Canallas políticos en Puerto Rico piden militarización

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Los capitalistas imponen 'soluciones' militares para salvaguardar su sistema (Foto tomada de Military.com)

Por Lidia López

 

Ante el irrefutable fracaso del capitalismo de manejar la situación provocada por el huracán María en Puerto Rico, varios líderes políticos, tanto en la colonia como en EEUU, han intensificado sus llamados para medidas militares.  Ya los correligionarios de Rosselló como Jenniffer González han salido en los noticieros agradeciendo a Trump por su supuesto apoyo durante la crisis y aplaudiendo la asignación del general de brigada Kim, un veterano de zonas de combate en Irak y Afganistán, para dirigir las operaciones de emergencia.  Ese tipo de alabo al militarismo estadounidense es de esperarse de lacayos como Rosselló y González.  Pero no se limita a los anexionistas.  En lo que fue una clara admisión de impotencia administrativa además de una traición a toda pretensión democrática, Eduardo Bhatia declaró ante CNN anoche su deseo de que se le imponga la ley marcial en Puerto Rico.  Tal es la verdadera cara del establecimiento político en Puerto Rico: la servil defensa del imperialismo y la dictadura de los capitalistas.

 

¿Y los supuestos aliados de Puerto Rico en la Cámara estadounidense?  Comprometidos también por su defensa del imperialismo estadounidense, lo único de que han sido capaces los Serrano, Velásquez y Gutiérrez es pedir la intervención del Pentágono y emitir críticas tímidas a la administración de Trump por la lentitud de su respuesta.  De hecho, la bancarrota política de la llamada delegación boricua en el Congreso estadounidense quedó evidenciada en las declaraciones del Judas, Luis Gutiérrez, quien no se cansa de posar como un defensor de los pobres y oprimidos, cuando en los primeros días después de María éste alabó a Rosselló por su manejo de la situación a pesar de que la administración colonial actuara con una negligencia criminal durante los días antes de llegar el huracán.

 

La llamada delegación boricua en el congreso al igual que los lacayos políticos de la colonia se han mostrado incapaces de ofrecer dirección alguna a las masas en Puerto Rico.  Sus llamados no se dirigen a las masas de trabajadores y de pobres, ni en Puerto Rico o en EEUU, sino al establecimiento político reaccionario del capitalismo estadounidense y su maquinaria de guerra.  Lo que ha quedado claro durante los últimos días es la desconfianza de estos politiqueros en la capacidad de las masas de trabajadores de organizar una respuesta adecuada a la crisis, tanto a corto como a largo plazo.

 

El llamado para la militarización del esfuerzo de recuperación obedece a la lógica misma del capitalismo.  El huracán María, tal como los otros fenómenos naturales recientes, no creó las condiciones de desesperación social que se están viendo hoy.  Más bien, estos fenómenos han destapado la profunda crisis social ya existente.  Más allá de todos los anuncios turísticos centrados en sus playas bonitas y gente alegre y acogedora, la realidad es que Puerto Rico es una de las sociedades más desiguales del hemisferio – es la segunda más desigual de las jurisdicciones estadounidenses después de Washington DC – con aproximadamente 50% de la población que vive por debajo del nivel oficial de pobreza y un porcentaje aun mayor de personas que subsisten bajo condiciones sumamente precarias.  Son éstas condiciones de miseria que sirven de caldo de cultivo para los actos de desesperación individual que ahora se quieren usar como justificación para el despliegue militar.  Los capitalistas no ofrecen nada más.  Durante sucesivas administraciones, su bancarrota política y moral ha quedado al descubierto ya que lo que han promovido es la creación de condiciones óptimas para el saqueo financiero y la brutal explotación, por un lado, y el éxodo masivo, por el otro.  Son estas condiciones a la raíz de lo que se está viendo hoy.

 

Estas mismas soluciones militaristas que se están impulsando hoy reflejan la comprensión de la clase dominante de que la intensificación de la ira popular engendrada por el capitalismo mismo tiene el potencial real de radicalizar la conciencia política de masas.  La militarización de los esfuerzos de recuperación tiene el objetivo de contener la ira de las masas y a la vez proteger los derechos de propiedad de los propios capitalistas.  El papel que tan fielmente han desempeñado todos los políticos en el servicio del imperialismo es oscurecer las verdaderas raíces de la crisis mientras promueven la continua subordinación de las masas trabajadoras a los dictados de los capitalistas.

 

Los comunistas denunciamos la militarización de los esfuerzos de recuperación inmediata de los estragos ocasionados por María.  Les señalamos a las masas de trabajadores y de pobres que María sólo le quitó la pantalla a las verdaderas condiciones sociales dentro de la sociedad capitalista en la colonia.  Instamos a los trabajadoras a tomar la iniciativa, tanto en la recuperación inmediata como en la reconstrucción a largo plazo.  Hacemos este llamado directo, tanto a los trabajadores en Puerto Rico como a los en EEUU, a que se opongan al militarismo y que luchen por llevar a cabo medidas socialistas para atender la grave situación.

 

 

Posdata

La prensa capitalista acaba de informar esta mañana (28 de septiembre) que Trump ha otorgado una dispensa de las leyes de cabotaje a Puerto Rico durante diez días.  Se recuerda que ayer se formó un escándalo cuando a éste se le zafó ante un grupo de periodistas que la industria naviera estadounidense estaba poniendo presión para que se mantuviera su monopolio.  Ya Rosselló ha mostrado su muy predecible servilismo al elogiar la decisión de Trump.  Empero, ¿qué puede significar para las masas una exención temporera del monopolio que ha apuntalado a las navieras estadounidenses cuando hay miles de personas que se ven obligadas a buscar agua en los ríos y quebradas?  Los politiqueros capitalistas aplauden tales medidas superficiales mientras los trabajadores luchan por soluciones verdaderas.

Mientras los politiqueros se celebran medidas mezquinas y superficiales como la exención temporera de las leyes de cabotaje, las masas siguen sujetas a condiciones infrahumanas. (Foto tomada del LA Times)