Del reformismo económico a la lucha por el socialismo

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Las propuestas de políticos pequeño burgueses nada tienen que ofrecerles a los trabajadores.

Por Rogelio Acevedo

 

En la edición de 29 de agosto de 2017 del Nuevo Día, página 44, el senador del PIP Juan Dalmau publicó una columna titulada “Robustecer el comercio boricua” que definitivamente merece nuestra atención y análisis. En este escrito desarrolla su crítica al régimen actual en el aspecto económico basándose en informes recientes denunciando que alegadamente la Compañía de Comercio y Exportación infló artificialmente las ventas del sector minorista en un 27% con el propósito de manipular decisiones gubernamentales en materia económica y fiscal. Estos datos manipulados, afirma Dalmau, facilitaron emisiones de deuda desde COFINA basadas en proyecciones de recaudos irreales.

 

Además, plantea que, como consecuencia de esas proyecciones erradas, basadas en un consumo inflado, se otorgaron permisos para construir numerosos centros comerciales de “megatiendas extranjeras”. Estos nuevos centros comerciales tuvieron el efecto “del desplazamiento de pequeños y medianos comerciantes” y contra “la actividad económica en los cascos urbanos y el desempleo y empobrecimiento de amplios sectores del país”.

 

Estos elementos que menciona el escrito son justificables, sobre todo considerando la postura de la pequeña burguesía que defiende Dalmau. Sin embargo, muchas de sus premisas parten de una incomprensión de las leyes generales que rigen la economía capitalista en su época imperialista, que tienen incidencia en sus conclusiones sobre la naturaleza de la problemática, así como en las soluciones que propone a nivel particular. El atribuirle decisiones económicas y fiscales al gobierno del territorio basadas exclusivamente en estos datos inflados es sobreestimar el papel de los técnicos que asesoran tanto al legislativo, como al ejecutivo en estos temas.

 

Tomemos primeramente el uso de estos datos fatulos para justificar la emisión de deuda a través de COFINA. Existen otras relaciones y factores externos que ejercen mayor poder sobre las decisiones que toma el gobierno, como el sector bancario y financiero. Hemos informado sobre el esquema de sobre endeudamiento que jugaron varios bancos, como Santander y el Popular, quienes infiltraban ejecutivos en instancias gubernamentales, como el BGF, “asesorándolos” a emitir y comprar deuda bajo condiciones altamente riesgosas. Estas emisiones no se basaban en los datos inflados sobre el consumo al detal, sino que formaban parte de un entramado para ampliar las operaciones de estos bancos y a la misma vez, mantener de forma ficticia una calificación alta de los bonos del territorio.

 

En el caso de COFINA que menciona Dalmau, este hace referencia por ser una instancia emisora de deuda “extraconstitucional” cuya fuente de repago es el IVU. Sin embargo, las emisiones de bonos que se hicieron entre 2006 y 2012 contra los ingresos del IVU se realizaron para elevar la capacidad de endeudamiento del territorio para mantener sus operaciones con “normalidad”. Es decir, no como una métrica para calcular emisiones destinadas a aspectos específicos de la economía. Esas emisiones se realizaron bajo condiciones de “alto riesgo”, y se caracterizaron como bonos de revalorizaciones de capital y capitalización de intereses. Los bonos de revalorización de capital son instrumentos a largo plazo donde el deudor no paga intereses ni principal hasta su vencimiento, resultando en deudas tan onerosas que requieren otro préstamo. Aquí entra la capitalización de intereses, que no es otra cosa que tomar prestado para pagar préstamos previos. Fue la propia dinámica externa de un ámbito financiero cada vez más necesitado de ampliar su expansión la verdadera razón de esas emisiones.

