Indultado el infame racista Joe Arpaio

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por Ismael Castro

El indulto del ex sheriff del condado de Maricopa en el estado de Arizona, Joe Arpaio, es otra señal de la precipitada erosión de las normas democráticas en EEUU.  Joe Arpaio se hizo notorio a mediados de los 2000 por su persecución salvaje de inmigrantes, principalmente de origen latinoamericano, a través del condado sureño de Arizona donde sirvió cinco términos como sheriff.  Entre las muchas acusaciones en su contra se destacan la corrupción, el abuso de poder y la mala conducta profesional, además de las prácticas discriminatorias las cuales lo convirtieron en una figura reconocida a nivel nacional.  Arpaio fue convicto el julio pasado por desacato después que un juez le ordenara desistir de sus persecuciones de la población latinoamericana y personas de origen latinoamericano en su cruzada antiinmigrante.  Al momento del indulto por Trump, Arpaio enfrentaba una condena de seis meses de cárcel.  El acto de Trump no sólo representa un cambio radical en las normas presidenciales alrededor del indulto, sino también un esfuerzo consciente para movilizar a las fuerzas más reaccionarias dentro de la sociedad estadounidense.

 

El historial de prácticas abusivas y discriminatorias llevadas a cabo por Arpaio es largo.  Entre las infamias asociadas con Arpaio durante sus casi 25 años como sheriff, se incluyen el uso indebido de fondos públicos, la negligencia profesional específicamente relacionada con casos de agresión sexual incluso aquellos que involucran a víctimas menores, la manipulación de elecciones y el patrón sistemático de suspensiones prematuras de investigaciones criminales por el departamento bajo su mando.  Sin embargo, fueron las condiciones infrahumanas de las cárceles administradas por el departamento del sheriff bajo Arpaio además de sus persecuciones de inmigrantes que lo convirtieron en figura infame nacional.

 

Varios casos legales resaltan los abusos y violaciones de derechos constitucionales de presos, muchos de los cuales en confinamiento previo al juicio, que fueron llevados a cabo por el departamento del sheriff bajo Arpaio.  Estos incluyen la negativa de proveer atención médica básica y la oferta de comida previamente desechada a los reos además del restablecimiento de cadenas de presidiarios (chain gangs), incluso de adolescentes y mujeres, para realizar el trabajo forzoso han sido bien documentados.  Además de estos abusos, Arpaio estableció y mantuvo durante más de una década una ciudad de tiendas de campaña para alojar a presos, la cual él mismo describió como un campo de concentración.  En varias ocasiones, y con temperaturas que excedían los 118° F, estas condiciones, y otros abusos más, fueron denunciados por organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional.

 

En cuanto a su persecución de inmigrantes, Arpaio llevó a cabo este esfuerzo con particular celo.  Bajo la égida de la Sección 287 (g) del Acta de Inmigración y Nacionalidad, Arpaio organizó patrullas para “barrer” los barrios latinos, las empresas en las que trabajaban muchos obreros latinos y las áreas en donde se congregaban “jornaleros” en busca de empleo – estilo chiripeo – con el propósito de detener y deportarlos.  Estas patrullas anti inmigrante se extendieron al perfilado sistemático de los latinos por policías, particularmente durante paradas de tráfico.  El caso de Manuel De Jesús Ortega Melendres, un ciudadano mexicano en Arizona como turista quien fue detenido durante nueve horas como parte de una parada de tráfico en 2007, se convirtió en un pleito colectivo debido al gran número de personas que denunciaron casos similares.  Dicho caso eventualmente resultó en una investigación del Departamento Justicia federal en la que se determinó que había un patrón sistemático de perfilado racial dentro del departamento del sheriff dirigido por Arpaio.

 

En su anuncio del indulto, Trump caracterizó la carrera de Arpaio como una de “admirable servicio a la nación.”  Al apartarse de las normas anteriores, Trump hizo un llamado explícito a las fuerzas más xenófobas y políticamente retrógradas dentro de la sociedad estadounidense durante un discurso, estilo campaña electoral, que ofreció al principio de esta semana, el cual precedió al indulto de Arpaio.  Es cada vez más claro que Trump representa el sector dentro de la clase dominante estadounidense dispuesto a llevar a cabo una política consciente para movilizar a las fuerzas más reaccionarias, las cuales incluyen elementos abiertamente fascistas, como contrapeso a la oposición masiva que ha surgido a raíz de sus políticas.  El indulto de Arpaio envía el mensaje claro de que las fuerzas más reaccionarias de la sociedad pueden actuar con impunidad ya que la clase capitalista ha abandonado toda pretensión de adherirse a las normas democráticas o de proyectar incluso la semblanza de liderato “moral”.

 

Los trabajadores deben oponerse a todas las formas de racismo y xenofobia además de los ataques antiinmigrante con un disciplinado programa de internacionalismo socialista.  El ascenso fascista dentro de múltiples potencias capitalistas requiere la reorganización inmediata de la clase trabajadora para la conquista del poder político.  Los trabajadores no pueden hacerse de ilusiones.  A pesar de las diferencias menores sobre táctica o “estilo”, la clase capitalista en su conjunto está comprometida con llevar a cabo las políticas más reaccionarias.  Los llamados a los elementos supuestamente “liberales” dentro de la clase capitalista son inútiles.  Los trabajadores mismos, armados con la conciencia socialista, deben luchar para arrebatarle el control político a los capitalistas y sus matones como Joe Arpaio.