Huracán María: una respuesta socialista

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A medida que el sufrimiento de la gente se agudiza y la insuficiencia de la respuesta de la administración se hace más clara en las próximas semanas, los trabajadores deben sacar lecciones críticas de esta experiencia.

Por Lidia López

 

Si bien el impacto en términos de vida humana y daños materiales aún no se ha determinado, la devastación provocada por María en Puerto Rico es clara.  Después de causar destrucción masiva en Dominica y las Islas Vírgenes, el rumbo diagonal del huracán, que entró por Yabucoa y atravesó la isla grande de Puerto Rico hasta salir entre Arecibo y Barceloneta, dejó al país entero a oscuras, con muchos sectores sin agua, intransitables e incomunicados.

 

La respuesta inicial de la administración territorial, que mostró una indiferencia criminal por el destino de las masas trabajadoras y de pobres en los días previos a la masiva tormenta, se ha centrado en peticiones al gobierno federal para declarar al país una zona de desastre.  Esto en teoría permitiría fondos ilimitados para la recuperación.  Sin embargo, sólo hay que examinar la historia reciente para comprender lo ilusorio de tal orientación.  Después de que dos tormentas anteriores provocaran una devastación masiva por la costa de Texas y el estado de Florida, con estimados de daños en los cientos de miles de millones de dólares, la administración de Trump ha ofrecido unos míseros $15 mil millones en fondos para la recuperación de esas áreas.  La mayor parte de estos fondos viene en la forma de préstamos, mientras que la ayuda directa a las víctimas tardará semanas, si no meses, e incluirá un montón de obstáculos burocráticos antes de que unos solicitantes dichosos puedan recibir el máximo de $33.000 para reconstruir sus vidas destrozadas.  En cualquier caso, la ciudad de Nuevo Orleans, devastada por el huracán Katrina en 2005, ofrece un ejemplo de lo que significa la “recuperación” a largo plazo bajo el capitalismo.  La miseria ha cambiado muy poco para aquellos residentes pobres que lograron regresar a esa ciudad del golfo.

 

La idea de que el mismo gobierno federal que está llevando a cabo masivos recortes a programas para los pobres, e incluso propuso una reducción de la asignación a FEMA, mientras aumenta el presupuesto militar para ampliar sus guerras depredadoras en Asia y el Oriente Medio financiaría adecuadamente la recuperación en su colonia es absurda.  Más bien, la destrucción causada por María se usará para privatizar aun más los servicios y entidades públicos como la AEE, la AAA, la AVP e incluso las escuelas públicas para que los parásitos financieros puedan profundizar su saqueo de las masas.

 

Sin embargo, la perspectiva de los políticos capitalistas y del capitalismo en general respecto a lo que debe ser una recuperación no es la única concebible.  Una respuesta socialista a un desastre como el ocasionado por María partiría de un llamado a la solidaridad de la clase obrera internacional e incluiría:

 

  • la inmediata cancelación de la deuda pública y todos los contratos bajo los cuales se han privatizado servicios y entidades públicos esenciales;
  • la puesta bajo el control democrático de la clase trabajadora de las más grandes e importantes empresas, tanto públicas como privadas, para garantizar la prestación de servicios esenciales en la salud, la vivienda, la transportación y comunicaciones, etc. además de la elaboración de un plan para resolver la cuestión de la seguridad alimenticia;
  • la inmediata reasignación de los recursos actualmente despilfarrados para sostener las ganancias de los capitalistas, así como la actual maquinaria política en el servicio del sistema capitalista, hacia un programa masivo de empleos orientado a la reconstrucción de una infraestructura moderna, incluyendo entre otras cosas una nueva red de energía renovable, la construcción racional de vivienda moderna y asequible a las masas, la expansión de servicios de salud y educación, y el desarrollo de un sistema lógico y coherente de transportación pública.

 

Tal recuperación, inconcebible desde la perspectiva capitalista, sólo podría efectuarse bajo condiciones de una transformación revolucionaria de la vida política de la sociedad.  Sólo la clase trabajadora organizada tiene la capacidad de realizar lo que permanece como una potencialidad latente bajo condiciones en que la enorme capacidad productiva de la humanidad sigue subordinada al afán capitalista de ganancias privadas.

 

A un día después del paso de María las masas de trabajadores y de pobres han demostrado ya una fuerza inquebrantable, innumerables actos de heroísmo y una solidaridad humana genuina en sus esfuerzos para mitigar los efectos del devastador huracán dentro de sus comunidades.  Y esto, a pesar de la negligencia de los capitalistas y sus defensores.  Sin embargo, a medida que el sufrimiento de la gente se agudiza y la insuficiencia de la respuesta de la administración se hace más clara en las próximas semanas, los trabajadores deben sacar lecciones críticas de esta experiencia.

 

La clase capitalista y sus representantes políticos no pueden ofrecer ninguna solución real, ya sea para la recuperación después de una tormenta como María o para los problemas fundamentales a los que enfrenta la sociedad.  La clase capitalista es política y moralmente desacreditada.  Los trabajadores deben extender sus esfuerzos espontáneos en solidaridad con el prójimo más allá de la recuperación después de María para tomar en sus manos la dirección política de la sociedad.