 

Sobre su alegato de que estos datos inflados sobre el consumo propiciaron a su vez, la proliferación de centros comerciales para las megatiendas extranjeras, demuestra nuevamente su incomprensión de las leyes que rigen la competencia capitalista. El senador Dalmau olvida que el periodo de la “sana y libre competencia” que añora la pequeña burguesía en Puerto Rico es cosa del pasado lejano. La época del imperialismo (es decir, el presente) se caracteriza por la predominancia de los monopolios, y en el caso de estas megatiendas, emporios dirigidos a la venta al detal. Monopolios como Walmart y Walgreens por citar algunos han ampliado en años recientes sus operaciones al punto de haber arruinado y arrinconado a un gran sector del pequeño comercio al detal.

 

A esta competencia en extremo desigual, se suma el factor del papel del gobierno federal, en llevar una política de favorecer la penetración estos monopolios en el mercado del territorio, como vía para que puedan exportar capitales y ampliar sus mercados más allá de sus fronteras en los EEUU. Esto sin hablar del tipo de empleo precarizado que producen estos establecimientos, y que los representantes de la pequeña propiedad alegan son más los puestos de trabajo que se pierden que los que crean. Planteamiento curioso cuando este sector de la pequeña burguesía ha sido un entusiasta impulsor de la reforma laboral aprobada por Rosselló. Estos cierres de megatiendas proyectados para este año, y la destrucción de medios, pérdida de empleos, el cierre de pequeños comercios, todos representan la lógica de la competencia capitalista en la etapa actual y no una maquinación insensible de determinados capitalistas contra de los habitantes del territorio. Con estas aseveraciones, demuestra el senador Dalmau una vez más su postura anti histórica de dar marcha atrás a la rueda de la historia para volver a una etapa del capitalismo que ya desapareció.

 

Ante este panorama ¿qué propone el senador Dalmau para revertir la situación? El mismo refrito de siempre, aumentarle los impuestos las empresas foráneas. Esta “solución” está completamente fuera de las manos del gobierno del territorio ya que les aplica una ley contributiva específica diferente a las empresas extranjeras. El aumento del 4% que logró el infame Luis Fortuño se dio en un contexto de negociación con el Departamento del Tesoro y los representantes de estas empresas, escenario poco probable cuando esa tributación vence el próximo año y no existe ambiente en el congreso para ampliar esa medida.

 

Entre las virtudes de esta propuesta nos menciona que pueden “generar puestos de trabajo permanentes, lo que produce efectos multiplicadores en nuestra economía y genera eslabonamientos en otros sectores productivos, como las finanzas, servicios y la transportación”. Esta aseveración representa un gran error desde la perspectiva económica. Desde una perspectiva económica, cuando nos referimos a eslabonamiento nos referimos a enlazar diversos núcleos productivos orientados hacia un mismo renglón. Por ejemplo, una industria de alimentos enlatados estaría eslabonada por fincas donde se producen los alimentos, plantas procesadoras de los alimentos, plantas que fabrican los envases y lo que serían las redes para distribuir esas mercancías. En ese sentido, colocar los sectores financiero y de servicios como parte del sector productivo resulta en un gran error de economía, que definitivamente afecta no solo su visión sobre hacia dónde dirigir la economía del país, sino también en la táctica política del sector que representa.

 

Peor aún, nos habla de empleos “permanentes” pero no menciona bajo qué condiciones. Siquiera una crítica velada a las condiciones actuales bajo la reforma laboral, lo que nos hace sospechar que en ese respecto hay un acuerdo explícito con la burguesía de mantener a raya a la clase trabajadora con salarios bajos y escasos beneficios marginales.

 

Este breve análisis es una muestra más de que ninguna clase que no sea la clase obrera tiene nada que ofrecernos a las masas trabajadoras. Por más que nos hablen de mejorar y planificar la economía, de poner a pagar más impuestos a los grandes capitalistas, de conseguir puestos de trabajo, no pueden proveer soluciones a nuestros intereses y necesidades. Son nada más que paliativos que pretenden reconfigurar y mantener el capitalismo en nuestro país. Solo con nuestra organización independiente para la lucha por el poder político, y con un control firme de una economía socialista planificada, podremos comenzar a salir del enorme caos social que ha causado el régimen capitalista en el territorio.

 

¡Organicemos consejos obreros!

¡Comunismo o barbarie!