Se intensifica la asonada golpista en Venezuela

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Los "güarimberos" de la derecha prenden en fuego a una persona durante manifestaciones.

Por Rogelio Acevedo

Por las pasadas semanas las masas latinoamericanas y del mundo ven con mayor preocupación la agudización de la lucha de clases en Venezuela.  Ayer varios diarios latinoamericanos “conmemoraron” los 100 días del inicio de las llamadas protestas en Venezuela. Los medios de prensa de la burguesía latinoamericana, bajo un aparente tono de preocupación, están jubilosos de que por fin ha ganado tracción la táctica guarimbera y han logrado extender en calidad y cantidad, las acciones desestabilizadores a lo largo y ancho del país suramericano.

Ciertamente, la intervención de los servicios de inteligencia del imperialismo de proveer armas, financiamiento, asesores militares, cobertura mediática a nivel internacional, han creado un clima de ruptura constitucional cada vez más palpable. No cabe duda que, desde nuestro último informe, la situación ha experimentado una serie de saltos cualitativos y cuantitativos que auguran el aumento de las acciones desestabilizadores de los fascistas. El continuo descenso del precio del barril de crudo, la interrupción en la distribución y acaparamiento de artículos de primera necesidad por parte de la burguesía, están creando el caldo de cultivo para el descontento popular. Encima, algunas casas acreditadoras han aumentado la presión sobre el gobierno degradando su clasificación crediticia, lo que le cierra el acceso al mercado de capitales.

Los fascistas han intensificado sus acciones desestabilizadoras, como fue el caso del sujeto Oscar Alberto Pérez, quien se apropió de un helicóptero artillado de la base Francisco de Miranda en las afueras de Caracas, con el cual ametralló la sede del tribunal supremo de justicia.  Esta acción fue en represalia por el papel que ha asumido ese tribunal en defensa del ejecutivo por numerosos conflictos con la Asamblea Nacional, controlada por la oposición. Aunque se vincula esta acción a la CÍA, resulta más que evidente la colaboración de sectores del ejército en esta acción. El sujeto no ha sido capturado por las autoridades y se presume está bajo la protección de sectores poderosos dentro del país.

También ha dado “impulso” al avance de la oposición la reciente excarcelación de uno de sus más emblemáticos dirigentes Leopoldo López, quien había sido encarcelado en 2014 por incitar a la violencia contra el gobierno. Este fue un intento del gobierno de acercar los sectores más radicales de la oposición a una postura de diálogo, los cuales hasta el momento no han dado resultados en esa dirección. Aunque el aparente aumento en la participación de sectores desposeídos en las acciones de desestabilización todavía resulta en un número insignificante, este criterio de valoración por sí solo resulta muy superficial.

Lo que debe destacar en el análisis desde la perspectiva de los intereses de la clase obrera es la incapacidad de los dirigentes del PSUV de proveer orientación política y organizativa a las masas para enfrentar la agresión del imperialismo. A medida que se profundiza y extiende el conflicto, las tácticas fascistas se han vuelto más audaces, mientras que los sectores de la pequeña burguesía que dirigen el Estado se muestran en ocasiones arrinconados y desorientados.  Más bien han asumido una actitud conciliatoria, atrincherándose en la institucionalidad estatal, convocando a una anacrónica consulta para reformar la constitución vigente pautada para el 30 de julio. Organizan asambleas de trabajadores, no para la lucha política, sino para “enriquecer el texto de la constitución”. Como contrapropuesta la fascista Mesa de Unidad Democrática (MUD) ha convocado el 16 de julio un plebiscito simbólico en rechazo a la consulta para la constituyente.

El más reciente episodio de desesperación que escenificó el PSUV fue el “asedio” de la asamblea nacional donde partidarios gubernamentales apalearon a representantes de la oposición. Este acto, aparte de que no aportó en nada al desarrollo de la conciencia política de las masas, sí contribuyó precisamente a reiterar la poca fe que tienen los dirigentes del PSUV en la clase obrera para luchar organizada y conscientemente contra el fascismo.

