Sigue la contracción de la economía en el territorio

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Es una gran mentira capitalista de que el pobre es pobre porque no quiere trabajar

Por Ismael Castro

La Junta de Planificación hizo público esta semana un informe titulado Índice Coincidente de Actividad Económica (ICAE) en el que resalta la merma en el trabajo manufacturero dentro del territorio.  Según el informe, la nómina en la manufactura se redujo en un 7.3% durante el primer trimestre del año corriente en comparación con el mismo período del 2016.  Tal reducción forma parte de una tendencia a largo plazo.  El informe también resalta que, entre otros indicadores, el empleo asalariado no agrícola ha bajado en 1% durante el mismo período.  De los once indicadores que recoge el ICAE, sólo las ventas al detal experimentaron un alza (7.9%), fenómeno que corresponde al creciente endeudamiento de los individuos en el territorio.  De las conclusiones que los analistas de la Junta de Planificación sacaron de los datos contenidos en el informe se destaca el estancamiento de varios sectores económicos tales como la manufactura y la construcción.  Según el informe, únicamente el turismo ha reflejado un crecimiento dentro de la economía local.

 

Estos datos no sorprenden a aquellos que se ven cada vez más obligados a abandonar el territorio en busca de trabajo.  Sin embargo, son claves para entender los verdaderos motivos detrás de las reformas laborales que se han llevado a cabo recientemente en Puerto Rico.  Es evidente que las únicas condiciones bajo las cuales los capitalistas aceptarán cualquier inversión productiva significativa en el territorio son aquellas en las que la tasa de explotación experimenta un aumento dramático.  Es decir, las opciones que se les presentan a las masas trabajadoras pueden resumirse como: o someterse a salarios de miseria y la eliminación de beneficios marginales, o abandonar el país para buscar trabajo en otro lado.  La más reciente ‘reforma laboral’ que está siendo llevada a cabo por la actual administración tiene el objetivo de normalizar las nuevas condiciones de la súper explotación del trabajo.

 

La merma en la manufactura puertorriqueña no puede más que reflejar la tendencia general que caracteriza la economía estadounidense a la que están integrados los principales renglones de la vida económica territorial.  En EEUU la manufactura ha sufrido un declive constante durante varias décadas.  Por ejemplo, el más reciente informe sobre el empleo emitido por el Buró de Estadísticas Laborales (BLS por sus siglas en inglés) para mayo mostró otra pérdida en el número de trabajos manufactureros.  Este más reciente declive se debe en gran parte al desplome de las ventas de automóviles en EEUU, el cual ha durado cuatro meses consecutivos, y que ha provocado a compañías como GM y Ford a anunciar despidos de trabajadores aun cuando gozan de ganancias multimillonarias desde que fueron ‘rescatadas’, además de la disminución a largo plazo de empleos dentro de industrias como la siderúrgica, que se estima en un 35% durante los últimos 15 años.  Esta reducción en el número de empleos manufactureros ha sido acompañada por una congelación de salarios en los mismos sectores a través de las últimas tres décadas.

 

A pesar de los enormes avances en la capacidad productiva, el capitalismo moderno se ha ido orientando cada vez más hacia el parasitismo.  En otras palabras, la principal fuente de ganancias en los centros del mundo capitalista se derivan cada vez más de la actividad especulativa en lugar de la producción de bienes tangibles.  La sociedad puertorriqueña, que combina elementos de una economía capitalista avanzada y atrasada dentro de un área geográfica relativamente pequeña, es particularmente susceptible a las consecuencias desastrosas de la actual fase del desarrollo capitalista.  Esto se manifiesta más claramente en los niveles extremos de desempleo y dependencia económica, así como en todas las consecuencias sociales que éstos producen.

 

En el contexto de una reducción masiva de la fuerza laboral vinculada al aparato gubernamental en Puerto Rico, ninguna cantidad de inversión extranjera directa será suficiente para resolver el problema del desempleo sin una reducción extrema en el nivel de vida de la clase obrera.  Sin embargo, tal situación sería intolerable para una clase obrera acostumbrada a los elementos modernos de la cultura y templada por generaciones de lucha para lograr un nivel de vida relativamente alto.

 

Si Puerto Rico va a revertir el profundo declive económico en que languidece y lograr el deseado grado de desarrollo económico real y sostenido, sólo será posible como parte de una transformación socialista.  Sólo una economía liberada de las trabas de la ganancia capitalista podrá poner en funcionamiento los enormes avances en la capacidad productiva social en nombre de la mayoría.  Esta conclusión, aunque no reconocida por los ‘peritos’ de la Junta de Planificación, se desprende de los hechos de su investigación.