Detrás del auge actual del mercado de valores

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Por Carlos Borrero

El ascenso meteórico del Dow Jones, que superó los 22.000 por primera vez hace dos semanas, ha dado al charlatán de la Casa Blanca algo de qué “echárselas”.  Sin embargo, al igual que con el mismo Trump, el desempeño del mercado de valores en los últimos meses no es más que una ilusión.

 

En una reciente audiencia ante el comité de la banca del senado estadounidense, el vicepresidente de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés), Thomas Hoenig, hizo unas declaraciones asombrosas debido a su honestidad.  Este regulador de la banca estadounidense destacó que los más grandes bancos holding, es decir, bancos tenedores de otras instituciones bancarias, han retenido miles de millones de dólares – según la transcripción de su ponencia, 99% de sus ingresos netos o 5% del producto interno bruto (PIB) de la economía estadounidense – para el pago de dividendos a accionistas y la recompra de acciones.   El efecto de “tales distribuciones masivas de capital”, según Hoenig, “no provee ninguna base para su futuro crecimiento que beneficiaría nuestra economía nacional.”

 

Se preguntará, ¿por qué los bancos y las corporaciones más grandes están llevando a cabo esta práctica de pagar dividendos y recomprar acciones en una escala tan masiva?

 

Pues, ambas actividades alimentan el fenómeno del descomunal alza bursátil que se está atestiguando.

 

La compensación de los ejecutivos bancarios y corporativos depende en gran medida del precio de las acciones correspondientes de su empresa.  En este sentido, la recompra de acciones en el mercado de, digamos Goldman Sachs, por el mismo banco tiene el efecto de subir el precio de cada acción.  Lo mismo sucede cuando una empresa desembolsa dividendos a los tenedores de acciones, pues a otros inversionistas les interesan más comprar las acciones de dicha compañía.  En el caso de los bancos, ese dinero dirigido al pago de dividendos o la recompra de acciones, significa menos dinero para prestar a pequeños negocios o para hipotecas nuevas.  De esta manera, y muy contrario a la situación para los grandes bancos, el crédito para las masas sigue ‘oneroso’ ya que las tasas de interés para los préstamos personales, estudiantiles y las tarjetas de crédito se mantienen elevadas.  En el caso de las empresas tradicionales significa menos dinero para la inversión productiva – nuevas fábricas, la contratación de nuevos trabajadores, el empleo de nueva tecnología, etc.

 

Esta actividad, que representa junto con las fusiones y adquisiciones (Mergers and Acquisitions) lo que llamamos el parasitismo económico, permite a los ya ricos hacerse aun más ricos, como bien señaló el Sr. Hoenig, sin siquiera rendir ningún beneficio para el resto de la economía.  Se “crea” riqueza en los mercados bursátiles, no mediante el empleo de una combinación del trabajo y el capital fijo como la maquinaria y el equipo, para producir artículos tangibles, sino a través de la manipulación de títulos de papel.  Y esto se ha convertido en el rasgo común del capitalismo contemporáneo, particularmente dentro de los países más avanzados como EEUU.

 

La última subida en el mercado de valores, alimentada por las políticas gubernamentales que proporcionaron a los bancos y corporaciones más grandes dinero “gratuito” en forma de “préstamos” con un interés de 1% o menos, es sin dudas una burbuja.  Pero la recurrencia acelerada de las burbujas bursátiles apunta a la decadencia general del capitalismo.  Es un modo de producción en el que la producción de la riqueza material en los centros económicos es ahora secundaria a actividades parasitarias en que la “riqueza” es “producida” mediante una redistribución de los títulos a la riqueza.

 

En el análisis final, el creciente parasitismo que caracteriza al modo de producción capitalista apunta a su declive histórico.  Lo que falta, sin embargo, es que la fuerza social destinada a enterrar el actual sistema económico moribundo, la clase obrera, se haga consciente de su responsabilidad histórica.  Hacer conscientes a los trabajadores de esto es la tarea a que nos dedicamos los comunistas.