Provocaciones militares y disputas comerciales: signos claros de la ruptura del orden capitalista actual

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Aumenta la amenaza de guerra en Asia

Por Carlos Borrero

El jueves pasado dos bombarderos B1-B estadounidenses sobrevolaron junto con cazas japoneses el espacio aéreo de la disputada isla de Senkaku – Diaoyu en chino – en otro acto de clara provocación dentro de la zona del Mar del sur de China.  Dicho acto fue seguido por otro, aun más provocador, el sábado cuando otros bombarderos lancer estadounidenses participaron con cazas surcoreanos en un ensayo de ‘fuego vivo’ dentro de una zona de tiro en la provincia Gangwon en el este de Corea del sur.  Según las fuerzas aéreas surcoreanas, el ensayo fue una simulación de un ataque contra un lanzador de misiles.  Tal ensayo fue una respuesta al lanzamiento de prueba de un misil balístico intercontinental por los norcoreanos la semana pasada.  Ambos despliegues de belicismo estadounidense se llevaron a cabo para coincidir con la cumbre del G20 en Hamburgo, reunión internacional plagada de contradicciones cada vez más intensas entre las potencias capitalistas y un despliegue masivo de las fuerzas represivas alemanas contra las oposición popular.

              Despliegue masivo de fuerzas policiales en Hamburgo

La escalada de estas provocaciones es un signo claro del intento del imperialismo estadounidense de usar la ventaja que le queda por el momento, su poderío militar, para compensar por la pérdida relativa de su dominio económico en el mundo durante las últimas décadas.  Además de la acumulación naval en el Pacífico y la ocupación militar de varios países desde el sur de Asia hasta el Oriente Medio, el imperialismo estadounidense también ha ampliado el despliegue de unidades del ejército en los países bálticos y Polonia.  Esta enorme acumulación de fuerzas militares estadounidenses se ha centrado en el cercamiento total de la masa territorial eurasiática.  Toda la discusión alrededor del comercio internacional, la cual se ha intensificado desde la ascensión a la presidencia de Donald Trump, refleja la realidad de que el capital de países competidores como China, Alemania y Japón ha ido desplazando al de EEUU en muchos mercados internacionales.

 

Cabe destacar los acuerdos comerciales firmados entre el capital europeo y asiático que tuvieron lugar en los días previos a la cumbre del G20.  Mientras la prensa en EEUU sigue enfocado casi exclusivamente en el escándalo de la interferencia rusa en las elecciones estadounidense, como si la administración de Trump fuera la única corrupta, se firmaron un acuerdo valorado en $23 mil millones entre China y la Unión Europa y otro de libre comercio entre Tokio y Bruselas.  Ambos ejemplos resaltan la creciente disposición de “antiguos aliados” a trazar cursos que no sólo son independientes sino también antagónicos.  De hecho, la complicada y contradictoria red de maquinaciones que caracterizó la más reciente cumbre del G20 ha sido una confirmación irrefutable de la afirmación leninista de que entre las potencias capitalistas todas las “alianzas pacíficas preparan el terreno para las guerras y, a su vez, surgen de las guerras“.  Bajo el capitalismo, los períodos de paz no son más que un preludio de la guerra.

                     Europa reorientando su comercio hacia Asia

Los conflictos económicos entre China y Estados Unidos están bien documentados.  Sin embargo, el que el capital europeo esté cada vez más dispuesto a entrar en conflicto con EEUU también se ha hecho realidad tanto en el campo comercial como el militar.  Por ejemplo, ante la muy real posibilidad de que EEUU imponga aranceles contra el acero y el aluminio importados, una movida nominalmente dirigida a China, Bruselas ha declarado su intento, en las palabras del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, de “tomar armas si fuera necesario”.  Estas palabras no deben tomarse como retórica hueca de parte de los europeos pues hacen eco a declaraciones hechas hace poco más de un mes por la canciller alemana en las que aludía a la creciente brecha en la alianza transatlántica.  Los últimos años han sido testigo de unos esfuerzos consistentes para reorganizar las fuerzas de defensa europeas, particularmente bajo el mando de la bundeswehr alemán.  Alemania en particular, ha ido reorientando sus relaciones comerciales y económicas hacia la profundización de vínculos con países como China y Rusia en otra señal de que el centro de gravedad en el capitalismo mundial se está cambiando.

Mientras la administración de Trump recurre al proteccionismo…
se forjan nuevas alianzas capitalistas.

Nada de esto debe entenderse de que dentro de esta compleja red de rivalidades y conflictos cada vez más intensos entre los potencias capitalistas existan fuerzas “progresistas” con las cuales las la clase obrera o las naciones colonizadas directamente por el imperialismo deben de alinearse.  Las clases dominantes dentro de las potencias capitalistas representan una masa reaccionaria.  Incluso el postureo liberal de figuras como Angela Merkel y Emmanuel Macron, que se han posicionado como contrapesos de Trump, es completamente falso.  El brutal despliegue de una fuerza policial militarizada en Hamburgo durante la cumbre fue otro recordatorio de que el Estado capitalista, incluso bajo la “iluminada” Merkel, no es más que un órgano para aplastar la oposición de las masas populares a los dictados de la clase capitalista.

Protestas en Hamburgo

La intensificación de esta combinación de provocaciones militares y conflictos comerciales es un presagio de que las potencias capitalistas pronto recurrirán a la guerra entre sí para el reordenamiento del mundo.  Esto presenta graves peligros, no sólo para las masas trabajadoras, sino para toda la humanidad.  Cada vez más, la cuestión de la revolución proletaria se presenta como una de la supervivencia de la humanidad; algo que sólo la toma del poder y la superación completa de las relaciones capitalistas por la clase obrera internacional pueden garantizar.  Ahora, más que nunca, los caminos que se perfilan ante la humanidad pueden resumirse en comunismo o barbarie.