevique de aquel entonces que había convertido estos cuerpos compuestos por las masas obreras en apéndices de la institución política de la burguesía, el Gobierno Provisional.

Si se tuviera que explicar a qué se debió que el proceso desatado en febrero de 1917 se transformara en la conquista revolucionaria de octubre, no estaríamos exagerando al afirmar que fue el genio político de Lenin quien logró descifrar el significado de cada fase y tendencia política, y entender a qué eslabón jalar para encaminar el movimiento por la ruta correcta.  Los meses entre mayo y septiembre de 1917 fueron unos en que Lenin, el gran estratega y líder político, navegaba al Partido por una serie de eventos turbulentos a la vez que cuidaba de que capas cada vez más amplias de la clase obrera pudieran adquirir conciencia de la exactitud de los planteamientos bolcheviques.

Pronto quedó claro para los obreros y campesinos que el Gobierno Provisional no representaba nada diferente de la autocracia.  Kérenski, que había asumido el mando del gobierno, continuó la misma política de guerra que imponía sufrimientos y privaciones a las masas, y así agravaba el aumento de las tensiones sociales.  En julio de 1917, unos elementos anarquistas lograron canalizar la creciente furia de las masas obreras en una serie de manifestaciones prematuras que esperaban servirían de preludio para una insurrección.  Estas jornadas de julio sólo resultaron en una ola de represión sangrienta desencadenada por el Gobierno Provisional.  Mientras que los mencheviques y los SRs dieron apoyo tácito a la represión del gobierno, a los bolcheviques, que entendieron que las demostraciones eran inoportunas y mal preparadas, no les quedó más alternativa que la de intentar darles alguna dirección a los obreros para evitar una desorganización completa de sus fuerzas.

En septiembre, una serie de intrigas, maquinaciones y traiciones entre Kérenski y el general Kornílov, resultó en un fallido golpe de estado por las fuerzas de la extrema derecha.  Llamado originalmente por Kérenski para aplastar al Soviet, el general Kornílov intentó imponer su propia dictadura militar para resolver la creciente crisis.  Bajo presión de las masas, Kérenski se vio obligado a ceder y permitir que los obreros se armaran, los del Soviet en particular, para que defender las conquistas moderadas de febrero.  Una vez armados los obreros bajo el Soviet, se negaron a entregar sus armas después de derrotados los golpistas.  Bajo el liderato de Trotsky, se organizaron Guardias Rojas en las fábricas y para defender el Soviet.  Conscientes de que el Gobierno Provisional no solamente no alteraría fundamentalmente su política sino también que seguiría buscando la manera de aplastarlos, los obreros más radicales dentro del Soviet se inclinaban cada vez más hacia la iniciativa propia.

A mediados de septiembre los bolcheviques ganaron por primera vez una mayoría en el Soviet de Petrogrado.  Las repetidas traiciones de los mencheviques y SRs los dejaron desacreditados.  El mensaje bolchevique de Todo el poder a los soviets resonaba cada vez más entre las masas obreras.  Las filas del partido bolchevique aumentaron.  Su influencia creció.  Ya para finales de septiembre, el comité central de los bolcheviques autorizó preparativos para la insurrección.

Que la insurrección del 25 de octubre de 1917 tuviera el apoyo de las masas obreras se refleja en el hecho de que fue de las menos sangrientas de la historia moderna.  No fue un ‘golpe’ en el sentido despectivo con que sus detractores intentan pintarlo como el producto de una conspiración llevada a cabo por una pequeña banda en contra de la voluntad de la mayoría.  Pero sí fue un “golpe” en el sentido de la organización, la disciplina y la precisión que la caracterizaron.  En definitivo, los bolcheviques fueron una organización pequeña, pero con el respaldo de las grandes masas obreras quienes, a través de duras experiencias vividas y trabajo político consistente y paciente, se identificaban con sus planteamientos.