Los huracanes y su carácter de clase

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Por Rogelio Acevedo

 

En horas de la mañana de hoy el centro nacional de huracanes federal emitió su boletín que confirma que el huracán Irma alcanzó el máximo de categoría 5 según la escala Saffir-Simpson con vientos sostenido de 175 mph. No cabe duda que este huracán representa una seria amenaza para las masas en materia humanitaria, así como de la preservación de la vida.

 

El aspecto que sobresale de esta dramática situación es la hipocresía y superficialidad, matizada con claros ribetes politiqueros, con que la comparsa de payasos que administran el territorio ha atendido este serio asunto. No es que sea distinto a las administraciones del pasado, ya que forma parte de la cultura política de la clase parasitaria que gobierna. Es en el aspecto de mantener su mascarada de eficiencia y de aparentar estar en control de la situación. Sin embargo, este “evento atmosférico” revela nuevamente el carácter inviable del capitalismo y el régimen que sostiene en el territorio.

 

Llama la atención la puesta en escena de Rosselló y su séquito que mientras desarrollan largas disertaciones sobre aspectos técnicos, meteorológicos, de ingeniería.   Demuestran su hipocresía cuando hablan de las “medidas preventivas” que ha tomado para la AEE y AAA, mientras han sido cómplices en la implementación de planes dirigidos precisamente hacia su debilitamiento. Estas corporaciones, clave en numerosos aspectos que inciden en la salud pública, han sido por años foco de ataques a su plantilla de trabajadores y de abandono de su infraestructura como justificación para su futura privatización. Ahora, que es evidente el resultado del deterioro premeditado de esa infraestructura, nos advierten que podemos estar hasta cuatro meses sin electricidad.

 

Lo mismo ocurre con otras agencias de protección civil, las cuales sufrieron fuertes recortes presupuestarios y de personal como parte de las medidas antipopulares contenidas en el plan fiscal de la Junta de Wall Street (JWS) que para este año totalizaron $250 millones. Estos recortes incluyeron el cierre de 163 escuelas, las cuales muchas de ellas sirven de refugios para estos eventos, y que además incluyen compra de materiales para atender refugiados. A la misma vez, Rosselló proclama con satisfacción su total sumisión al imperialismo, anunciando la disponibilidad del portaviones Kiersarge para “asistir” a Puerto Rico. Resalta la reseña de las capacidades militares de la nave, versus cuál será la ayuda concreta que brindará en caso de necesitarse. Una clara advertencia del ejército de EEUU de que estarán dispuestos a repetir los desmanes cometidos con la población civil en Nueva Orleans luego de Katrina.

 

También resalta la reacción de los capitalistas de sectores de servicios, como hospitales y de telecomunicaciones, ante la situación. En vez de ofrecer a la disposición del pueblo los medios que controlan, nos aseguran que ya han tomado sus planes de contingencia y que se seguirán prestando los servicios. Todos se desmarcan de las necesidades que evidentemente surgirán con este huracán, y del control que ejercen sobre estos importantes sectores.

 

Aparte de los estragos que causa la privatización de servicios y la importancia que tienen en momentos como este, el aspecto central es la visión individualista que transmiten las autoridades para lidiar con estas situaciones. Es decir, cada familia debe prepararse, cada cual debe responder por sí mismo aisladamente del contexto en que se relacionan. Reconocemos plenamente la responsabilidad que tenemos los individuos en estos asuntos, sin embargo, el hecho de que no se le imprima un carácter social a la preparación para estos eventos revela la naturaleza oportunista y depredadora del capitalismo. Esta visión de sálvese quien pueda genera numerosos problemas humanitarios, de abastecimientos, muertes innecesarias. Experiencias como el huracán Katrina en 2005, así como eventos recientes en Texas demuestran el hecho de que el Estado burgués ha ido cada vez desmarcándose de la protección civil, abandonando a su suerte a la población. Contrasta esta visión con la que mantiene el gobierno de Cuba respecto a su preparación para proteger a la población, reconocida por la ONU.

 

La clase obrera y las masas trabajadoras debemos reconocer el carácter inhumano del régimen capitalista en todas sus dimensiones, incluyendo el ámbito de los “desastres naturales”, exacerbados en esta época por los efectos de la depredación como es el calentamiento global. No debemos prestar atención a los llamados oportunistas a la “unidad nacional para enfrentar esto unidos como pueblo”, consigna vacía que solo sirve de cheque en blanco para que permitamos mayores recortes y limitaciones. Debemos estar conscientes que todas las medidas que toman la clase capitalista y sus representantes en el gobierno están dirigidas a proteger su propiedad privada y sus privilegios. De ninguna manera esas medidas van dirigidas a proteger a la población vulnerable a eventos climatológicos, que en su gran mayoría corresponden a las masas trabajadoras y desposeídas.

 

Esta coyuntura revela nuevamente la naturaleza despiadada del capital y de la necesidad de que la clase obrera dirija la sociedad de acuerdo a los intereses y necesidades de la mayoría. Solo con la clase obrera en el poder, dirigiendo un plan económico socialista podremos atender de forma colectiva estas situaciones.

 

¡Comunismo o barbarie!