En contraposición al PSUV, los sectores revolucionarios de la clase obrera, organizados en el Partido Comunista de Venezuela (PCV) junto a otras organizaciones de masas como el Frente Nacional de Lucha de la Clase Obrera (FNLCO) han participado de una forma crítica dentro del proceso bolivariano. Durante todos esos años han concentrado su táctica en darse a la tarea de fortalecer las bases organizativas, y sobre todo la formulación de política independiente del proletariado. Estas organizaciones han llevado una lucha tenaz por el mejoramiento de las condiciones de la clase obrera, como fue la aprobación a regañadientes por parte de los ministros del PSUV de la Ley Orgánica del Trabajo (LOTT), la organización de consejos de trabajadores en las fábricas, entre otras.

Aunque han logrado establecer al Partido y a la clase obrera como actor político, todavía no están maduras las condiciones para la toma del poder, considerando la actual correlación de fuerzas, el nivel de conciencia y de organización de las masas obreras. Sin embargo, estos sectores revolucionarios han estado siempre muy conscientes de su papel en este proceso y han trabajado consecuentemente para ello, aun cuando asoma una campaña de ilegalización promovida por el mismo gobierno. Recientemente el PCV celebró su 15to Congreso donde entre otros importantes lineamientos políticos, presentó a las masas trabajadoras la propuesta de conformar un Frente Popular Antiimperialista y Antifascista para luchar contra el avance del fascismo.

El ejército: ficha clave para la conquista del poder

En apariencia parecería que la táctica de los fascistas es provocar “una ruptura constitucional” que alcance un grado de inestabilidad agudo que provoque la intervención extranjera. Sin embargo, los fascistas saben que, como “representantes del pueblo”, no pueden proyectarse abiertamente como traidores y que una acción de ese tipo desmantelaría su recién creado “prestigio”. La batalla que se libra por ambos bandos, la burguesía criolla fascista, por un lado, y la pequeña burguesía liberal del PSUV por el otro, es por el control del ejército. Ambos bandos luchan desesperadamente por atraerlo hacia su campo. Los liberales del PSUV por mantenerlo fiel a la institucionalidad de la V República, mientras que la burguesía fascista quiere agudizar las condiciones de inestabilidad para que el ejército se movilice a favor de la “restauración del orden”. Es decir, para reconquistar plenamente el poder político.

Un factor que, por el momento, ha galvanizado el apoyo de los cuerpos armados al proyecto bolivariano ha sido que, muchas de las acciones de los guarimberos han sido dirigidas contra policías y otros destacamentos. Habrá que observar si se profundiza una fractura entre la oficialidad y los soldados por la presión de la burguesía, o si por el contrario mantienen la cohesión durante esta etapa de la lucha. Lo que está claro es que, en esta guerra, los fascistas han logrado quitarle y mantener la iniciativa al PSUV y cuando un ejército pierde la iniciativa, solo es cuestión de tiempo para que llegue la derrota. No es posible bajo ningún concepto ganar una guerra basando las operaciones solo en tácticas defensivas. Para que un ejército obtenga la victoria es preciso que mantenga la iniciativa.

Mientras todos estos eventos se desdoblan, las masas obreras corren el peligro de quedar atrapadas a merced de las luchas entre sus dos clases enemigas. A la misma vez observan con perplejidad la fragilidad del proyecto reformista de los liberales y cómo se viene abajo sin una solución inmediata en el horizonte para enfrentar la situación. De la misma manera saben que mientras se recrudece la lucha por el poder, servirán como carne de cañón y como víctimas de este conflicto, del que si triunfan los fascistas definitivamente llevarán la peor parte. En ese sentido, gana mayor importancia para los trabajadores del mundo el reto que tiene el PCV de continuar fortaleciendo a la clase obrera para los duros combates que le esperan y prepararla para la conquista del poder político.

Este proceso reitera los ejemplos históricos que demuestran una y otra vez que solo la clase obrera en el poder político podrá, no solo aplastar la resistencia de la burguesía y sus aliados, sino también, defender sus conquistas para mejorar sus condiciones de vida.